www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

Noruega combate la idiocia digital

David Felipe Arranz
lunes 11 de julio de 2022, 20:04h

El mundo se ha vuelto todo pantallas e idiocia, y algunos rebosantes de sensatez (ay, siempre los nórdicos), nos devuelven a la entraña real de la existencia humana, que es la que está detrás de todo lo que vivimos, lo virtual y aumentado incluso, mientras que en España parece que la Educación es andarse por las ramas con alegría. Pues bien, la ministra de Niños y Familia de Noruega, Kjersti Toppe, quiere proteger a los más jóvenes de las redes sociales. Y va a empezar a multar a diestro y siniestro a los anunciantes e “influencers” que mientan en los post y fotografías de sus modelos pluscuamperfectos, a los que hacen un repaso de chapa y pintura con los programitas de retoque convirtiéndolos en dioses recién bajados del Olimpo, con la consiguiente frustración de la chavalería, cuya autoestima cada vez que se echan a navegar por Instagram baja varios metros sobre el nivel del mar, según muchos informes.

The Wall Street Journal publicó el 14 de septiembre de 2021 un informe demoledor de carácter interno, proveniente de Facebook y realizado entre 2019 y 2020, en el que venía a decirse que el 40% de los usuarios de Instagram, que no llega por cierto a los 22 años, estaba expuesto a la depresión galopante al confrontar su realidad con la de sus “influencers” más queridos, ya que a esas edades los jóvenes no acaban de comprender que lo que se enseña es una pamema, pura filfa, con cuyos millones de “likes” el fundador de la multinacional se ha embolsado ya una fortuna de 100.000 millones de dólares (85.000 euros). Por supuesto, dicho estudio no se hizo público hasta que los periodistas del rotativo estadounidense decidieron airearlo al mundo. El Pew Research Center de los EE.UU. explicó en 2018 en otro exhaustivo informe que el 45% de los jóvenes encuestados se ve “superado” por las redes sociales, y la Universidad de Cambridge en 2020 indicó que aquellos púberes que pasan más de dos horas al día enganchados en ellas son más propensos a sufrir problemas de salud mental. Qué bien aquí las nuevas tecnologías, el mundo digital que tanto nos ayuda a unos y que desquicia a otros muchos, especialmente a aquellos que se encuentran a medio camino entre la niñez y la edad adulta.

No todo vale en el negocio digital: las redes sociales están montadas sobre la gran mentira de los “amigos” y los “me gusta” que inventó un tipo llamado Tim Kindall, por entonces responsable de negocio en Facebook y creador de este infernal sucedáneo de emociones anónimas o no, siguiendo –dicho por él– el manual de las grandes tabacaleras, “trabajando para que nuestra oferta sea adictiva desde el principio”. De manera que lo que pretenden estos popes del business del clic es forrarse a costa del desquiciamiento del personal, convertido en gentes vegetales y sus días en flujo eterno y constante de directos, “likes”, “stories” y más gilipolleces por ahí, que estos amos del mundo monetizan y convierten a su vez en mansiones, barcos, islas… No importa que cada vez haya más voces autorizadas que señalen que los adolescentes están perdiendo el oremus con tanto “tiktok” y tanto “influencer” suelto. Es precisamente el sistema lo que convierte a los usuarios en la materia prima secreta e inconfesable, la moneda de cambio con la que montar grandes transacciones económicas a cuenta de millones de almas, de sus deseos, de sus anhelos, de sus sueños… Las redes sociales se apoyan en las personas, tan derrotadas por su cotidianidad, por sus necesidades perentorias, por sus asfixiantes jornadas laborales, que buscan con desespero los paraísos artificiales de los otros, de quienes aparentemente viven mejor. Lo más deleznable es comprobar con la ciencia médica en la mano, cómo también han hecho presa estos chacales cibernéticos en la levedad de la ilusión infantil, abstrayendo a los más pequeños de sus juegos, del contacto físico, y zambulléndolos en un mundo que ha sexualizado ad náuseam a los seres humanos.

De momento, Facebook, entre el fragor de los dosieres y los expertos en salud, quemado por todas las hogueras de los agentes educativos, sigue sin hacer público los beneficios que obtiene al año gracias a Instagram. Quizá sea el momento de que todos demos un paso al frente y pongamos a estos gigantes frente al espejo de su propia vileza. La red social es el crimen diario de las carnes falsas, el naufragio de la vida real, con sus momentos de felicidad y de dolor, sustituida por otra virtual de emoticonos estúpidos que simplifican el lenguaje, y que ya ni siquiera nos pertenece.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios