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ESCRITO AL RASO

Ponga un poco de gas natural licuado en su vida

David Felipe Arranz
martes 14 de junio de 2022, 20:06h

Los antiguos latinos, que siempre iban por delante de los contemporáneos en todo, se preguntaban aquello de Qui prodest? ante cualquier hecho que implicara un cambio repentino de las cosas, desde un crimen a un misterio insondable al que le encontraban una respuesta racional. Y en el asunto de Ucrania y el incremento imparable del precio de los carburantes, ocurre exactamente lo mismo, que uno tiene que preguntarse quién es el beneficiario de todo este sindiós. A veces uno piensa que la realidad es la invención de los políticos, a tal punto llegan a descuadrar al personal y a cambiarle sus marcos mentales por unos nuevos. Cuando el calor se haya ido en invierno, todo será perplejidad ciudadana con el rejón de la factura en el costado del vecino.

Somos ciudadanos confiados, hombres y mujeres que pagamos con la moneda de la confianza, que es la que posee uno de los valores más altos por su rareza, a nuestros dirigentes. Todo está en la confianza, que atiende a los cantos de sirena de gobernantes y élites del poder, en su inmóvil y a veces absurda constancia cuando no es correspondida, que es casi siempre. ¿Qué sabe el españolito medio de Shell, Qatargas, TotalEnergies, Saudi Aramco, BP, Exxon y Chevron, los triunfadores de esta y de todas las guerras? Nada o casi nada. El 8 de marzo de este año, la Comisión Europea presentó el plan REPower para “eliminar nuestra dependencia de los combustibles fósiles rusos” de aquí a 2027, y para reducir el suministro de gas ruso en dos tercios a finales de este año. La propuesta consiste en la sustitución de este por el gas natural licuado, producida por Estados Unidos, Australia, Azerbaiyán, Egipto y Qatar. Al dictado de Biden, Ursula von der Lyden y el canciller alemán Olaf Scholz cambiaron de política gasística el 7 de febrero, cuando el presidente estadounidense ordenó poner “punto final” al gasoducto Nord Stream 2, el más barato, el de los contratos a largo plazo y el de las infraestructuras sostenibles. De manera que en el transcurso de un día, Biden, el hombre que mira al infinito como habiendo olvidado quién es y qué está diciendo, el presidente de un país que se autoabastece con sus fábricas y plataformas gasísticas, decidió que a los europeos se nos iba a encarecer el precio de los carburantes y de la calefacción. El europeo es un animal de fondo que lo aguanta todo, porque vino de Grecia y volverá a ella, con una túnica, una sandalia y un libro de Aristóteles debajo del brazo, siquiera lo haga por la puerta preferible de la sabiduría. Pero ya ni eso, porque el sistema educativo está hecho unos zorros.

Los buques metaneros que cruzan los mares no están sujetos a ninguna normativa y atienden solo a las señales volátiles del mercado, que consiste en vender al mejor postor: el gas natural licuado se mide por millón de unidades térmicas británicas (MMBTU), que equivale a 293 kilovatios la hora, y si en Estados Unidos está a 7 dólares la unidad, en Europa anda ya por los 32,3 dólares, después de haber alcanzado el 7 de marzo los 72 dólares. El beneficio de la energía refuerza a los Estados Unidos y con las cuentas sobre la mesa, nos encontramos el camino de vuelta a la realidad. Porque hay que ir a lo sombrío de los asuntos, a lo subterráneo de las cumbres internacionales y las decisiones geopolíticas de gran calado. Los chinos y los indios son los que compran más barato a los rusos y van a pasar el invierno calentitos y por precios más que razonables. En abril, unas refinerías chinas lograron fácilmente un descuento de 35 dólares en el barril de petróleo ruso. Porque lo que subyace aquí son las vaharadas de frío de los pobres que se vienen e, insistimos, el afán colectivo de confiar por fuerza en quienes nos estafan, mientras Europa aguante la Champions League y una Comisión Europea genuflexa con los cowboys, de ver tanto cine del Oeste.

La necesidad que aprieta no es sino una insolencia repentina que nos permite ver soluciones nuevas. Con 349 diputados produciendo gas metano en el Hemiciclo –que es hasta el 97% del gas natural–, quizá podría plantearse una fuente energética alternativa. En esa utopía, la utilidad del hombre político y su servicio a la comunidad no irá sino en función de su capacidad de producir energía en su escaño a todos los españoles. Eso sí, sin quitarse las mascarillas, por favor.

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