El delantero se siente engañado por la directiva catarí. Con él se iría también su protegido, el gestor Luis Campos.
Kylian Mbappé se quiere ir de París en enero. Así lo atestiguan desde los medios de comunicación franceses más próximos al París Saint-Germáin. Según las informaciones de 'Radio RMC', 'L'Équipe' y 'Le Parisien', el delantero de 23 años se lo ha comunicado formalmente ya a los directivos cataríes del club capitalino. No piensa esperar más a que Nasser Al-Khelaifi -presidente- y Antero Henrique -directivo traído de Catar para el mercado de fichajes- cump0lan con las promesas que le pusieron sobre la mesa durante el pasado verano. Esas promesas que le convencieron para que no fichara por el Real Madrid y renovara su contrato, pasando a ser el futbolista mejor pagado del planeta.
El relato señala que el atacante recela de sus jefes hasta el punto de sentirse "traicionado". La cúpula del PSG le mostró antes de conseguir su firma un plan en el que se cumpliría cada detalles de su proyecto para el equipo. Le trajeron al portugués Luis Campos, directivo que le había llevado al estrellato en Mónaco, contrataron a un entrenador de perfil bajo como Christophe Galtier y le subieron el sueldo hasta casi lo incomprensible -83,6 millones de euros por temporada hasta un total de 251 millones en tres años, tal y como ha desvelado 'The New York Times'-.
Asimismo, le prometieron que iban a reducir la pompa de la plantilla. Al-Khelaifi lo proclamó a los cuatro vientos en sus comparecencias ante los medios -"se acabaron los lujos en el PSG"- y emprendieron un intento por rellenar de juventud francesa al vestuarios. Tratativa que pasaba por la contratación de nombres como Aurelien Tchouaméni y Ousmane Dembèlè. Ninguno de ellos ha llegado al Parque de los Príncipes. Tampoco lo ha hecho una petición expresa de Mbappé: el fichaje de un delantero centro referencial de élite. Según se ha sabido por medio de la prensa francesa, Kylian señaló que le gustaría jugar al lado de Robert Lewandowski. Para conseguir este objetivo, además, debía salir Neymar.
Pues bien, nada de eso ha ocurrido. 'Lewy' marca goles a ritmo frenético en Barcelona y 'Ney' sigue en París. Y lo hace, sin pestañeos, rivalizando con el propio Mbappé. Sin ahorro de gestos negativos hacia su compañero cuando se le pregunta por su relación con el campeón del Mundial 2018. Esta deriva ha ido quemando a Kylian. Entiende el delantero francés que no se ha mejorado el potencial atacante del equipo y tampoco se ha reforzado la medular como le habría gustado. Y lo que es peor, lleva semanas jugando en una posición que le merma su rendimiento. Ante la ausencia de un '9' posicional, Galtier le ha establecido en el rol de delantero centro, en una suerte de facilitador para las llegadas diagonales de Lionel Messi y Neymar. El argentino y el brasileño tienden a centrarse, para más inri, al disponer de carrileros largos el esquema.
El resultado es una producción goleadora inferior a la de la pasada temporada para Mbappé. Y se han multiplicado sus quejas. El pasado 22 de septiembre se refirió a este entuerto mientras permanecía convocado con la selección francesa. "Aquí me piden cosas diferentes que en el club. Tengo mucha libertad aquí. El entrenador sabe que hay un número 9 como Olivier (Giroud) que se ocupa de las defensas y yo puedo buscar los espacios, pedir balones. En París eso no pasa, me piden que haga de pivote, es diferente", señaló. Poniendo en valor el trato preferencial que recibe del seleccionador Didier Deschamps.
El último desprecio de Kylian se ha visto el pasado fin de semana, tras empatar a cero goles ante el Reims. Publicó en sus redes sociales un mensaje con la etiqueta "pivotgate", desatando un incendio al respecto. Este martes ha visto la luz su petición de salida en enero, después del Mundial de Catar. Se sabe que la directiva catarí del PSG estaba empeñada en retenerle, al menos, hasta la disputa del torneo mundialista. Le ven como un activo trascendental en la imagen exterior del país. Así las cosas, esta noche jugará en París frente al Benfica, en un duelo importante dentro de la fase de grupos de la Liga de Campeones. El delantero está bajos los focos más que nunca y deja entrever en público su descontento. La situación sigue subiendo de temperatura, con dos años de contrato -y un tercer curso opcional, que recae en la voluntad del jugador-.