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TRIBUNA

El matasellos de Correos

domingo 13 de noviembre de 2022, 18:27h

No con un sello, sino con un matasellos debiera recordarse al Partido Comunista Español. Matar ha sido el verbo preferido del comunismo. Aún hoy se sigue conjugando terroríficamente sobre la vida de millones de seres humanos.

“Te escribo en un momento en que no sé qué me pasará mañana. Dos españoles que trabajaban junto a mí en la embajada argentina no consiguieron recibir visados y decidieron huir escondidos en los baúles de unos diplomáticos argentinos con los que se pusieron de acuerdo. Tuñón cogió el avión y Cepeda tuvo que volver, ya que no tuvieron suficiente dinero para pagar el sobrepeso de equipaje. Pero ya en el aire Tuñón sintió que se ahogaba y empezó a dar golpes contra el baúl. Fue descubierto y arrestado. Cepeda fue arrestado al día siguiente. Creo que también me cogerán a mí. Si me pasa algo, te enviarán esta carta. Oculta esta triste noticia a nuestros viejos, porque podían morir del disgusto. Pero explica este caso a los compañeros, que todos sepan cómo nos tratan aquí. La culpa directa por todo ello la tienen los líderes cirminales del partido comunista español, que se han vendido a Moscú, convirtiéndose en sus agentes. Aquí están sus nombres: en primer lugar, Dolores Ibárruri, maldito sea su nombre y que los perros se coman sus huesos. Después: José Uribes, Carlos Rebellón, Claudín, Vicente Uribe, De Diego. Esta gente no podrá irse nunca de Rusia porque cualquier español honesto considerará el exterminio de estos personajes un honor. Hoy ha caído Tuñón. Pero mañana pueden ser otros. Todos callan. Los derechos no existen. Que nada te pare. Cuéntalo hasta el criminal Franco, ya que es ante todo un español y no vende a los suyos”.

La carta fue escrita en 1948 por Julián Fuster Ribó, conocido en el Gulag soviético como “el español Fuster”. Nacido en Vigo en 1911, se licenció en 1935 por la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona ejerciendo como cirujano en Cataluña. Militante comunista desde muy joven, al comenzar la Guerra civil española se alistó en la Columna Carlos Marx como jefe de Sanidad para combatir a los sublevados. Al terminar la contienda, se exilió a la URSS, país al que admiraba, especialmente, por la ayuda que prestó al bando republicano en la guerra española. Al comenzar la II Guerra Mundial, se incorporó al Ejército Rojo como médico militar. Y finalizada aquella, el doctor Fuster ejerció la medicina en el Instituto de Neurocirugía de Moscú. Sin embargo, pronto se desencantó ante la crudeza del paraíso estalinista. Lo mismo que otros españoles allí residentes y desesperados: exiliados políticos, marinos y pilotos de la República, “niños de la guerra” y maestros de éstos. Muchos anhelaban salir de la URSS pero los propios dirigentes del Partido Comunista Español se lo impidieron en connivencia con las autoridades soviéticas. Quienes insistían, como Fuster, fueron expulsados del Partido y marginados social y laboralmente. La profesión médica del español se truncó, viéndose obligado a buscar trabajo, que encontraría en la embajada argentina en Moscú como traductor. En 1948, por el intento de fuga a través de los baúles diplomáticos, fue detenido como cómplice, torturado en la Lubianka, y acusado de espionaje y de propaganda antisoviética. Sería condenado y enviado al Gulag en el campo de Kengir, del que saldría en 1956. Durante su cautiverio, como médico salvó muchas vidas de prisioneros, incluso la de algunos de sus guardianes, siendo reconocida su pericia cirujana pero también su valía humana. Hasta el Premio Nobel de Literatura, Alexander Soljenitsin, cita al “preso español Fuster” en su famoso libro Archipiélago Gulag. Finalmente, en 1959 pudo abandonar la URSS reencontrándose con su familia en Cuba, país del que huyó inmediatamente al comprobar la realidad comunista. Tras residir tres años en el Congo, dentro del marco de un Programa de la Organización Mundial de la Salud, volvió a España y pese a su pasado en el bando rojo, pudo ejercer la cirugía en Palafrugell, donde murió en1991. La historia de Fuster es detallada por la escritora rumana Luiza Iordache en su libro Cartas desde el Gulag. Como tantas víctimas del comunismo español pero también internacional, Fuster nunca habría imaginado que en una España democrática y de libertades se cometiera la infamia de emitir un sello de correos para conmemorar a una organización asesina.

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