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ORIENT EXPRESS

"Jóvenes locales"

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 05 de junio de 2022, 18:54h

El Real Madrid ha publicado un comunicado oficial en relación con los “lamentables hechos” del pasado 28 de mayo. El club blanco pide “respuestas y explicaciones que determinen quiénes fueron los responsables que dejaron desasistidos e indefensos a los aficionados. Unos seguidores cuyo comportamiento general fue en todo momento ejemplar”. El vencedor de aquella noche añade que “muchos de los aficionados fueron agredidos, acosados, atracados y robados con violencia. Unos hechos que tuvieron lugar también cuando circulaban en sus coches o autobuses temiendo por su integridad física. Algunos de ellos incluso tuvieron que pasar la noche en el hospital por las lesiones recibidas”. El texto termina reclamando “que se depuren las responsabilidades pertinentes para que situaciones como las vividas queden erradicadas para siempre del fútbol y del deporte”.

Bastó un evento deportivo en el corazón de una “banlieu” para que todo el mundo pudiese ver la deriva de los suburbios de Francia. La inseguridad en torno al estadio y la violencia desatada contra los hinchas antes y después del encuentro se vio agravada por el intento de culpabilizar a los hinchas del Liverpool. Bastaba ver las imágenes para constatar que los que golpeaban y robaban a los aficionados no eran simplemente, como se dijo en medios de comunicación, “jóvenes locales” -el eufemismo forma parte de todo este problema- ni hinchas violentos, sino los hijos de una inmigración descontrolada que se ha apropiado de una parte del territorio en el que ni la policía se atreve a adentrarse. Esto no significa, naturalmente, que todos los descendientes de inmigrantes magrebíes -marroquíes, argelinos- y, más en general, africanos sean responsables colectivos de nada. Sin embargo, es evidente que en Europa -Francia ha sido sólo un ejemplo- están proliferando zonas que escapan al control del Estado.

Se suele decir que esto es fruto de una falta de inversiones públicas, de una carencia de servicios, de una insuficiente red de apoyo social… pero no es verdad. Cíclicamente vemos que esos barrios acogen a jóvenes que terminan en el terrorismo. Ahí está el ejemplo de Molenbeek, la barriada de Bruselas de la que salieron, como mínimo, tres de los ochos partícipes en las matanzas terroristas de París en noviembre de 2015. Toda Europa desde Suiza hasta, ¡ay!, España tienen lugares así. En Cataluña, por ejemplo, resulta evidente la islamización de localidades como Santa Coloma de Gramanet, Reus, Salt Manlleu, Manresa y Mataró.

Este proceso de incremento de la delincuencia, retirada del Estado e islamización es fruto de políticas equivocadas que no comprendieron -o que comprendieron demasiado bien en el caso de los nacionalistas catalanes- los límites del modelo multicultural. En el caso de Cataluña, todo lo que sirviese para diluir la identidad española servía al propósito de los nacionalistas. El Plan Marruecos 2014-2017 sirvió para que la Generalidad de Cataluña ofreciese a Marruecos controlar la práctica islámica en Cataluña y aumentar su influencia cultural mediante la introducción, por ejemplo, de la enseñanza del árabe y el tamazigh dentro del sistema educativo y en horario lectivo. La islamización que vive Cataluña es consecuencia de decisiones adoptadas por los gobiernos locales y autonómicos que los nacionalistas llevan controlando décadas.

La Agenda 2030, que la Unión Europea y el Gobierno de España han abrazado con un fervor digno de mejor causa, fomenta la inmigración como un bien en sí mismo e impulsa el modelo multicultural cuyas fracturas pudieron verse el pasado 28 de mayo. El debilitamiento de los Estados nacionales a la hora de decidir no sólo quien cruza las fronteras sino también quién y en qué condiciones permanece en el país ha cerrado el circulo de un cambio social que se pretende imponer en toda Europa.

Resulta interesante observar que, en los países de origen de sus padres o de sus abuelos (como Marruecos o Argelia), conductas como las que vimos el pasado 28 de mayo jamás se tolerarían. La conducta de esos jóvenes que agreden a la policía y a los visitantes a un estadio de fútbol se encontraría con una respuesta fulminante de la policía y la gendarmería. El robo y el tráfico de drogas, por señalar dos de los delitos más comunes, se castigan con penas de prisión elevadas. Nadie considera en esos países que los delincuentes sean “víctimas del sistema”. Europa, en esto, da muestras de una confusión moral y una ingenuidad casi patológicas. No deja de ser significativo que sea más seguro pasear por el centro de Rabat que hacerlo por Saint-Denis.

La violencia en torno a la final de la Champions League revela que algo está fallando en Europa. En realidad, hace mucho tiempo que algo no funciona. Hay un modelo de inmigración que está haciendo aguas y una agenda política que lo oculta. Los casos de agresiones sexuales en Alemania la Nochevieja de 2015 se silenciaron en muchos medios de comunicación. Hoy, más de seis años después, se ha hablado de “jóvenes locales” para ocultar la realidad de lo que está pasando en Francia y en el resto de Europa.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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