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TRIBUNA

El privilegio de abordar hasta lo no intentado

jueves 21 de abril de 2022, 19:39h

No es nada sencilla la faena del vivir, cuando lo hacemos por los irrenunciables senderos del Amor, para no desviar nuestro caminar por derivas sin destino, sin puerto seguro…

Sentir en cada aurora los ecos de un “constante nacer y /o renacer”, como un singular estado del alma, es para mí como una resurrección que me sacude por dentro, impulsándome con renovado vigor, en cada amanecer, hacia un desafío nuevo, hacia una obligatoria y exigente prueba que suele ponerme por delante mi conciencia con la docilidad que jamás se aparta de mí, respondiendo al cotidiano llamado de la Providencia y recordándome que soy quien más me exijo, con la fuerza de la pasión que anida en mis entrañas, permitiéndome vencerme…

Sí, vencerme dejando a un lado los jolgorios de la inmediatez, hasta el milagro de intentar levantar vuelo buscando resplandores en horizontes nuevos restauradores y redentores, buscando una elevación a partir de la cual mi ser pueda rescatarse día tras día, y salir airoso en la dura faena del vivir…

Por ello, no consiento la insensatez de cruzarnos de brazos, sumidos en la desgana, en la desgracia de esperar que todo nos lo den, y entiendo imprescindible una actitud sin perezas, sin abandonos, sin desfallecimientos, sin arrodillarnos ante los falsos altares de la claudicación del alma…

No me permito quedar sumido en la cobardía de no luchar ni sacrificarme, que pueda convertirme en prisionero de mis propias culpas y fracasos…

No me permito quedarme a merced de la claudicación, puesto que siempre me he orientado a subir al ring donde, en el buen sentido, se debe pelear la vida en pos de la elevación, como irrenunciable objetivo a transpirar constantemente, y si de mí depende, hasta que me neutralice el último suspiro…

Lo contrario sería aceptar la tragedia de no merecer siquiera una pizca de libertad, única llave que puede abrir el portal hacia la dignidad, por haber sucumbido, atrapado en la prisión de la mediocridad cómplice y a la vez mezquina, de no ofrecerme a mis semejantes, y de quedar encerrado en mis propios barrotes de indolente renunciación, conformándome con el mero sobrevivir…que no es vivir, sino empezar a morir, como un cautivo sin mañana, sin resplandores, sin esperanzas, cubierto de sombras, sin dar pasos que me puedan aproximar a ninguna gloria…

Es al fin (como se percibe en este tembladeral, en este cambalache de la sociedad moderna), la tragedia de creer en las propias mentiras siempre aferradas a las excusas con las que explicar lo inexplicable y enredadas en las propias trampas. Las mismas, y hasta peores que en estos tiempos otros nos tienden sin piedad y artera alevosía, desde sus poltronas de poder, por abandonar los valores esenciales y caer en la ambición desmedida de permanecer atados a los sillones del mando, insensibles, negando tradiciones, mintiendo, haciendo pactos insolentes, aceptando humillaciones, insultos y chantajes, de modo que, por ello, la realidad envolvente, fatalmente nos pueda seguir vapuleando sin remedio.

No obstante, estos no podrán hacerlo mientras mantengamos nuestra resistencia sin desfallecer quienes no nos doblegamos ante falsos altares montados por fantasmas trasnochados, portadores de ideologías enemigas de la concordia y de la unidad entre los españoles, y unidos por mezquinos cálculos, subestimando el “nosotros” que con orgullo integramos.

Siempre atento a cuanto antecede, necesito comprometerme obrando debidamente involucrado, para cumplir la misión esencial por la que he optado de ser útil a mis semejantes, dando mi ser sin reservarme nada, nada más que porque sí, por Amor, y sin conformarme nunca.

Es más, con ese irrenunciable norte, así ha sido y será mi caminar sin derivas, al considerar que mi sencilla humildad, será el imán que me guiará, siempre respondiendo de frente, no pudiendo ni queriendo silenciarme ante los atropellos de quienes nos subestiman con insultante osadía…

Allí están los libros que se me permitido concebir (publicados algunos, y esperando turno los más), mis artículos misceláneos, mis intervenciones en tertulias culturales y literarias, conferencias, grupos que integro, etc., y la coherencia en mi decir cotidiano en total coherencia con las certezas y Verdades que proclamo, y sin abandonar los imprescindibles límites de la prudencia y el sentido común, no silenciarme ante los agravios de los atropellos que hieren derechos naturales, ponen en riesgo marchitando el presente, y el futuro de nuestros hijos y nietos.

Considero que este es el único modo de acceder a nuevos peldaños para poder ascender y aproximarme al destino de mis sueños, en la ardua faena de la elevación, siendo consciente, además, de que no me alcanzará la vida para lograr tan alto designio, convencido de que la meta final no es parte de esta fugacidad de la vida por más que lo intentemos, porque ese destino en estado de gloria, está más allá de la vida, en una dimensión para la que nos han regalado la existencia, en un sagrado espacio que debemos conquistar, plenitud en eterno presente, para quienes soñamos que nuestro caminar nos conduzca a él.

No me admito pasar por la vida, apenas dejando el tenue rastro de mis buenas intenciones sin huellas concretas de mi accionar, y de mis empeños por abrir surcos fértiles para quienes vienen detrás…

Nuestros hijos y nietos que siempre nos estarán mirando, no se merecen la insensatez de no regar esos surcos con sangre, sudor y lágrimas si es necesario, para facilitarles la plena realización de sus vidas…

Ellos tampoco se merecen, llegar a la vida con la pesada carga de nacer hipotecados, enredados, obstaculizados en su caminar por nuestros errores, por nuestros horrores, por nuestras dramáticas indiferencias, por nuestros imperdonables olvidos, por no sembrar espiritualidad en un mundo tan manchado de materialismos inconducentes, por la insensatez del desamor, al no favorecer los enlaces generacionales a los que por Amor estamos obligados…

Y ante ese fatalismo, no podemos caer en el imperdonable error de silenciarnos y no luchar ni denunciar, porque ellos un día, y con todo derecho, podrán reclamarnos que les hayamos dejado una escena plagada de sombras, pasándonos facturas por no haberlo dado todo, también por ellos, dejando a un lado el sueño, “el privilegio de abordar hasta lo no intentado”.

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