Imaginemos una situación en la palestra internacional, que ya se había repetido en numerosas ocasiones en la historia de la humanidad: el mundo se encuentra al borde de un enfrentamiento global entre los dos bloques enemigos, con más que un probable desenlace en una guerra mundial. Recordemos cómo surgieron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las “crisis del caribe (misiles en Cuba)”, y algunos otros acontecimientos parecidos. Un simple conflicto de intereses entre dos o tres países, acababa transformándose en una gran guerra mundial, con la participación de decenas de países implicados, o estaba a punto de estallar un enfrentamiento armado global, pero fue frenado en el último momento por una audaz gestión diplomática.
Sigamos imaginando. Un país, militarmente poderoso, a los ojos de todo el mundo se está preparando para atacar a su vecino con menos potencial bélico, pero al que están ayudando otros países con un suministro de armamento y el envío de “especialistas” en asuntos militares. Y cuando ya está a punto de empezar la agresión, en el momento de la máxima tensión, uno de sus generales está haciendo un llamamiento a su Comandante en Jefe, en nombre de muchos oficiales colegas suyos, para que abandone la idea de agredir a su país vecino, advirtiéndole de las nefastas consecuencias que esta aventura militar podría tener para el propio agresor.
Imaginemos también que este llamamiento del general hace reflexionar a su más alto jefe militar y a la vez el presidente del país, y él desiste de su plan inicial y da órdenes de retirada y de desmovilización de sus tropas preparadas para el ataque, comenzando, al mismo tiempo, las negociaciones políticas y diplomáticas con todas las partes implicadas en el conflicto para evitar el enfrentamiento armado generalizado.
¿Evitaría el general con esta actuación, aunque fuera en un caso hipotético y de “ficción”, una nueva guerra mundial?
Creo que sí. Más aún, ya estamos viviendo la reproducción de una parte de esta “ficción” en nuestra realidad, hoy mismo, en estos precisos momentos.
Hace muy pocos días, un general retirado del ejército ruso, hizo un llamamiento a su Comandante en Jefe, que habita en el Kremlin de Moscú (Rusia) y cuyo nombre es Vladimir Putin, de no agredir al “hermano” país vecino, Ucrania. El general se llama Leonid Ivashov.
Él empezó su brillante carrera militar en la época soviética, cuando la totalitaria URSS, una potencia militar del primer orden, estaba amenazando al mundo libre y democrático con propagar el sistema comunista al resto del planeta, utilizando, en caso necesario, su ejército y todo el poderío militar. Siendo entonces un oficial de mucho menos rango, Ivashov participó en la invasión de las tropas soviéticas en Checoslovaquia, en agosto de 1968, que acabó con la “Primavera de Praga”. Luego prosiguió su exitosa subida en el escalafón castrense en la época de Gorbachov, cuando accedió al generalato, y luego en la época de Yeltsin, dedicándose a las relaciones militares internacionales. Y, curiosamente, este general, procedente del temido ejército soviético, está llamando ahora a su Comandante en Jefe, para que no acuda a las armas para resolver sus ambiciones políticas.
Tengo que subrayar, que el general Ivashov no es un militar de alto rango “cualquiera”. Aunque esté retirado, desde hace muchos años encabeza una “Asociación de los Oficiales de toda Rusia”, un órgano que agrupa a miles y miles de oficiales del ejército – antes de la URSS y hoy en día de la Federación Rusa (Rusia) – quienes siguen manteniendo una relación muy directa con el estamento militar actual y conocen como nadie el verdadero estado y el “espíritu” que reina en las fuerzas armadas de Rusia.
Por otro lado, el general Ivashov es el Vicepresidente de la “Academia de Problemas Geopolíticos”, es profesor de la “Academia de Ciencias Militares” y también es Doctor en Ciencias Históricas. O sea, es un general intelectual, experto en estrategia y “diplomacia militar”. De hecho, en octubre de 1996, fue nombrado Jefe de la “Dirección General de la Cooperación Militar Internacional” y, durante cinco años, estuvo trabajando con los organismos militares de los países de todo el mundo (visitó 58 países), incluidos los de la OTAN y los ministerios de defensa de las principales potencias occidentales, obteniendo una amplia y valiosa información acerca de los potenciales bélicos de estos bloques y países.
El general Ivashov tiene fama de ser un hombre duro, de principios, un patriota hasta la medula, un incansable defensor del aumento del poderío bélico de su país y, por tanto, un severo crítico de las autoridades civiles por la insuficiente financiación del ejército y de la industria militar por parte del Estado, lo que, según él, pone a Rusia en condiciones desiguales en comparación con las grandes potencias mundiales, principalmente los Estados Unidos y la OTAN. Sus duras críticas al Gobierno dieron lugar a broncas y fricciones con sus superiores castrenses. Algunos de sus colegas le calificaban como un “halcón” dentro de la cúpula militar rusa.
