Resolver un conflicto y optar para resolverlo con la desgracia y el terror incomprensible de una guerra, es en mi concepto, el resultado de la tentación humana más miserable.
Lo he sostenido muchas veces al rechazar esa opción sin alma, siniestra por donde se le analice, imperdonable por la criminal actitud de una invasión que se condena por sí misma, condenando, además, a quien opta por esa opción, mintiendo al decir que ha movilizado enormes contingentes de soldados y cuantiosos recursos armados con el pretexto de realizar maniobras conjuntas, cuando ha quedado demostrado que ni sus propios combatientes sabían que se iban a enfrentar a una guerra inexplicable… siendo este un desprecio total que está en las antípodas de lo que debe ser para los seres humanos normales, resolver sus controversias cuando se sienten agredidos, o poniendo en riesgo su seguridad…
Pero este no es el caso de Rusia y su inhumana invasión, porque un malvado ha venido pergeñando desde mucho tiempo atrás, esta despreciable alternativa sin medir las consecuencias de su salvajedad…
Y más siniestra y miserable me resulta, cuando la resuelven con escandalosa impiedad y soberbia, en aras de las consignas imperiales que emanan de una mente extraviada y enferma de poder dictatorial, creyéndose inexpugnable, al resolver invadir Ucrania primero mintiéndose para luego mentir, subestimando a un pueblo que lucha por su libertad y su aspiración de que se admita su ingreso a la OTAN y que está dispuesto a resistir como lo viene demostrando, más allá de enfrentarse a un “Goliat” enardecido de poder, seguro de su yugo opresor y asesino…
La naciente de esta tentación miserable, ha sido, es y será, confiar en el enorme potencial de su disponible arsenal nuclear, incluso amenazando hasta con poner en alerta esos devastadores recursos, llegado el caso de considerarlo necesario, al sentir amenazada su seguridad, o advertir que a sus fronteras ya de por sí gigantescas, se le aproximan adversarios que no está dispuestos a tolerar…
Por ello, es imprescindible frenar este chantaje, y para ello, derribar de su trono a Putin en primer lugar, y poner en vereda a cuantos lo secundan como cómplices o ejecutores de sus irracionales planes genocidas.
Planes que no miden ni respetan las consecuencias nefastas en las vidas inocentes que ya se han eliminado en uno y otro bando, ni en las ruinas que van dejando sus bombardeos contra la población civil y la destrucción de ciudades, producto de esa opción destructora sin límites, ni justificación alguna…
Cuesta mucho dialogar para negociar, cuando se expresan y se enfrentan voluntades tan diametralmente opuestas, y se siguen pagando precios tan, pero tan altos…, debido a nudos indesatables que impiden llegar a acuerdos de paz que pongan fin la contienda que arroja sombras y hasta eventuales restos tóxicos para el destino de la humanidad, si esta hecatombe no se frena a tiempo…
Se han perdido muchas vidas, la mayoría de inocentes, pero también una numerosa cantidad de otras no tan inocentes, de jerarcas de alto mando, parte activa de esta barbarie invasora, porque intuyo que la mayoría de los soldados combatientes rusos, ni siquiera sabían la oscura verdad que les ocultaban al exponerse al sacrificio de arriesgar sus vidas sin saber la verdadera razón de semejante infamia…
La maldad asesina no está enquistada en los habitantes de los pueblos rusos, está enardecida en quienes ostentan ciegamente el mando desde hace décadas, con el principal timonel dictatorial como el mayor responsable, y en cuantos lo siguen con su complicidad genocida…, ejecutores y financiadores de indescriptible maldad, sobre los pueblos de Ucrania.
Pensamos que debe ser tremendo el impacto económico y financiero, al movilizar a tanta gente, camiones, kilómetros de tanques de combate, aviones y artefactos de muerte, con una logística desmesurada y complicada, que ya por lo que se anuncia viene deteriorándose en su funcionamiento y movilidad, con costes que se hacen sentir, sorprendidos como deben estar por la resistencia ucraniana, y como resultado también de las medidas que se han acordado por parte de los países aliados para entorpecer y debilitar una invasión que obedece al sinsentido más inhumano y miserable…
Por lo expuesto, es imprescindible atacar adonde más les duele, en primer lugar, destronando de su altar a quien se cree intocable e inexpugnable, , a quien desde hace años viene pergeñando este plan de expansión imperialista con ciego desdén hacia las Democracias que intenta destruir, conocedoras de que él es la cabeza más visible y siniestra, que subestima al mundo entero, y que cuenta con un aliado, también una potencia dictatorial como la suya, China, que no termina de definirse, al continuar jugando en su ajedrez con fichas marcadas de peligrosa ambigüedad, que también a ellos le pueden resultar muy costosas en términos económicos, que es seguramente donde más les puede doler…
Estamos frente a una partida de ajedrez indefinida, en la que es muy probable que no surja un claro vencedor, dado que se trata de una debacle humanitaria en la que todos puede llegar a perder, en un jaque mate irracional…
Y justamente por eso, tiene que aparecer en la escena, “algo imprevisto”, que proponga o sugiera, un movimiento en el tablero con una movida eficaz, que sorprenda por lo invisible e invencible, que esté por encima de la voluntad de los seres enfrentados, para que se pueda llegar a visualizar un horizonte esperanzador, con un resplandor que permita una orientación hacia una meta de paz que con planes y acuerdos, no le haga, al fin, el caldo más gordo y ventajoso al invasor que medra con sus arsenales cargados de devastación, mercaderes de la muerte con su poderoso armamentismo, como también a quienes se frotan las manos con el impiadoso negociado de la reconstrucción de las ruinas que siempre dejan las guerras.
Tiene que surgir algo imprevisto para que al fin las naciones más poderosas se convenzan que no tienen necesidad de aplicar esos cuantiosos recursos no sólo disuasorios sino en tangible invasión como en Ucrania, y adjudicar un mínimo porcentaje de ellos (un mísero 2% se afirma como suficiente) para combatir el hambre del mundo y encauzar el florecimiento cultural de los pueblos, que bajo las sombras de ese oscurantismo tan manifiesto que les marchita la existencia, dado que no han conocido otra cosa que subsistir en medio de las barbaries del hombre, pueblos sumergidos, amordazados, que poco saben de la libertad y de la dignidad a la que tienen derecho, porque no han hecho más que nutrirse en el impiadoso barrizal de las miserias humanas.
Una infamia que enluta y desprecia el destino de tanta gente inocente, “por la tentación humana más miserable” de aquellos que han resuelto condenarlos bajo el imperio de la barbarie enquistada en sus mentes, hasta el límite de poner en riesgo a la humanidad entera.