F de Fascismo, F de Fútbol
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 12 de octubre de 2008, 18:08h
Durante una entrevista publicada el pasado sábado por la revista “Sportsweek”, suplemento de fin de semana del diario deportivo “La Gazzetta dello Sport”, el portero del Milán, Christian Abbiati confeso su fe política, defendiendo sus ideales fascistas. Su outing no ha tardado a dar vuelta por el mundo, provocando un gran impacto periodístico: mientras el periódico español “el País” publicaba un reportaje titulado “Abbiati no está solo”, la prensa francesa mostraba su cara más dura y, en un gran titular de Le Monde “Fútbol italiano y fascismo”, se indignaba por el hecho que “de un tiempo a esta parte, no pasa un día en Italia donde no se valore a Mussolini. Abbiati se inserta en esa línea de reivindicación…”
En la entrevista, Abbiati afirmó que, pese a rechazar las leyes raciales y la alianza con Hitler, los ideales fascistas de “patria, religión católica y la capacidad de asegurar el orden y la seguridad” representan su creencia política; al mismo tempo, el actual arquero del Milán destacó que pose dos bustos del Duce en su casa y que el tono de su móvil es la marcha fascista “Faccetta nera”.
Escandalizarse frente a estas palabras, demuestra un escaso conocimiento de Italia y de sus endógenas peculiaridades. Efectivamente Abbiati no está solo y es bien consciente que el viento que sopla en la Italia actual, le permite declarar sin problema sobre algo “prohibido” o no; el código prevé la existencia del delito por “apología del fascismo”: sin embargo, hoy en día, Italia sufre varias amnesias (¿fuimos inmigrantes? ¿los italianos nunca hemos cometido delitos fuera del territorio nacional? ¿el fascismo ha sido una etapa positiva? ¿por qué nos olvidamos de la guerra civil del bienio 43-45 con animo de revisionismo?) y, pese a que el derecho romano se considera la base e inspiración del derecho civil en muchos países y cuna de los actuales ordenamientos jurídicos nacionales, en Italia, su patria, el extra-legal se ha convertido en la norma. Además, a pesar de que la constitución se caracteriza por ser antifascista, defender los ideales más fascistas o confesarse nostálgico del régimen político dictatorial del carismático Benito Mussolini no extraña a la opinión pública o a los políticos.
El fútbol representa una de las grandes pasiones populares y, en Italia con su tendencia a politizar la vida cotidiana, las connotaciones políticas nunca han sido ajenas. El calcio siempre ha sido silenciosamente (o con la boca pequeña) de derecha: Paolo Di Canio que marca un gol y lo celebra con el brazo tendido en estilo “saludo a la romano”; Fabio Cannavaro que celebra la Liga del Madrid con un tricolore con simbología fascista (el fascio littorio); Gianluigi Buffon con la camiseta con el siniestro número 88 que remite a Hitler o con el clásico eslogan mussoliniano “Boia chi molla”; mientras tanto Daniele De Rossi y Alberto Aquilani coinciden en que “los inmigrantes son un problema” y anhelan el antiguo orden. Finalmente, este sábado, en Bulgaria, los seguidores de la selección han decidido entrar al “Levski Stadium” entre cantos del ventennio fascista y al grito de “Duce, Duce”, buscando el enfrentamiento con los aficionados locales, acusados de ser “comunistas”, y destruyendo todo lo que se presentaba en su camino.
Y si antes frente a eso, era necesario apelar a la buena fe o declarar las propias acciones “fruto del desconocimiento”, hoy no hace falta. Preocupa que los símbolos fascistas se multipliquen y considerando el poder mediático de los jugadores, el riesgo de contagio aumente. La política parece incapaz de quedarse fuera de los estadios de futbol, ya que sus canchas representan el reflejo y la pantalla de la sociedad actual, convirtiendo a los protagonistas deportivos en poderosos líderes de opinión. Cuánto parecen lejanos los tiempos en que era “el Parlamento el espejo del país”, aunque, considerando el actual, quizás la diferencia no es tan marcada. En la deriva derechista del país, ser fascista ha dejado de ser políticamente incorrecto: esperamos sólo que, en las escuelas italianas, a lado del crucifijo no aparezca de nuevo el retrato del Duce.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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