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TRIBUNA

La herencia de un genial polémico escritor

sábado 15 de octubre de 2022, 19:15h

André Gide fue el primero en reconocer que el belga George Simenon era un enorme escritor. Para Pablo Neruda fue un poeta de la prosa que llevó la novela policial a su máxima expresión literaria. A esto se debe agregar que fue además el narrador de mayor fecundidad del siglo XX. Bajo su nombre publicó más de 200 novelas y cerca de 50 obras aparecidas bajo 17 seudónimos. Las asombrosas tiradas de sus libros contabilizan 550 millones de ejemplares. Simenon, como Borges, fue otro ser literario que decía no recordar una época de su vida en la que no supiera leer; esto lo cuenta en el comienzo de su novela Pedigree, una de las más autobiográficas. Ulyses Petit de Murat, que fue con Georges Simenon y Henry Miller jurado en el Decimotercer Festival Internacional de Cannes de 1960, lo recordaba como un apasionado conversador ameno y divertido.

Nacido en Lieja, el 13 de febrero de 1903, Georges Joseph Christian Simenon escribió toda su obra en lengua francesa. Su educación empezó en un colegio jesuita, y siendo adolescente fue reportero de la sección “Sucesos” del periódico conservador La Gazette de Liège. Esta etapa periodística fue, a la edad de dieciséis años, una experiencia extraordinaria que le permitió conocer los recovecos de su ciudad, tanto en la política como en la criminalidad; asimismo, pudo adentrarse en la vida nocturna donde conoció los ambientes marginales de los bares y burdeles, y aprendió a describirlos de manera eficaz. Durante este periodo se interesó particularmente en las investigaciones policiales y asistió a conferencias sobre los métodos científicos impartidos por expertos criminalistas.

En aquella época juvenil, bajo el seudónimo de “Monsieur Le Coq”, se destacó también como humorista; paralelamente, no dejó de escribir artículos donde profundizaba sus conocimientos sobre el ambiente nocturno, la prostitución, la ebriedad y las casas de cita. Sus exploraciones de los bajos fondos lo hicieron amigo de dos asesinos que encontraremos en su novela Les Trois crimes de mes amis. Inquieto investigador, frecuentó además a un grupo marginal, denominado “La Caque”, aunque sin comprometerse realmente. Durante esa época conoce a una estudiante de Bellas Artes, Régine Renchon, con quien se casa en 1923. Ese mismo año el matrimonio se instala en París.

Devoto de la noche, escudriñador de lugares non sanctos, el joven Simenon, tomándose como modelo, profundiza en su vida desordenada. La gran capital lo deslumbra y empieza a amarla por sus delirios, sus contradicciones y sus perversas delicias. Escribe poemas y publica un par de libros artesanales sin obtener reconocimiento; un amigo lo acerca a la tertulia que comanda Cocteau, pero entiende en seguida que su destino literario está en la narrativa y prefiere intensificar la frecuentación de suburbios y sitios de mala muerte. Se hace habitué de cafés, cervecerías y “embrujados restaurancillos”, que le descubren el vino Beaujolais, del que se hace adicto, junto con los embutidos y los sencillos platos adobados. Así, también la gastronomía será un leitmotiv secundario, aunque no menos trascendente en las novelas del comisario Maigret (bástenos recordar al personaje en una de sus típicas escenas en la que ordena bocadillos y vino “para distraer el estómago” en el curso de una investigación, durante una autopsia o en un interrogatorio). En esos escenarios Simenon nos describe el ambiente parisino de artesanos menesterosos, conserjes desabridos y tipos miserables de doble vida. Sobre ellos empieza a escribir; en ocasiones bajo diferentes seudónimos y su creatividad le asegura un éxito financiero inmediato. Hacia 1930, en una serie de novelas cortas, elaboradas por encargo de un diario, aparece por primera vez el personaje del comisario Jules Maigret, llevado por él a la celebridad.

Que Pablo Neruda era un buen lector de novelas policiales no es novedad. Tampoco que lo conoció y trató a Simenon muy de cerca (“Como éramos ambos fanáticos del fumar en pipa, hicimos un intercambio de cachimbas”, recordaba el chileno exhibiendo una pipa de agresivo diseño en su mano); en la biblioteca de Pablo abundaban los libros de Simenon acompañados por los de Jim Thompson y David Goodis, Raymond Chandler y Patricia Highsmith (no faltan al respecto los que aseguran que desde adolescente lo apasionaban las novelas de Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, la gran dama del misterio, a la que conoció en Londres e intercambiaron cartas. En una oportunidad que lo visité en su casa de Isla Negra hablamos de la colección de El séptimo círculo, que dirigieron Borges y Bioy Casares. “La gente pretende mostrarme enfrentado a Borges; sí bien es cierto que no coincidimos en el enojoso asunto político, ya que él es un anarquista de derecha y yo soy un anarquista de izquierda, ambos somos fanáticos de la novela policial y eso nos hermana”, me confesó.