Durante la crisis en Yugoslavia, cuando los aviones de la OTAN empezaron a bombardear la capital de Yugoslavia, sin consultarlo con las autoridades políticas y militares rusas, el general, responsable, como he comentado antes, de la diplomacia militar, rompió “temporalmente”, de un día para otro, todos los lazos que tenía el estamento militar ruso con la OTAN. Adoptó una postura más dura y contundente que la propia administración del Kremlin, por lo que fue criticado por algunos de sus colegas más “diplomáticos”.
Estoy dibujando con todos estos detalles el retrato de nuestro protagonista de hoy, para que el lector pueda valorar mejor el significado de las sorprendentes declaraciones que este general de tres estrellas (general coronel), con conocimientos tan polifacéticos, ha redactado y publicado en forma de un “Llamamiento de la Asociación de los Oficiales de toda Rusia al Presidente de Rusia y a los ciudadanos de la Federación Rusa”.
Quiero advertir que la dureza del tono y la contundencia de los argumentos con que un alto grado militar se está dirigiendo al Jefe del Estado y el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, no tiene precedentes en toda la historia post-Yeltsin
¿Qué dice el general y sus colegas en este llamamiento? Voy a citar textualmente los fragmentos más importantes, sin comentarios, debido a que las palabras de este documento hablan por sí solas.
“Hoy la humanidad está viviendo en espera de una guerra. La guerra significa inevitables pérdidas en vidas humanas, destrucciones, sufrimientos de grandes masas humanas, eliminación del acostumbrado modo de vida, quebrantamiento de los sistemas de actividad vital de los Estados y de los pueblos. Una gran guerra es una gran tragedia… Ha ocurrido que en el centro de esta amenaza catastrófica se encuentra Rusia…
¿Qué está amenazando hoy a Rusia y si realmente existen tales amenazas? Se puede afirmar que las amenazas están a la vista – el país se encuentra al borde del final de su historia. Todas las esferas vitales del país, incluida la demografía, están constantemente degradándose y el ritmo de la mortalidad entre la población rusa está batiendo todos los récords mundiales. La degradación tiene un carácter sistémico…
Y esta es la principal amenaza, según nuestro punto de vista, para la Federación Rusa. Pero esta amenaza tiene carácter interior, que parte del modelo del Estado, de la calidad del poder y del estado en que se encuentra la sociedad. Y las causas de su procedencia son internas: la inviabilidad del modelo de Estado, la total incapacidad y la incompetencia del sistema del poder y de la administración, la pasividad y la desorganización de la sociedad. En tal estado cualquier país no podrá sobrevivir mucho tiempo.
En cuanto a las amenazas externas, estas, indudablemente, existen. Pero según nuestra experta valoración, ellas no son críticas en el momento actual y no amenazan la existencia de nuestro estado y sus intereses fundamentales. La estabilidad estratégica permanece intacta en su totalidad, el armamento nuclear se encuentra bajo un control seguro, las agrupaciones de las fuerzas de la OTAN no experimentan un crecimiento y no manifiestan una actividad amenazante.
Por ello, la situación de tensión que está creciendo alrededor de Ucrania tiene, sobre todo, un carácter artificial, por interés de algunas fuerzas internas, incluida la FR (Federación Rusa). A consecuencia de la desintegración de la URSS, en la que Rusia había tenido una participación decidida, Ucrania se convirtió en un Estado independiente, miembro de la ONU, y, de acuerdo con el artículo 51 de sus estatutos, tiene derecho a la defensa individual y colectiva.
La dirección de FR hasta ahora no ha reconocido los resultados del referéndum sobre la independencia de la DNR (República Independiente de Donbass) y la LNR (República Independiente de Lugansk), por lo cual, a nivel oficial, no sólo una vez, incluso durante el proceso negociador de Minsk, se subrayaba la pertenencia de estos territorios y de su población a Ucrania.
También, no solo una vez se hablaba, al alto nivel, sobre la intención de mantener unas relaciones normales con Kiev, sin mencionar ningún tipo de relaciones especiales con la DNR y la LNR…
Para que Ucrania fuera un vecino amigo de Rusia sería necesario, naturalmente, demostrarle el atractivo del modelo ruso de Estado y su sistema de poder.
Pero la FR no lo consiguió, su modelo de desarrollo y el mecanismo de su política exterior para la cooperación con los pueblos provoca repulsa no sólo a Ucrania sino prácticamente a todos sus vecinos.
Los intentos de obligar a querer a Rusia y a sus dirigentes, a través del ultimátum y las amenazas del empleo de la fuerza, son absurdos y extremadamente peligrosos.
