No nos equivocamos los medios de comunicación independientes, además de los partidos de la Oposición, cuando denunciamos el error del Gobierno al forzar la normativa de la mesa del Congreso para abrir las puertas de la Comisión de Secretos Oficiales a separatistas y proetarras. Nada más terminar la sesión, y a pesar de la prohibición de desvelar el contenido de la reunión, Rufián comentó ante un grupo de periodistas que la directora del CNI había reconocido haber espiado a Aragonés y a otros 17 separatistas. La indignación de Podemos, ERC y Bildu estalló y exigieron al Ejecutivo que aclarase quién había dado esa orden. Pedro Sánchez entró en pánico y se apresuró a emitir un comunicado para lavarse las manos y desmentir que hubiera dado tal orden.
Se trata de una mentira más del jefe del Ejecutivo, puesto que el CNI está obligado a dar cuentas al Gobierno de sus acciones. Y nadie se imagina a la directora del Centro de Inteligencia ni a la ministra de Defensa espiando al presidente de la Generalidad a espaldas del jefe del Ejecutivo. La cobardía del presidente del Gobierno provoca así dos crisis simultáneas. La feroz embestida de sus socios de Gobierno e investidura y el desprestigio del CNI y de su directora. Si tuviera agallas, Pedro Sánchez debería haber reconocido que, al espiar a Aragonés, el CNI cumplió con la misión de vigilar a los que ya intentaron dar un golpe de Estado y evitar, así, un riesgo para la seguridad nacional. Pero, esa sinceridad le obligaría a romper la coalición de Gobierno y, probablemente, a perder el poder.
Todas las decisiones de Pedro Sánchez con el objetivo de frenar la crisis del “caso Pegasus” están produciendo el resultado contrario en un descomunal efecto “boomerang”. Además de desprestigiar a Instituciones del Estado como el CNI, el Ministerio de Defensa y hasta el Tribunal Supremo que autorizó la investigación, agranda la tensión en el Gobierno de coalición y redobla la indignación de ERC, cuyo apoyo parlamentario parece estar perdido, al menos de momento.
Tampoco nos equivocamos los que denunciamos el error de Sánchez de reconocer que habían espiado su móvil. Primero, por poner en evidencia la seguridad del Estado. Y luego, porque, como se sospecha con fundamento, Marruecos puede estar detrás de esa operación. Así, también se redobla su error por dar un inesperado y sospechoso giro a la política española sobre el Sáhara Occidental. Y en lugar de restablecer las relaciones bilaterales con el Reino alauí podrían romperse definitivamente.
Pedro Sánchez, en fin, está demostrando no estar capacitado para ser el presidente del Gobierno de España. Su torpeza y errores obedecen al ansia de mantener el poder. Por eso, pactó un Gobierno con los comunistas y una alianza con sus siniestros socios. Y, por eso, para mantener la coalición con Podemos y el apoyo parlamentario de ERC, ahora miente cobardemente sin importarle dejar a los pies de los caballos al CNI y a Margarita Robles, su mejor ministra, en busca de ofrecer a sus socios unas cabezas de turco para salvar la suya. Nunca lo hará. Pero, ahora más que nunca, Pedro Sánchez debería dimitir.