Pero volvamos a los pasos del prolífico George Simenon. Hacia fines de la década del ’50, el comisario Jules Maigret fue llevado al cine por el director Jean Delannoy con Jean Gabin, que lo personifica popularizándolo bajo su particular carisma y talento. En esa oportunidad, Maigret se enfrenta a un peligroso psicópata adicto al asesinato de mujeres. Después de duros interrogatorios y de una meticulosa investigación a la vieja usanza, el comisario Maigret aclarará el crimen. A ese filme siguieron otros y Gabin se convertirá en el arquetipo del detective creado por Simenon.

De manera inapelable el tiempo sucede y muchas cosas, con distintas circunstancias, se van sumando. Nunca está todo dicho. Encuentro ahora que el dúctil y personalísimo actor Gérard Depardieu, siempre eficiente en sus actuaciones, ocupa ahora el centro de la escena para personificar a un recobrado Jules Maigret. En esta oportunidad Depardieu está dirigido por el exitoso Patrice Leconte (El hombre del tren, Mi mejor amigo y La viuda de Saint-Pierre). El filme, una vez estrenado, aparece envuelto en inesperadas acusaciones, por supuesto no probadas, pero que en este caso sirven de carnada al extremo feminismo; también a la nueva realización.

Sucede que en esta entrega cinematográfica, aparece John, el hijo de Simenon, a cargo de la producción del filme, quien como albacea, además de recorrer una obra inagotable, trata de contener el estigma que pesa sobre el informal y transgresor escritor; en especial por haber deslizado en un diario de vida (sin duda como una forma de presumir o una hipérbole, o una manera particular de bromear, por qué no) que por sus brazos pasaron cerca de “diez mil mujeres”; un caso parecido al de nuestro escritor Adolfo Bioy Casares, que para sincerarse (o pavonearse) hacia el final de su vida publicó una imprudente lista de sus amantes.

Todas estas acusaciones sin tener en cuenta que Simenon, además de hombre de hogar, fue un padre ejemplar, tal como lo defiende su hijo John. Pero, está claro que el feminismo ortodoxo no perdona y lo ha condenado como a tantos hombres de genio (entre ellos al mismísimo Pablo Neruda, ya mencionado como fanático lector del belga), para pasarle despiadadas facturas por ligerezas de su pluma.

Pero vayamos al filme que acabo de ver por internet. Patrice Leconte nos ubica en los años 50, en pleno corazón de la capital de Francia, donde aparece el cuerpo de una humilde muchacha ataviada con un traje de gala empapado en sangre. Maigret se hace cargo del caso, pero tiene muchas dificultades para identificar siquiera a la víctima, una joven de veinte años que no llevaba consigo ningún documento que pudiera ayudar a reconocerla.

Todo sabemos que el personaje de ficción Jules Maigret es un héroe (o antihéroe) que ha resuelto delitos complejos durante décadas y hasta conecta muy bien con la inocencia de los niños, la miserabilidad de los marginales, los prejuzgados extranjeros, las mujeres de la vida y es, sobre todo, un oyente que tiene gran apertura para prestar toda su atención a lo que los demás le cuentan. La paciencia del detective es su marca distintiva. No quiere resolver enigmas ni rompecabezas porque sí. Lo que hace es aclarar a las personas, tratar de entenderlas y eso requiere tiempo y empatía. A él le atraen todas las variables de la existencia; vale decir, el género humano en general. El perspicaz comisario no subestima a nadie. Ni siquiera a los criminales. Quizá, en alguna ocasión, un poco a los ricos que lo exasperan cuando intentan imponer sus privilegios.

En cuanto a esas actitudes de “incomparable seductor que se la pasó atrapando de mujeres”, junto a las palabras que pone en su propia boca -y hasta pueden escandalizar-, quizá no hay que tenerlas en cuenta; menos aún sin olvidar que Simenon era también un gran humorista y lo de sus tantas mujeres fue tal vez solo una broma. “Mi padre no era un Casanova ni un Don Juan -lo justifica su hijo-; era un hombre enamoradizo y con fuertes impulsos sexuales; pero nunca fue un violador. Cada vez encontramos más libros de hombres y de mujeres que cuentan sus experiencias personales. Eso no es razón para que se lo inculpe a él”. De esta forma el activo John Simenon, heredero de los fructíferos derechos de su padre se enfrenta con decisión a las curiosas y agraviantes acusaciones que, como en el caso de Neruda, Bioy Casares y tantos otros, han sido producto de una “imprudencia de autor” o de un inocente sinceramiento.

George Simenon anunció un día de 1972 que abandonaría la literatura y lo cumplió. Sin embargo, aunque dejó de escribir ficción y retiró al comisario Maigret a una vida bucólica, no cumplió del todo con su palabra. Otro voluminoso proyecto lo esperaba. En este caso sus polémicas Memorias íntimas, una sabrosa autobiografía que es un caudal de experiencias de más de 1200 atrapantes páginas, publicada poco antes de morir en 1986. Se agregan entonces estos nuevos textos al universo Simenon, que no fue solo el imaginativo creador de héroes y rufianes sino también de un personaje donde el humor -justifiquémoslo así- se revela como otra de sus máximas virtudes.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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