Posnacionalismo
jueves 09 de octubre de 2008, 21:59h
Cuando hablo de posnacionalismo no pretendo sólo referirme a la actual situación del País Vasco, en la que el nacionalismo en el poder tiene que afrontar algunos incómodos retos de los que es poco probable que salga indemne, a pesar de su reconocida habilidad para ejercer la hegemonía y gestionar a su favor un clima político que, sobre todo gracias a la contribución de la violencia, no favorece la claridad del debate y la normalidad en la manifestación de la voluntad de los ciudadanos vascos. Creo que no son agónicos los tiempos en que vivimos y el nacionalismo se asfixia con la normalidad. Tiendo a pensar, quizás algo ingenuamente, que la sociedad vasca, atendido su legítimo derecho a la autonomía y el reconocimiento, no está por la estridencia, la extravagancia y el ridículo, como espectáculo del que el nacionalismo gobernante, por lo visto, no puede prescindir.
Pero decía que trataría de plantear el tema del posnacionalismo en una dimensión más profunda, como si dijésemos como un argumento más allá de la actual coyuntura política. Lo hago de la mano de José María Ruiz Soroa ( recuerdan, el comensal no nombrado, junto a Juan José Laborda, al que me refería en mi artículo Bilbao este verano). Se trata de una reflexión sobre el pensamiento político de Mario Onaindía , que, de otro lado, estará disponible en el próximo número de Cuadernos de Alzate, especialmente sobre la idea del posnacionalismo, concepto que de acuerdo con Jon Juaristi y Ramón Jaúregui, habría acuñado el guipuzcoano. Lo que Mario venía a decir es que el proyecto nacionalista carece de sentido, una vez asegurada la autonomía, como mínimo compartido por todos los vascos, debido a su insensata voluntad de proseguir la construcción de Euskadi, sobre valores exclusivamente partidistas. Ello sólo acarrea la división de los vascos y el enfrentamiento con España, generando un clima de insatisfacción que dificulta el término de la violencia. Habrá que pensar en un proyecto alternativo al nacionalismo, que lo suceda, justamente el posnacionalismo, y que lo supere, ofreciendo unas oportunidad de integración que el nacionalismo no ha sido capaz de suministrar.
Lo que dice Mario, comenta Ruiz Soroa en su conferencia en Zarauz a los amigos de Onaindía, es que ese modelo ya existe, o mejor existió, fue el de la sociedad foral prenacionalista, cuando Euskalerría era un oasis, el de la sociedad preindustrial e igualitaria del liberalismo constitucional. En ese sentido el posnacionalimo no es superación, sino reviviscencia de un sistema que el nacionalismo no entendió, sino se limitó a tergiversar.
Ruiz Soroa se escandaliza algo de la propuesta y objeta lo paradójico de la reinvención del fuerismo, como ideología del antiguo régimen cuya verdadera oportunidad se presentaría en el siglo XXI, y el riesgo de apostar en el vasquismo foral no por una alternativa sino por una transacción con la ideología nacionalista, a la que en el fondo no se busca sustituir. Yo estoy con Onaindía, nuestra opción no es el fuerismo decimonónico sino el constitucional. Es la opción del liberalismo vasquista de los años sesenta, bien representada por gentes como don José Miguel de Azaola, que vería en el Estatuto la actualización del fuero, y en el sistema constitucional “el mejor modelo de Estado a que podemos aspirar”. Creo también que las posibilidades de integración del sistema autonomista, basadas en el pluralismo y la tolerancia, inexcusables en una idea política de nuestros días, refuerzan las oportunidades del proyecto posnacionalista en que pensaba Mario.
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Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
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