No les llega la camisa al cuerpo. A ellas y a ellos. Al mejor estilo de la extrema izquierda...
No les llega la camisa al cuerpo. A ellas y a ellos. Al mejor estilo de la extrema izquierda, la clase política que se mueve en el entorno monclovita está persuadida de que Pedro Sánchez ha preparado una purga cuyos primeros destellos han sido las destituciones de Adriana Lastra y Dolores Delgado.
El César de alpargatas sabe que en este momento tiene las elecciones generales perdidas. Pero queda por delante un año y medio. Y está dispuesto a comprar a millares los votos pazguatos a través del maná económico de los Presupuestos Generales del Estado y de las ayudas europeas. En el mejor estilo de Romero Robledo, Pedro Sánchez confía en el dinero para condicionar la voluntad de los electores. Además, necesita airear su entorno político y trabaja con denuedo, tras el golpe de timón primero a estribor y luego a babor, de las últimas semanas para presentarse ante la opinión pública de forma decorosa. No puede soportar que cada vez que asoma la cabeza a la calle, le abucheen y abronquen.
Absurdo especular sobre la purga que está dispuesto a imponer sin que le preocupe lesionar lealtades personales o fidelidades políticas. Va a hacer aquello que considere conveniente para ganar unas elecciones que hoy por hoy tiene perdidas. Su entorno lo sabe. Le conocen muy bien. Incluso sus colaboradores más cercanos están seguros de que Pedro Sánchez solo hará aquello que considere oportuno para permanecer sentado en la silla curul monclovita.
El sábado se alzará el primer telón, en medio de la inquietud general. Vendrán otros después, porque si en algo ha brillado la habilidad política de Pedro Sánchez es en superar situaciones complicadas. Desde que Felipe González le escabechó de Ferraz en el otoño de 2016, el líder sanchista ha sorteado todos los obstáculos internos y externos. Y ahí está dispuesto a purgar a quien haga falta y a luchar, ya veremos con qué artes, para permanecer en lo único que de verdad le importa: el poder.