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TRIBUNA

Gran cosecha periodística (4)

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 05 de marzo de 2022, 20:04h

Por su elevada consideración en la gran prensa de Occidente y por el papel semi-demiúrgico que representara en los albores de la benemérita y abrillantada Transición española, Jun Luis Cebrián ha de acompañar sin dilación en esta galería de semblanzas de dicha época a la figura de su “Jefe” y camarada de ilusiones y afanes democráticos, Jesús Polanco.

Al contrario que en la adolescencia del gran cántabro, todo hacía presagiar en la suya el deslumbrante destino a que estaba señalado. Nacido en un hogar tradicional de clase media alta e inmerso plenamente en los principios del franquismo más temperado, su educación en el elitista colegio madrileño de “El Pilar” acabó de cimentar su precoz y brillante carrera periodística. La huella de su padre -figura muy destacada en la prensa del Régimen, según lo confirma su paso por la dirección del diario madrileño Arriba- se notó fuertemente en ella al seguir, tras unos escarceos por la Facultad de Filosofía y Letras madrileña, la carrera de Periodismo. Bien dotado en todos los aspectos, no tardó ciertamente en sobresalir en una España en la que la prensa se había convertido en la plataforma más importante para alcanzar un lugar con influjo político. Tras una muy positiva experiencia juvenil en las redacciones de los diarios madrileños Pueblo e Informaciones, con treinta años fue designado jefe de los Servicios Informativos de la Radio Televisión estatal (1974), lo que le permitió atesorar una cultura mediática de primer orden. Durante la larga década de 1976-88 dirigiría de forma a menudo espectacular la fase inicial del diario El País, el de mayor presencia internacional y también el de más amplia tirada entre los españoles, como asimismo el de más impacto y repercusión en las esferas dirigentes, en particular, una vez advenido al poder el PSOE.

Es justamente asentado este en la rectoría de la nación cuando termina -1988- la primera parte de las memorias dadas a la luz por un escritor de raza y lletraferit empedernido, con una obra literaria de gran extensión y calidad, con incursiones profundas y, por lo común, dilatadas en los campos narrativos, ensayísticos y memoriográficos, que, al margen de otros factores, a las veces, ahincadamente ennegrecidos por sus adversarios, justificaron en 1996 su elección como académico de la Lengua en compañía de otro afamado -y controvertido…- periodista: Luis María Anson.

Los acezantes lectores del primer volumen de sus recuerdos aparecido en el otoño de 2021 no pueden penetrar en los “secretos” de su nombramiento en la acendrada institución, debido precisamente a que el mencionado tomo -Primera página. Vida de un periodista- no engloba tal acontecimiento así como otros de no menor relieve e interés, a la manera, v. gr., del ingreso de Cebrián en el legendario Club de Bildeberg, hecho que peraltó su ascendiente en la sociedad española a extremos difíciles de imaginar. Pero aún así, sin traspasar la crucial frontera de 1990, el texto susomentado abre ancho campo a la glosa siquiera apresurada de sucesos de capital importancia de la andadura inaugural de la hodierno injusta e ignaramente combatida Transición.

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