Podemos acaba de mostrar su rechazo a la acertada, aunque tardía, propuesta de Pedro Sánchez de negociar con todos los partidos políticos, y luego con los agentes sociales, las medidas económicas para paliar los efectos de la guerra; para empezar, el desbocado precio de la energía. El partido morado se opone al mero hecho de pactar con el PP. Y Yolanda Díaz tampoco apoya que se bajen los impuestos a la luz, los carburantes y el gas. Como es lógico, propone que se rebaje las elevadísimas facturas. Pero que el Estado recaude el mismo dinero, acribillando a cargas fiscales a las empresas eléctricas, para empezar.
La idea de la vicepresidenta tercera busca marcar su perfil comunista y, sobre todo, que el PP se niegue a aceptar tal medida, como se supone que haría. La extrema izquierda quiere mantener al PP en la ultratumba de la ultraderecha. Cercar de nuevo al partido de Génova con un cordón sanitario. Y que jamás se acuerde algo con ellos.
Tampoco quieren tratar con el PP ni Rufián ni Otegui. Exigen ser los únicos socios del Gobierno. Mantener su estatus de contar con unos escaños imprescindibles para aguantar la legislatura. De este modo, la extrema izquierda que sostiene al Gobierno busca reventar el camino del consenso político que parece haber emprendido el presidente del Gobierno. Porque la extrema izquierda, ya sea la comunista, la secesionista catalana o la proetarra, aborrece bajar impuestos. El Estado tiene que vivir de estrangular fiscalmente a los ciudadanos y, en especial, a los ricos y a las eléctricas.
Pedro Sánchez empieza a sufrir demasiada presión de su socio de Gobierno y de los de legislatura. Su acertada idea de abrirse a pactar con todos se le ha puesto difícil. Pues cualquier acuerdo que alcance con el PP será rechazado por Podemos, ERC y BIldu. Pero el presidente del Gobierno tiene la obligación de mantener su intención de pactar con todos. Y el que no quiera, como Vox, que se retire. Debe tener en cuenta, además, que sus socios viven su mejor momento político desde que está en La Moncloa. Si tiene agallas, que les eche un pulso. Que pacte con el PP, Ciudadanos y el PNV unas inteligentes medidas para paliar el brutal efecto económico de la guerra. Belarra, Montero, Rufián y Otegui, quizás también Díaz, llenarán sus tuits y ruedas de prensa de reproches a las medidas que pudieran tomar el PSOE y los partidos de centro derecha. Pero ni Podemos quiere perder sus asientos en el Consejo de Ministros, ni Rufián y Otegui tienen interés en arriesgar los generosos regalos de Sánchez en transferencias, en dinero y en acercamiento de presos etarras a cambio de sus escaños. Por una vez, el presidente del Gobierno debería aguantar el chantaje de sus socios, mostrar su autoridad y seguir adelante con su plan de consenso.