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TRIBUNA

La cultura en provincias (2)

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 23 de abril de 2022, 18:55h
Actualizado el: 23/04/2022 19:01h

Hace una generación, es decir, década y media más atrás, un por entonces muy joven y dotado escritor de la ciudad del articulista se quejaba airado en un trabajo periodístico luego recogido en un atractivo volumen -La vida manda -del insulto que entrañaba para la magnificiente urbe bética estimar como lánguido el trascurso de su existencia cultural. En su lamento confluían a partes iguales una visión entusiasta de su solar natal y una comprensible desazón cara a lo que estimaba ser una flagrante injusticia. En la onda todavía de los tres grandiosos Congresos de Historia de Andalucía celebrados hasta el presente, de semanas y ciclos del máximo interés y desarrollo alzaprimado en diversos centros de su bella y contrastada provincia -Pozoblanco, Priego, Cabra-, generalmente a la sombra de una impecable programación a cargo de la sección cultural del Monte de Piedad y Caja de Ahorros, dirigida con envidiable acierto por el Prof. Luis Palacios Bañuelos, la actitud del referido escritor resultaba en ancha medida legítima y asaz oportuna. Un quindecenio más tarde, en el corazón de la más palpitante actualidad ya no sería tan razonable. Con buenos títulos, en 2016 la urbe califal asentaba sobre una firme, pero con todo más bien minúscula plataforma, su aspiración a convertirse en capital europea de la cultura. Por diversas causas -no todas justas- su candidatura no obtuvo la requerida sanción del tribunal pertinente, con lo que el fardo de sus frustraciones, ya acrecido, se ensanchó aún más.

A la fecha sigue a la espera de la llegada de otra espuela o acicate semejante. No obstante el nacimiento y venturoso consolidamiento de la editorial quizá más importante hodierno del Mediodía y la muy plausible actividad de sus tradicionales instituciones, a la manera del Círculo de la Amistad, la Real Academia y sus varios y pujantes museos, su tonalidad cultural no pasa de ordinario de grisácea, salpicada, a las veces, de notas radiantes o muy esperanzadoras. Confiando en ellas debiera apostarse por un porvenir lo más cercano posible atravesado de ímpetu y colmado de frutos en varias vertientes de su existencia intelectual. Protagonistas para tamaña aventura no faltarán, en especial, en las promociones juveniles y hasta en las de edad madura. ¿Cuál podría ser el catalizador en orden a su logro? Sin desdeñar en modo alguno la participación de las entidades oficiales -la Universidad, por supuesto, entre ellas-, la presencia ciudadana a través de organismos o asociaciones en funcionamiento o de nueva y muy necesaria creación se ofrece de todo punto indispensable. ¿En qué horizonte temporal se materializaría dicho anhelo? “El porvenir duerme en la rodilla de los dioses”; pero si nos afanamos ahora por despertar no solo la vieja y acrisolada ciudad, sino España entera, mejoraría su temperatura cultural, básica para una convivencia fecunda y alentadora.

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