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La corrupción hace tambalearse a Alan García

jueves 09 de octubre de 2008, 00:22h
El último escándalo de corrupción que ha sacudido al Gobierno peruano coloca a su presidente, Alan García, al borde del abismo político. El dirigente atraviesa sus horas más bajas de popularidad: su gestión solo es aprobada por el 19% de la población según las últimas encuestas. Ahora, el estallido de un nuevo episodio de corrupción, que se suma a los que tuvieron lugar durante su primer mandato, entre 1985 y 1990, amenaza con dilapidar la imagen presidencial.

La opinión pública peruana ha quedado conmocionada después de conocer la existencia de unas grabaciones en las que se pone de manifiesto la comisión de sobornos a nivel gubernamental. Concretamente, se trata de unas conversaciones telefónicas entre uno de los directivos de Petro Perú, empresa petrolera estatal, y un representante de la compañía petrolífera noruega Discover Petroleum. Al parecer, este último sobornó a la sociedad estatal para conseguir licencias de explotación en ubicaciones preferentes de la costa y el litoral peruano. El caso, que se encuentra en manos de la Justicia, ha provocado la dimisión del ministro de Energía, Juan Valdivia, y del presidente de Petro Perú, César Gutiérrez. Además, Alan García ha destituido al directivo que aparecía en las conversaciones. Sin embargo, es posible que nos encontremos ante la punta del iceberg de una trama de corrupción que podría salpicar incluso al primer ministro del país, Jorge del Castillo, cuyo nombre es mencionado en algunas de las conversaciones que están siendo investigadas.

Si la situación de Alan García no era nada cómoda antes de este escándalo, el descubrimiento de la trama le ha puesto en una coyuntura crítica. El martes, miles de personas se echaron a la calle en distintas ciudades del país para protestar contra la corrupción y las medidas económicas de García. Además, el suceso ha sido aprovechado por los opositores al Presidente, que de forma recurrente le recuerdan los actos de corruptela cometidos durante su primer mandato. La corrupción representa un tema muy sensible para la opinión pública peruana y, por lo tanto, parece probable que el nuevo escándalo no beneficie al actual mandatario a remontar en algo su baja popularidad actual. La inflación que afecta a la economía peruana, el aumento del precio de los alimentos y el nuevo escándalo hunden la popularidad del actual presidente peruano y, al mismo tiempo, refuerza el "fujimorismo" (representado por Keiko, la hija de Fujimori).

A diferencia del primer mandato, populista y antiimperialista, la nueva gestión presidencial parece más madura e insertada en el contexto latinoamericano. Durante este nuevo periodo, García ha consiguiendo la ratificación del tratado de libre comercio con Estados Unidos o la aplicación de una férrea disciplina fiscal. Pero, al mismo tiempo su gestión resulta ampliamente cuestionada por la población, que vive con la percepción extendida de que los beneficios están destinados a unos “pocos”.

Por eso, Alan García tendrá que elegir entre declarar efectivamente la guerra a la corrupción, como ha anunciado, o tratar de encubrir el turbio asunto, como ya intentó en otras ocasiones. Tomando en cuenta la experiencia anterior y considerando que tiene muy poco que perder, el mandatario no debería desaprovechar una oportunidad para demostrar ‘tolerancia cero’ a la corrupción y apostar por un gobierno trasparente.
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