El campo vuelve a las rutas
domingo 05 de octubre de 2008, 17:03h
El campo ha vuelto a las rutas, si bien su movilización ahora es más prudente que hace varios meses cuando los núcleos ruralistas bloquearon caminos y rutas nacionales en gran parte del territorio. La agitación rural se había calmado después de la histórica votación en el Senado, cuando el Vicepresidente Cobos emitió su voto “no positivo”, sepultando asi las retenciones móviles a la exportación agropecuaria. Pero varias cosas ocurrieron desde entonces, todas ellas con efectos negativos sobre las producciones del campo. En primer lugar la gran caída de los precios internacionales de las commodities, causada por la turbulencia financiera internacional. Cuando se estaba votando en el Senado en el mes de julio el precio de la soja superaba los 600 dólares, ahora está por debajo de los 400; algo similar ocurre con el trigo, el maíz y las carnes. En segundo lugar tenemos la adversidad climática, hay una gran sequia no solo en el Nordeste (Chaco, Salta y norte de Santa Fe), sino también en la propia pampa húmeda (Córdoba, Sur de Santa Fe y Buenos Aires). La cosecha de trigo viene mal, se ha sembrado mucho menos y algo parecido puede ocurrir con la siembra de maíz. Finalmente, los costos internos medidos en dólares siguen trepando ya que la inflación sube más rápido que el tipo de cambio, esto ocurre porque el gobierno acude al control del tipo de cambio como herramienta para frenar la inflación, que así se ha moderado en las últimas semanas. Todos estos factores han contribuido para reducir drásticamente la rentabilidad de las producciones agropecuarias, particularmente de las zonas marginales donde los márgenes de producción ya lucen negativos. Hace tres meses se discutía el reparto de la renta extraordinaria, ahora la movilización rural pretende minimizar los quebrantos que lucen importantes en las zonas más alejadas de los puertos de embarque.
El gobierno enfrenta ahora un cuadro mucho más complicado que el imperante en el primer semestre. La crisis internacional amenaza afectar el nivel de actividad interna, ya que hay signos claros de debilitamiento de la demanda, por ejemplo en la industria textil y en la automovilística. El debilitamiento del crecimiento económico afecta directamente la recaudación tributaria, agravando así el cuadro fiscal ya que los impuestos a las exportaciones caerán seguramente por la reducción en los precios internacionales de los commodities y por la reducción en las áreas sembradas, a lo que habrá que adicionar caídas de producción asociadas con el menor uso de fertilizantes por el aumento de costos internos. Todo esto también impactara negativamente sobre la balanza comercial, vía menos exportaciones y probablemente altas importaciones estimuladas por el control de tipo de cambio. En este cuadro no será nada fácil acceder a las demandas del sector agropecuario que apunta ahora a disminuir los altos gravámenes a la exportación, que alcanzan al 35 por ciento del valor FOB de la soja, al 28 en el trigo y al 25 en el maíz. Recordemos que Argentina grava prácticamente todas sus exportaciones, por ejemplo aplica 10 por ciento a las frutas, pescados y hortalizas, entre 20 y 32 por ciento a los aceites, y 5 por ciento a productos como vinos, indumentaria, calzado y muchos otros productos industriales como vehículos, aluminio, plásticos y acero.
En una comparación de estructuras tributarias en América Latina, que incluye todos los países del Mercosur, queda en evidencia que nuestro régimen tributario es el que más desalienta la producción exportable (nuestros gravámenes al comercio superan en 7 veces a los del Brasil y en 8 veces a los de Chile). Pero al mismo tiempo, recaudamos impuestos a las rentas y ganancias de capital por debajo de los niveles de estos dos países, que tienen un comportamiento exportador más dinámico que nosotros.
Si nos comparamos con Brasil, vemos que nuestros gravámenes al comercio son superiores en 2,9 puntos del PBI, pero son 2,3 puntos del PBI inferiores en la recaudación de impuestos a las ganancias. Aún más notable es la comparación en Chile, recaudamos 3 puntos del PBI más por cargas al comercio exterior, pero 3 puntos menos por impuesto a las ganancias. La estructura tributaria chilena no castiga las exportaciones pero recauda impuestos a las rentas y ganancias de capital. Estos son buenos y además cercanos ejemplos que convendría considerar, ya que son países con gobiernos preocupados no sólo por el crecimiento económico sino también por la equidad tributaria. Es hora que esta cuestión integre la agenda de nuestras políticas públicas.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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