La guerra está durando más de lo que la Rusia de Vladimir Putin se esperaba y no es por otra razón que la heroica defensa de Ucrania que está haciendo su ejército, muy inferior armamentísticamente, pero con un plus de patriotismo y la fe del que se sabe en posesión de la razón.
Una semana después del comienzo de los ataques, los tanques rusos siguen avanzando y tomando posiciones pero no consiguen doblegar la capital ucraniana. En Kiev, o eso nos dicen, su presidente, Volodimir Zelenski, exacerba el ánimo de los suyos enalteciendo la “heroica” resistencia de Ucrania y no para de repetir que va a “reconstruir cada edificio, cada calle, cada ciudad”.
En el norte, la resistencia ucraniana habría frenado el avance del convoy militar de 64 kilómetros de largo que amenazaba con sitiar y rendir Kiev. Aunque la mayoría de las imágenes que llegan son de los bombardeos y de los destrozos que provocan, también llegan escenas de carros de combate rusos destruidos y del abatimiento de varios helicópteros.
Resistencia total
El ministro de Defensa de Ucrania, Oleksiy Réznivkov, hizo este jueves un llamamiento claro: "Ha llegado la hora de aumentar la presión sobre el enemigo, que ha perdido la iniciativa. Es hora de pasar a la resistencia total". Agregó que el Ejército ucraniano "rechaza con éxito" los ataques frontales de la fuerzas rusas y aniquila sus columnas. "Rusia no ha resistido y ha comenzado a reconocer sus bajas", constató Réznikov.
El ministro de Defensa se dirigió a los ciudadanos que se encuentran en los territorios temporalmente ocupados por las tropas rusas: "Con vuestra ayuda nuestro Ejército vencerá y expulsará más rápido a los ocupantes. Hay que privar a la tropas rusas del apoyo de la retaguardia". Reznikov hizo un llamamiento a atacar las columnas de aprovisionamiento que siguen a las de blindados: "Si el enemigo se queda sin combustible, pertrechos, comida, apoyo técnico, no podrá hacer nada".
Lógicamente, parar esta feroz ofensiva de Rusia tiene un precio: al más de un millón de refugiados ucranianos que han salido del país hay que sumar los 2.000 civiles muertos, según las cifras oficiales. Por el lado del ejército ruso las cifras bailan. La desinformación también es un arma. El Kremlin solo reconoce la muerte de 500 de sus soldados, pero los servicios de inteligencia estadounidenses elevan esa cifra hasta 2.000.
Por su parte, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cifró en cerca de 9.000 las bajas mortales del Ejército ruso desde el comienzo de la invasión.
Aunque ha sido la propia viceministra de Exteriores ucraniana, Emina Zaparova, la que ha reconocido en Naciones Unidas que Ucrania está "demasiado débil" para resistir al ejército ruso y que están “vivos pero no seguros", lo cierto es que resisten y, de hecho, este jueves se celebra la segunda ronda de conversaciones con Rusia para ver si hay caminos para llegar a un acuerdo de alto el fuego.
Octavo día de guerra
En cuanto al parte de guerra, cuatro grandes barcos rusos de desembarco acompañados por tres barcos armados con misiles en dirección a Odesa, en aguas del mar Negro, en lo que podría ser los preparativos para lanzar una ofensiva sobre la ciudad. Las tropas rusas ya han logrado tomar la vecina ciudad de Jersón, al sur de el país y mantiene bajo su control la península de Crimea.
El Ejército ruso busca con esta nueva ofensiva el control de los principales accesos marítimos de Ucrania desde el sur.
Tras una noche de fuertes bombardeos, el alto comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, apuntaba: "Para muchos millones más, dentro de Ucrania, es hora de que las armas se silencien para que se pueda brindar asistencia humanitaria que salve vidas.