El escenario político actual en esta gran Nación que es España, me demuestra en forma ostensible (salvo las honrosas excepciones de siempre y por ello sin generalizar), que la grandeza conductiva de los políticos en este presente, “si por algo ha brillado es por su ausencia, abriendo oscuros espacios para que en ellos se refugien la mediocridad, la insanía, la perversidad, en quienes no responden a la suprema ventura de servir con honradez y altura ética y moral a sus semejantes.
Se han olvidado que no son más que meros representantes de la voluntad popular que los han legitimado formalmente con su voto, para luego ellos hacer lo contrario a lo prometido y embarrando la situación, manipulando, mintiendo y beneficiándose en los privilegios que emanan de su impunidad, empezando por decretar a su favor altos ingresos, y no tener la misma generosidad, hacia el pueblo que los encumbró, al montarse en el corcel de la soberbia que, cual caballo desbocado arremete hacia una deriva sin destino…
Empezando por el actual timonel, en mi concepto el máximo responsable en cuanto acontece en su siniestro mandato, con sus endemoniados instintos para terminar envuelto en una maraña de mentiras y manipuleos de los que le será imposible desprenderse.
Porque cuando se llega en forma mezquina e irresponsable tan pero tan lejos, le resultará imposible volver a un escenario de normalidad y no llegará a puerto seguro alguno, y mucho menos con el descaro de su soberbia contestataria, tras la que oculta oscuros propósitos al tropezar con sus propias trampas que lo aproximan en forma alarmante, como ya lo he manifestado en otras entregas para este periódico digital de El Imparcial, a seguir cavando su propia fosa política en la que quepan, él y cuantos lo secundan en cargos ministeriales y demás designaciones irracionales, con las que les paga su culpable complicidad…
Pero nada al fin resulta gratuito para quienes somos más, sino pagando sus costosísimas facturas que, por supuesto no las paga él, sino todos los españoles y cuantos hemos optado por residir en esta gran Nación.
Y lo pagarán también las nuevas generaciones, nuestros hijos y nietos, por el tembladeral que van dejando a partir de los acuerdos y pactos sobre los cuales ya no tenemos más calificativos para definirlos, que resumimos así: “¿qué han hecho de la grandeza?”
Porque es imperdonable el daño en las semillas enfermas que han sembrado con sus desvaríos insensatos, en la economía, en la impagable deuda financiera, con índices que de seguro superarán el tiempo de su mandato debido al crecimiento imparable del Presupuesto General del Estado.
Lo han llevado a un incontrolable desmadre (creando ministerios innecesarios, designando colaboradores, asesores, direcciones, choferes, custodias, etc., en forma desproporcionada), como forma deleznable de comprar voluntades, para que las nuevas generaciones ya nazcan con pesadas e injustas hipotecas, que ponen en peligro su realización plena por sucesivos obstáculos injustos en su caminar, y eso, no lo podemos consentir, ni silenciar.
Y todo eso para que el timonel se mantenga en su poltrona en La Moncloa, su mayor ambición, importándole muy poco los enfrentamientos, las heridas causadas a la paz social, y sepultar con sus indolentes olvidos, todo cuanto se ha ganado en equilibrio presupuestal, concordia y unidad, que propiciaron décadas de prosperidad y desarrollo, por obra y gracia de quienes sí apelaron a la grandeza…
Y también, no menos importante e igualmente injusto, para que todos tengamos que soportar el agravio de insultos, amenazas y chantajes, de quienes son declarados enemigos de esa España que han marchitado, para que políticos con ideas trasnochadas, separatistas, bilduetarras en alarmante complicidad con asesinatos no resueltos, ocupen ahora cargos en Las Cortes de la Democracia que han herido y vilipendiado, tengan el inmerecido beneficio de una política carcelaria que los ampara, le falten el respeto a los valores Constitucionales, a las Sentencias de los Tribunales de Justicia y a las Normas Legales en vigencia, esmerados también en arrojar tinieblas sobre la Monarquía Parlamentaria que todos los españoles se han dado, al haber intentado sus propósitos de “cualquier modo”, como siempre atropellando…, sin medir consecuencias, sin respetar los límites y derechos que amparan a los demás, que por otra parte forman una aplastante mayoría.
