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Sindicalismo rompedor

sábado 04 de octubre de 2008, 01:17h
Hay crisis. Parece que ahora sí. De hecho, en palabras del Vicepresidente económico Pedro Solbes, el Gobierno nunca ha negado que la hubiese. El problema es que en España algunos no quieren entender las cosas. Y así no se puede. Menos mal que siempre hay quien habla claro, como José María Fidalgo, líder del sindicato Comisiones Obreras. La verdad es que, con la que está cayendo, se agradece sobremanera que los líderes sindicales se dejen oír -aunque sea muy de cuando en cuando-. No en vano, el fin principal de las centrales sindicales es el de velar por los intereses de los trabajadores. También de los que no lo son, porque al ritmo que va la destrucción de empleo, cada día es mayor el número de desempleados. Pues bien, vista la actual coyuntura, el líder de CC.OO. ha manifestado su intención de “romper una lanza a favor del Gobierno, ante las medidas que está adoptando para tratar de paliar esta situación”. Puestos a romper, el señor Fidalgo ha añadido que “rompería una lanza en la cabeza de quien diga que pueden hacerse cosas y no las proponga”. ¿Cabe imaginarse qué hubiera pasado si tal desatino lo hubiese proferido alguien que no fuera de izquierdas? Como mínimo, el juez Garzón ya le habría imputado algo, seguro.


Se desconoce si tal frase ha sido extraída de algún manual de actuación de piquetes informativos, o es que realmente el señor Fidalgo ha perdido definitivamente el norte. Hace pocos días, en una entrevista al alimón con su homólogo de UGT Cándido Méndez, ambos venían a justificar los motivos que les impulsaron a convocar una huelga general durante la última legislatura de José María Aznar. “Pese a que entonces España crecía por encima del 2,7 y el empleo iba bien, se estaban conculcando los derechos de los trabajadores”. Tal cual. Así que un gobierno que crea empleo, mantiene el superavit de las cuentas del Estado y crece por encima de la media europea merece una huelga general. En cambio, ahora que la situación bordea la catástrofe para casi 3 millones de familias, mejor pasar a un discreto segundo plano. Y confortable. En parte, porque aunque las cuotas de los afiliados no den para sufragar apenas nada, el Estado –es decir, todos los españoles, incluso los susceptibles de llevarse un “lanzazo”- les aporta la nada desdeñable cantidad de 192 millones de euros para su funcionamiento. Por si esto fuera poco, también reciben sustanciosas ayudas del Fondo Social Europeo.


Por todo ello, cabría exigir un mínimo de responsabilidad a las centrales sindicales. Sus actuaciones se circunscriben a boicotear los actos de inauguración de hospitales en la Comunidad de Madrid- agresiones a cargos del PP incluidas-, o de cortar la señal de Telemadrid, al estimar que no existe “pluralidad informativa”. Quizá lo suyo sería dejar de hacer seguidismo con un Gobierno al que esta crisis le viene sumamente grande y velar por los que realmente necesitan apoyo laboral. De paso, también podrían dejarse de partir lanzas, y colaborar en lo posible ante la crisis que sufre España. Las lanzas están muy caras, y las de los sindicatos las pagamos todos.
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