“Los pueblos que no conocen su historia, están condenados a repetirla”, Jorge Santayana.
El 4 septiembre el país participará en el plebiscito de salida, que los Convencionales Constitucionalistas elaboraron en los tiempos acordados. No fue una tarea fácil. Nadie se imagine que no tuvo altos y bajos. Incluyendo sobresaltos que intentaban torpedear desde dentro y desde fuera su normal funcionamiento.
Lo que el pueblo chileno mayoritariamente decidió tras una votación popular, fue que quería cambiar la Constitución del 80, dicho texto, heredado de la dictadura cívico-militar, no representa los nuevos tiempos. Menos en un contexto democrático, a partir de 1990.
Recuperar la democracia, costó, sangre, sudor y lágrimas. Por ello debemos cuidarla y conservarla.
Para llegar a este histórico desafío, mucha agua teñida de sangre, corrió bajo los puentes. Cientos quedaron en el camino. Otros esperanzados en que ahora sí, vendrían los necesarios cambios, se desilusionaron, con justa razón, del esfuerzo realizado, para que al final, todo quedara igual.
Por de pronto cabe mencionar, para algunos desmemoriados, que se formaron, al alero del presidente Eduardo Frei Montalva. Él fue quien encabezó la oposición, a la espuria constitución del general golpista Augusto Pinochet, impuesta a las y los subyugados ciudadanos, la que fue refrendada con el fusil y la bota militar, sobre sus espaldas.
Frei, sentenció su muerte, en ese instante. El primer magnicidio de la historia, cuya implicancia, tiene a varios hechores condenados por los tribunales de justicia. No siendo los únicos que corrieron la misma suerte. La lista es tan larga, como larga y atroz fue la noche oscura en nuestra golpeada Nación.
Estamos en el ojo del huracán. Por el destino que soberanamente le demos al país. El mundo nos mira con entusiasta expectación. Debemos estar a la altura de las circunstancias, que exigen las democracias modernas,
En la América morena, nos observan con cierta “incredulidad” si es que saldremos pacíficamente de esta coyuntura política, que definirá el futuro de Chile para los próximos cincuenta años.
Innecesaria “desconfianza” manifiestan las transnacionales, cuyas inversiones son conocidas, las que por décadas han usufructuado de todos los privilegios inimaginables.
Me remito a lo que dijo el novel presidente Gabriel Boric, lean, infórmese, analice, y después emita su sano juicio. Abre las puertas para que todas y todos libremente decidan en conciencia.
Vivimos una democracia impecable, con plena vigencia del Estado de derecho, donde la libertad de prensa e información se ejerce en plenitud. Estamos dando una señal de respeto hacia los votantes, los que podrán ejercer su sufragio con total y absoluta tranquilidad.
La encrucijada de Chile, es optar por más democracia, que con esfuerzo de todos y todas seguiremos construyendo. No le tengamos miedo a los cambios. Así no redundaremos en los errores del pasado.
La legítima opción del Apruebo, es tan valedera como el Rechazo La gran diferencia, es que una representa el futuro y la otra se ancla en el pétreo pasado, el que no podemos ni debemos repetir. Esta carta magna, no está escrita en piedra, es perfectible como toda obra humana.
Porque conocemos nuestra fortaleza republicana, el llamado es conscientemente a participar. Seremos parte de una nueva página, que se escribirá, sin derramar una gota de sangre. Al igual que en el pasado con un lápiz y una raya en el voto, volveremos a hacer historia.