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TRIBUNA

Hacer del corazón la novela

martes 06 de diciembre de 2022, 18:36h

Si existe, es siempre igual, citando a JRJ. No le faltaba razón, pero encontraremos diferencias en cada uno de ponernos a investigar, sin poner en entredicho la frase. El corazón es como la casa: idéntico en su función de espacio que habitar, y se aflige del mismo modo cuando reparamos en su inutilidad, en que ha ido perdiendo y sin remedio se ha oscurecido la intención que llevó a pensar que iba a ser para siempre la casa de la vida, una donde atrincherar nuestra vida fácil y no se amedrentasen los sueños sólo porque fuera de sus muros corriesen el riesgo de evanescerse; algo temido, pocas veces vencedores frente a la realidad furiosa e hiriente.

Las lecturas, los muebles, las personas que vivieron años ―o una breve temporada que fuera igualmente intensa o larga que los mismos―, los avatares y cacharrerías con que son llenados actúan de bombeo. Procuran que sigan en pie y aguanten los embates, mantengan su razón de ser. Quizá, podemos pensar llegado el caso extremo de pesimismo, fuera todo ello un grave error y debiéramos vaciar casa y corazón de trastos y afanes más a menudo. No tensar las confianzas hacia este nombre u objeto que fue amado sino desencantarnos, despegarnos de él sin cargo de conciencia. Lamentarse al final no es más que consecuencia derivada, resto de los restos.

Tarea difícil para un escritor. Son gente y oficio tendentes al cosismo. Está implícito en su práctica el aglutinar historias y experiencias para saber mejor cómo contarlas o inventar similares. Nada nuevo bajo el sol lo que uno pueda añadir respecto a la naturaleza de la literatura.

De las hondonadas de la angustia a las del feliz reencuentro con viejos temas que creía guardados, va sacando Miguel Sánchez-Ostiz mil y un recuerdos que embala y desembala ―con su biblioteca de pretexto y motor― en Viaje alrededor de mi cuarto (Novela desordenada). Libro de recuento, novela desordenada y que crítico de turno o lector decida si lo es verdaderamente o no. Rosario de creencias perdidas o mantenidas, álbum familiar y de amistades, galería de humores y sinsabores, ecos de cauces que corrieron con nuestra mano dentro en épocas fecundas y de otros que ya secaron y algo de pringue dejaron que aún cuesta sacar bajo las uñas. En suma, la historia de uno y quienes participaron, los créditos intactos u omitidos de los que en un momento contaron. ¿Llegó este título por disposición vital, por pérdida de fe que invitó a echar la vista atrás y sopesar qué, cuánto ha quedado? No creo se deba a tan dramática causa. Es cierto que el encierro pandémico, que es cuando empezó a escribir dichas entregas ―iba dejando pistas en su blog, menciones directas según fue terminándolo―, ayudó a colocar los episodios del Viaje para tomar el cuerpo con el que finalmente salió de imprenta. Desde su habitación plagada de tomos y enseres, con vistas a los prados de Arizkun, que es normal presuma de ellos por evidente hermosura, el autor expresa qué ha sido posible para estar ahí, pudiendo todavía y con ganas de narrar qué ha merecido de su existencia.

Con generosas fotografías acompañando al texto, Sánchez-Ostiz tira de honestidad y mismas dosis de humor negro y acidez al tocar la memoria, ahí donde duele, según Seferis. Es inevitable, sea por las horas alegres, las bravuconadas o los fallos, las distancias insalvables que tampoco necesitan de una purga o reparo, no, simplemente se dejan expuestas: todo forma parte del tesoro que alguna vez quisimos enterrar para tiempo después regresar y comprobar su estado, si seguirá brillando o habrá sido sustituido por capas de mugre sin gloria. Tenemos que conformarnos, a otros les fue peor, y no es consuelo de tontos, no siempre.

Tiene este Viaje alrededor de mi cuarto mucho de pasillo secreto, puerta falsa conectada a su obra reciente o más celebrada. Especialmente la de continuo mencionada Moriremos nosotros también, desbarre de los años más tumultuosos de su juventud. Como seguidor de su bibliografía, y recorriéndola actualmente, celebro que estas memorias amplíen y desvelen acontecimientos hasta ahora inéditos. No tenía por qué sacarlos a la luz, igual para muchos es innecesario saberlos, pero forman parte del compromiso con su dictado y ningún remordimiento por ello. Siendo la ristra de novelas, diarios, libros de poemas, ensayos y misceláneos tan extensa, viene bien este claro en el que observar de dónde vino ese deseo, qué derrotero fue más costoso superar, el rumbo último y su divergencia con el originario.

La particularidad, dentro de sonarnos familiares algunos pasajes, son ciertos camaradas con los que vivió divertidas anécdotas, rara vez tranquilas, y que en su literatura han reaparecido numerosas veces con otros nombres. El Moro, el Lejía, entre otras balas perdidas y queridas figuras de sus días y noches bravas (véase también su Perorata del insensato). Es la amistad, el humor y la bonhomía lo que ha salvado la vida a Sánchez-Ostiz, como ha respondido en alguna entrevista en prensa, sin renegar de las oscuridades, las depresiones feroces que, injusticia y sabor desagradable dejan, han dado páginas realmente bellas. Un ejemplo de elección propia, su dietario de 1989 Literatura, amigo Thompson. Magistral, y la andanza de su editor y relación de amistad mantenida, un sincero homenaje para no sentir del todo su partida del mundo durante los meses duros de confinamiento.

Hay libros, faltaría más. Cientos. Detenerse sería robar protagonismo a este Viaje. Pasarán a mejores manos, serán releídos, conservados por gratitud a cierta etapa. Hay cuadros. Hay muchas visitas a mercados de pulgas y rastros de países distintos. Hay material de derribo y cada pieza con su sentido y significación, desde las piedras de rayo bolivianas al adoquín de la calle madrileña Desengaño o el mechero de un tal rumboso… Piltrafas, maravillas compartiendo baldas o mesa, inspirando.

Dice a propósito de la compra de un grabado: ‘¿Me arrepiento? No, porque no tiene mucho sentido. ¿Podría haberme dedicado a otra cosa? Y yo qué sé’. Ya está. Ahí la gracia y la fuerza que ha reunido y posibilitado su trabajo y posición ante lo que viniese. Insisto: hacer del corazón la novela. De paso, la aventura.

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