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ESCRITO AL RASO

La gamba y el bogavante, por las nubes

David Felipe Arranz
lunes 19 de diciembre de 2022, 20:53h
Actualizado el: 19/12/2022 23:50h

La felicidad y el bienestar del hombre son por casualidad, y por los alimentos asoma siempre la crudeza de la vida, como un indicador que desmiente a la macroeconomía. La comida es causal, como la genética de los padres o el cónyuge: los tropiezos o alegrías de la vida, se derivan de que somos lo que comemos –o lo que no comemos, que diría Carpanta–. Y el de alimentación es el mapa de nuestras deficientes digestiones, la grisura del monedero y el rumor gastrointestinal, donde se comprenden todos los males y bondades del mundo: en las tripas, claro; del imbatible chuletón al punto del presidente a la carne roja que tanto le disgusta al ministro de Consumo –que no de consuno, un imposible en nuestra clase política–.

El caso es que la OCU acaba de publicar un informe en el que se asegura que en España los alimentos son hoy un 15,3% más caros que hace un año, la mayor subida en 34 años, lo que supone un sobrecoste anual de 830 euros por familia media. Los expertos lo achacan a los precios de la energía, el conflicto de Ucrania y la incertidumbre de los mercados. Lo que ocurre es que en la Navidad, dulce Navidad, estas malas noticias tienen mejor acomoda en la agencia mediática, que ese sí, el de los medios, es el pan nuestro de cada día, porque la barra, la hogaza y la molleta han subido un 15% y el personal ya no le echa migas ni a los peces del Retiro. Algunos iluminados aconsejan en las tertulias que comamos menos o que compremos más alimentos de batalla, al baratillo y a granel: no sabemos si ellos predican con el ejemplo, porque luego nos los encontramos de copas prémium en el Madrid canalla. Claro, que a ellos casi siempre les invita una marca de champán, un festival de cortometrajes o una marca de papel higiénico extrasuave, para posar en el photocall, que es el forillo de los teatros de toda la vida, con la pierna flexionada.

La solución también pasa por aplicarles a estos alimentos un 0% de IVA o, a lo sumo, un 4%, siendo básicos y de primera necesidad, como lo es prepararse uno la tortilla francesa o tomarse una pera o una manzana, ahora llamadas “piezas de fruta”, como si fuesen parte de una construcción infantil. Tampoco se han actualizado desde el año 2015 los llamados mínimos personales y familiares del contribuyente en el IRPF, en el concepto de satisfacción de necesidades básicas y familiares, como es el comer, que estarían exentas de tributación. Lo que queda claro es que la gente no se priva de la barra del bar, así le embarguen la casa, porque es en la revolera de la tasca, entre alaridos y calamares, bramidos y pinchos de tortilla, bocas bien abiertas y carcajadas a mandíbula batiente con disparo de tropezones, donde el parroquiano español se siente a su sabor. Aunque esta subida le repercuta en la cuenta que le pasa con desgana el camarero. Y ahora la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha una campaña a favor de la hostelería para que, además, el sacrificado españolito se deje allí una generosa propina, lo atiendan bien o no tan bien.

Unos preferimos cocinar a que nos den de comer, porque en realidad, salvo que uno vaya donde ya conoce al cocinero y la atmósfera, lo que nos dan es la comida. Que siempre es urgente el comer como el respirar; y las cosas naturales tuercen su curso cuando alguien quiere perfeccionarlas, encarecerlas o, directamente, dispararlas y elevarlas por las nubes. Esta Navidad veremos, pues, a la aristocrática gamba y al nobilísimo bogavante nadar al unísono por las nubes, acompañados de los humildes lácteos o las rurales y populares hortalizas. Más temida que la subida del IPC es la subida del IPC de los alimentos, que forma parte ya del escenario decadente que se ha puesto de moda, donde está proscrito y hasta prohibitivo el olor del guiso. Es la caída de los huevos, la catarata de los precios y la catástrofe de la carne y el aceite, que ya los pintó volando Pieter Brueghel el Viejo en sus Proverbios flamencos (1559): nada mejor que echar un vistazo a los grandes y visionarios maestros para ver la que se nos viene encima.

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