Pero a ellos, todo les da igual en este cambalache cuasi circense, porque conocedores del sistema que los ampara, han preferido el desmadre de utilizarlo para sus desmanes, para sus propios beneficios que emergen de los espacios de poder y la impunidad que ostentan con su aforo parlamentario…
Y si faltara algo, a ese corolario de osadías en las que han caído, teniendo apenas una legitimidad meramente formal porque los han votado, carecen en mi concepto de la garantía esencial de estar afianzados en la flechada deriva de sus pasos, al no tener consentimiento expreso para hacer lo que han hecho de parte de sus votantes…
Incluso, brindando espacios para que algún falso conductor político, tenga el descaro de tildar a todos los españoles como “víboras carroñeras con graves taras en su ADN” y cuantos disparates que ya no vale la más mínima pena citar…, ante los cuales se silencian y se arrodillan mendicantes quienes desde el gobierno no tienen el coraje de “pararles el carro”, porque los necesitan.
Hasta he llegado a pensar, que responden a siniestras ideologías globalizadoras, endiabladas, teñidas por más que las disimulen, de los más viles objetivos…
Personajes así, no pueden ofrecer lo que no tienen, que es grandeza, ni siquiera el más mínimo atisbo de esa cualidad, en mi concepto, esencial.
Lo que sí tienen, es falta de ética y moral, de respeto a personas e instituciones, porque lo han marchitado todo, con agravios, insultos, puertas giratorias, actos corruptos, descalificaciones, violencias, odios, rencores, “ruindades y “rufianadas”, aprovechando espacios que les quedan muy pero muy grandes, ofendiendo a la Democracia que de palabra dicen defender, pero que agravian constantemente.
No formo parte activa de ninguna corriente política, que no quiere decir que no tenga mis ideas al respecto, pero entiendo que se les debe enfrentar con programas políticos con firmeza y coraje conceptual, porque los liderazgos en las ideas y proyectos que puedan rescatarnos de este tembladeral insensato, los veo justamente, en las personas, muy pocas, que están en un segundo plano del mapa político actual (las honrosas excepciones que ya asoman) que todavía no han alcanzado el lugar conductivo que les corresponde, y lo comento con honda pena, con responsable vigor, pensando en el rescate y la salvación de todos en el sentido más amplio que puedo concebir.
Sí formo parte comprometido e involucrado con cuanto promueva y enaltezca la Libertad, y la Dignidad que por derecho natural nos corresponde; la libertad religiosa, la libre expresión del pensamiento, el imprescindible derecho de cada quien de mantener sus ideas, mientras que su obrar no hiera ni atropelle, el derecho y los límites de sus semejantes…, justamente, porque desde temprana edad en mi tierra natal, se nos inculcó una Verdad que ha sido y es para mí un lema irrenunciable, que es: “Promover la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginaria”
Yo en mi largo vivir, he visto esa película y esas negaciones también en otras latitudes, en las que el absolutismo de dictaduras, algunas de ellas cómplices de narcotraficantes y otras con su permanencia a perpetuidad por la ofensiva deriva dinástica de conductores en tiranías con raíces hereditarias, sin participación de sus pueblos, siempre bajo el yugo de ser postergados, marginados, y en tantos casos, expulsados de sus tierras, para formar parte del éxodo de desesperados que hacen cualquier cosa por encontrar un resplandor para sus vidas, como el de lanzarse a los mares, y sucumbir en el intento…
Y ante tantas barbaridades, apelo al sentido común de no excluirme, al sumarme “a la resistencia” en las diversas formas que ella se expresa, para enfrentar y denunciar de qué forma se nos subestima, y por ello, a no permitirme la cobardía de silenciarme…