La naturaleza del deporte patrocina la querencia de los aficionados por comparar atletas de distintas épocas y establecer jerarquías históricas. Ocurre con frecuencia. Hay quien considera que Michael Jordan no es el mejor baloncestista que haya pisado una cancha de baloncesto, que Tom Brady sólo está en la discusión de los mejores 'quaterbacks' o que la dimensión de Michael Schumacher se ha desinflado con el furioso presentismo. También sucede en el fútbol. Por eso, con la intención de orientar el debate, vale fijar estacas en el campo, guías para afinar el entendimiento.
Una leyenda del balompié bien podría certificarse si cumple con parámetros como poseer un talento puro y excelso, un trabajo y determinación en el perfeccionamiento denodados o una condición de pionero en el deporte en cuestión. También se tendrían en cuenta un palmarés asombroso -individual y colectivo-, la influencia para revolucionar e impulsar el fútbol como tal, una participación estelar en momentos, partidos y equipos paradigmáticos, y un carisma de liderazgo incuestionable. Y no habría queja si esta mezcla se adereza con un buen puñado de récords extraterrestres.
Pues bien, Edson Arantes do Nascimento 'Pelé', que ha fallecido este jueves a los 82 años -víctima de las complicaciones del cáncer que padecía-, completó todas y cada una de dichas exigencias con sobresaliente. Por eso el balompié brasileño, sobre todo, y mundial se han entregado al luto nada más conocerse su deceso. Por eso Brasil ha decretado tres días de luto para homenajear a su insondable figura y Sao Paulo ha ampliado ese tributo hasta los siete días. La nación que le ha visto brillar hasta marcar más de 1.000 goles -1.283, según el premio Guinness que dio fe- llora desconsolada. Le han acompañado en una agonía prolongada desde que en septiembre de 2021 fue operado de un cáncer de colon y pasando por el último mes que se ha pasado ingresado en el hospital, pero no se acaban de creer la noticia.
Leyenda sin discusión
Tampoco el fútbol internacional, del que ha sido el primer rey. El que marcó el camino a los demás astros que han ido sucediéndose con el paso de las décadas. Todos y cada uno de ellos, cualquiera que se le venga a la cabeza al hincha actual, han resplandecido 'plagiando' invenciones de 'O'Rei'. De su frondosa creatividad nació, por ejemplo, el rol de número '10'. Al tiempo que Alfredo Di Stéfano iniciaba el funcionamiento práctico del 'todocampista', 'Pelé' lo perfeccionaba al otro lado del Atlántico. Para ganar tres Mundiales (1958, 1962 y 1970, registro nunca igualado) con la 'Canarinha' y seis ligas brasileñas y dos Copas Libertadores, para un total de 48 trofeos, con el Santos.
Dominaba el control de la pelota -artefacto al que le ha dedicado incluso poesía escrita, su "gran amor"-, el cambio de ritmo meteórico, el juego afilado y repleto de técnica con ambas piernas, el remate de cabeza venenoso, la potencia física abrasiva, la lectura del juego bien sintonizada, la finta mareante en estático y al espacio, los desmarques inteligentes, el lanzamiento de falta imparable... Suyos son los dos no-goles más famosos de todos los tiempos. En fin, cumplió con todos los preceptos para nominarse como leyenda atemporal para el aficionado neutral y como ídolo nacional en Brasil. Elevó este deporte a la altura del arte por vez primera, como le ha agradecido Neymar y un argentino llamado Diego Armando Maradona. Y en una era de gran maltrato para el delantero. Habría que ver a los estiletes del siglo XXI, hiperprotegidos por las reglas del fútbol moderno, gestionando enjambres de patadas. La tentación de comparar.
No ganó ningún Balón de Oro porque este premio, hasta 1995, no se le daba a futbolistas extracomunitarios. ¿Cuántos habría ganado si no hubiera gobernado esa traba? Esa conjetura pertenece al fútbol ficción, como encumbrarle por encima -o por debajo- de Maradona, Lionel Messi o de Johann Cruyff. Todos estos aristócratas pintaron cuadros imborrables que ya había esbozado él antes. Lo que no escapa de la realidad certera es el galardón como mejor futbolista del siglo XX que le otorgó la FIFA o el de mejor deportista del siglo que le entregó el Comité Olímpico Internacional (COI).
Su verdadera dimensión
Nació en una favela muy humilde de Tres Coraçoes (Minas Gerais, Brasil, 1940), debutó a los 15 años con el Santos -y con 16 con la selección brasileña absoluta- y despegó hasta un estrellato que consiguió que el conjunto paulista protagonizara giras por América, Europa y África. Lo nunca visto en aquellos años y anticipo de los viajes a Japón del Manchester United y Real Madrid en los 90. Considerados erróneamente pioneros en esta tipología de pretemporadas. Y aprovechó su tremenda relevancia para exceder lo deportivo y trabajar por la paz y la asistencia a la infancia en riesgo de exclusión.
Toda vez que se retiró en Nueva York -jugó en el Cosmos al final de su carrera para sanar su maltrecha salud financiera-, en 1977, aplicó la pasión, intensidad y entrega con las que se relacionó con el balón para construir proyectos que mejoraran el panorama de desigualdad social. Se desfondó en estas labores y recibió el título de Ciudadano del Mundo por la Organización de las Naciones Unidas, el de Embajador para la Ecología y el Medio Ambiente de la ONU, el de Embajador de Educación, Ciencia, Cultura y Buenos Deseos de la Unesco y llegó incluso a ser investido como Caballero de Honor del Imperio Británico. Fue reconocido como una persona valiosa para la sociedad global por las instituciones correspondientes. Y hasta se le nombró ministro de Deportes por el Gobierno de Brasil durante una legislatura.
Su vida, que este jueves se ha apagado en un final acolchado por la presencia a su alrededor de su familia, fue la de un ser humano sin igual. En sus últimas semanas quiso seguir relacionado con el fútbol, participando de los comentarios en redes sociales sobre lo que ocurría en el Mundial de Catar. Y esta noche empapan sus pañuelos de amargura herederos como Messi, Zidane, Platini, Cristiano Ronaldo, Romario, Kylian Mbappé y un largo etcétera de referentes que se han quedado huérfanos. Otra vez, porque en los últimos ocho años han fallecido 'Pelé', Maradona, Cruyff y Di Stéfano. Nada menos. Sólo Franz Beckenbauer sostiene ya el faro. El fútbol está muy de luto.