El empleo de la fuerza militar contra Ucrania pondrá, en primer lugar, bajo un interrogante la existencia de la propia Rusia como Estado; en segundo lugar, hará a los rusos y ucranianos enemigos mortales. En tercer lugar, habrá, por una y otra parte, miles de caídos entre los jóvenes, que indudablemente tendrá su consecuencia en la futura situación demográfica en nuestros moribundos países. En el campo de batalla, si esto ocurre, las tropas rusas se enfrentarán no sólo con los militares ucranianos, entre los cuales habrá muchos jóvenes rusos, sino también con los militares y las máquinas de guerra de otros muchos países de la OTAN, y los Estados miembros de la alianza se verán obligados a declarar la guerra a Rusia.
El Presidente de la República Turca, R. Erdogan, ha declarado abiertamente de qué lado va a combatir Turquía. Y se puede suponer que a los dos ejércitos de tierra y marina de Turquía se les ordenará a “liberar” Crimea y Sevastópol y, posiblemente, a irrumpir en el Cáucaso.
Más aún, Rusia, indudablemente, será inscrita en una lista de los países que amenazan la paz mundial y la seguridad internacional, se le aplicará unas duras sanciones y ella será proscrita por la sociedad internacional.
El presidente, el Gobierno, el ministerio de defensa no pueden no comprender tales consecuencias. No son tan tontos.
Surge la pregunta: ¿cuáles son los verdaderos objetivos de provocar una tensión al borde de la guerra, llevando a cabo unas actuaciones militares de grandes dimensiones? Lo confirma el número de efectivos militares que forman parte de las agrupaciones de combate, que cuentan con no menos de 100.000 militares por ambas partes…
Según nuestra opinión, la dirección del país, comprendiendo que es incapaz de sacar el país de una crisis sistémica que puede provocar el levantamiento del pueblo y el cambio en el poder, ha decidido activar, con el apoyo de la oligarquía, de un funcionariado corrupto, de los medios comprados y de los estamentos de fuerza, una línea política dirigida a la destrucción definitiva del Estado ruso…
Y precisamente la guerra es el medio que puede resolver este problema, cuyo objetivo es conservar durante algún tiempo el poder antinacional y guardar las riquezas robadas al pueblo. No podemos ofrecer otra explicación.
Nosotros, los oficiales de Rusia, exigimos al presidente que renuncie a su política criminal tendente a provocar una guerra en la cual la FR se quedará sola frente a las fuerzas unidas de Occidente, y que dimita de su cargo, según el artículo 3 de la Constitución de la FR.
Nos dirigimos a todos los militares retirados y en la reserva, a los ciudadanos de Rusia, con la recomendación de estar atentos, organizados, de apoyar las exigencias de la Asamblea de los Oficiales de toda Rusia, de intervenir activamente contra la propaganda belicista y no permitir un conflicto civil interno con el empleo de la fuerza militar”.
Quisiera hacer sólo dos comentarios.
El primero: el citado “Llamamiento” demuestra, con meridiana claridad, que una gran parte del estamento militar ruso no está apoyando a su presidente en su supuesto intento de resolver sus ambiciones políticas, dentro y fuera del país, con el uso de las Fuerzas Armadas del país. Estoy seguro de que el principal estratega del Kremlin lo sabe perfectamente – para ello tiene un montón de espías infiltrados en el ejército. El que no lo sabía, hasta ahora, es el pueblo ruso, bombardeado por la propaganda oficial en sentido contrario: que el ejército está plenamente preparado para cumplir cualquier orden de su Comandante en Jefe. Pero ahora los ciudadanos rusos saben que no es así y, lo que es más importante aún, saben el porqué. Y la mayoría de la población, entre ella los padres y familiares de aquellos jóvenes que tendrían que morir en el campo de batalla en una guerra injustificada, difícilmente apoyaría a su presidente en una eventual aventura bélica.
El segundo comentario. Hay otra verdad de la que se ha enterado el ciudadano ruso de las declaraciones de sus mejores oficiales: las fuerzas armadas rusas no están capacitadas para realizar una rápida y victoriosa guerra contra un país “hermano” como lo aseguran los medios de comunicación oficiales controlados por el Kremlin. Hay “expertos” militares que están insinuando, en sus intervenciones en las tertulias televisivas o en la prensa escrita, que el poderoso ejército ruso en pocos días y con mínimas perdidas aplastaría el ejército ucraniano y en una semana tomaría la capital Kiev. Y resulta, que según los verdaderos expertos, los firmantes del “Llamamiento” dirigido tanto al Presidente como a los ciudadanos, la guerra, sería todo lo contrario: la guerra implicaría un total desastre para la propia Rusia como país. No es un buen motivo para apoyar al presidente en sus delirios bélicos.
Así que, entre todas las razones, que yo he comentado en mi artículo anterior “¿Por qué Rusia no invadirá Ucrania?” (25.01.22), éstas dos, posiblemente, son las más contundentes para que esto no suceda. Son razones sacadas a la luz del día y a la opinión pública, por un general, considerado “halcón”, pero quien ha hecho una labor digna de una “paloma de la Paz”.