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PÁLIDA CONDENA

Luz y símbolo

Miguel Ángel Gómez
domingo 10 de julio de 2022, 19:26h

Goethe definía la buena poesía como aquella que nos provoca “una mirada investigadora”. Sergio Balbontín parece ofrecernos un ingenioso libro de poemas cernudiano. Da comienzo Y sin embargo la luz (BajAmar, 2022) con una composición introductoria interesante: “El lugar del poema”: “Este es el lugar donde / nace el poema. / Aquí brota entre / los dedos de la tierra / y por la piel de las hormigas”. El poeta habla de ventanas que tiemblan con o sin personas presentes en la habitación, de pájaros despiertos que ven cosas que se pueden identificar, de páginas en blanco que podrán resultar humanamente posibles. “Donde comienza el bosque / y termina el silencio / aquí es donde vivimos”, añade.

Los poemas de “Origen”, la primera sección del libro, remiten a mundos de sombras comprensivas que acechan con mucha atención y a oscuridades donde se reconcentra lo solitario. Algo tienen de huida potencial. El poema que da título a la misma, “Origen”, nos alerta: “Hallar dudas desde la mente en blanco / ser el centro ciego de la distancia / y desvanecerse en la claridad”. El blanco nos permite pasar cómodamente la noche, abundan los versos que hacen referencia a la existencia: “Lo que se ha ido / aún se refleja en la superficie”. Muchos poemas hablan de salir y conmoverse profundamente, como en “Sendero”: “Todo lo que buscamos/ es viajar atravesando un paisaje / que nos devuelva / los labios a la tierra”.

Puede considerarse la poesía de Sergio Balbontín como una mecánica del asombro. Hay poemas breves en el libro: “Nunca podrás / llegar a conocer / a este poema / lo has cambiado al leerlo / nunca sabrás cómo era / antes de ti”.

Abundan las citas del homenaje sin pausas embarazosas. Espléndida poesía metafísica que opera a niveles no tan básicos, ideas que se purgan de todos sus elementos represivos. Su poesía parte de un buen número de vivencias alcanzables: “El tiempo dice que otra / vez es noviembre / y el tiempo se equivoca”.

Comenzó Sergio Balbontín su labor poética con el galardón del premio Cálamo de poesía erótica. Del erotismo ya no se tolera todo y el poeta parece más testigo de la greguería. “También en nosotros está creciendo un árbol que no conoce la luz”, leemos en el poema IV de la tercera sección, la que lleva por título “Memoria de la incertidumbre”. Hay aciertos (“Cuanto más lejos / queremos huir / menos profunda es la distancia”) y desaciertos (“Y el pensamiento azul de las montañas”). Hay poemas certeros como es el caso de “Supervivencia” en el que la naturaleza es la principal preocupación: “Nada hay en toda la naturaleza / que no sea oscuro y que no nos duela / nos han enseñado a mirar el mundo / de forma equivocada / la naturaleza es egoísta y orgullosa”. En el poema “El descenso”, fiel al tema, recurre a la cumbre de la montaña para concluir con que “lo que amamos pertenece al pasado”. Con el mismo tono termina “Letargo”: “Algún día dejaremos de ser / la rotación de un pliegue de la luz / casi brillante y frágil”.

Escrito con aire soñador, el prólogo de Celia Corral no desmerece. Conoce bien al autor de cuya voz nos dice “se reconoce en este poemario que publica BajAmar y se percibe más limpia, más cercana, quizá más acuática”.

Sergio Balbontín ha escrito un puñado de poemas con maestría y lenguaje precisopara buscar la luz en todo lo que se toca, para nombrar lo oscuro sin enojoso fallo en la última trinchera. Algunos están entre el mundo de la imaginación y el del sentido común y podrían pasar por anotaciones de diario con voluntad férrea. Poemas con enigma de bosque y de mar, de lodo y horizonte, tratando de distanciarse en la medida de lo posible del ternurismo. Todo aquí tiene un aire a hogar encendiendo una llama con papeles y astillas y se trata de aferrarse lo menos posible a lo meramente anecdótico. Lo leído y lo vivido nos hacen sentir fantásticamente ligeros y libres.

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