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TRIBUNA

De latidos y cocidos

domingo 15 de enero de 2023, 18:23h

-“¡Es intolerable! ¡quieren coaccionar burdamente a las mujeres. ¡No hay que permitirlo!”.

- “Baja la voz, por favor, Tania. La gente nos está mirando”.

Un tanto incómodo, Francis se arrepintió de haber sacado el asunto sobre la medida anunciada por el Gobierno de Castilla y León consistente en ofrecer a las mujeres que deseen interrumpir su embarazo la posibilidad de escuchar el latido del feto y disponer de una ecografía en 4D del mismo. De soslayo, pudo observar cómo en la mesa contigua una pareja les miraba sonriendo, pero sin precisar si la sonrisa era de sintonía o de desprecio hacia lo que estaban oyendo.

De pronto, el hombre se levantó de su silla y acercándose a ellos manifestó: “Ella tiene toda la razón. Es una coacción al derecho que tienen las mujeres a abortar. ¿Podemos sentarnos con vosotros?”, preguntó.

- Sí, claro, por favor, dijo Francis, ofreciendo dos sillas libres.

El hombre hizo una seña a su compañera para que se uniera al grupo, al mismo tiempo que formalizaba las presentaciones: “Ella es Paz y yo Marcelino, aunque por poco tiempo, pues tengo cita en el Registro Civil para cambiarme de nombre. Dentro de dos días, seré por fin Marcelenin”.

- “¡Genial!”, exclamó Tania. “Yo soy Tania”.

- “Y yo Francis”, que inquirió a Marcelino: “¿Por qué no Lenin solamente? ya puesto a cambiar, cambiemos todo”.

- “Sí, no creas que no lo he pensado”, respondió Marcelino. “Pero conservo la raíz de mi nombre de pila como un homenaje a mi madre. Ella murió al nacer yo. Se complicó el embarazo y el médico fue rotundamente claro: O la madre o el hijo, porque los dos no podíamos salvarnos. Ella prefirió morir y que yo naciera. Luego supe que su deseo era que yo me llamase Marcelino, por la peli aquella de Marcelino, pan y vino, que tanto la gustó. Ya ves, cosas de madres. Ahora espero que mis amigos me llamen Lenin, ya que hasta ahora me llamaban Lino.

- “¡Supergenial!”, exclamó Tania.

- “Perdonad la intromisión, pero Paz y yo no podíamos evitar permanecer indiferentes a vuestra conversación. Estamos de acuerdo con vosotros. La presencia de la extrema derecha en las instituciones acarrea una nefasta involución que nos retrotrae a las noches negras del fascismo. Yo ya lo avisé entre los nuestros: empezarán a restringir derechos y libertades mediante la coacción, y no me estoy equivocando”.

- “Es cierto que por mucho latido, ecografía en 4D y demás zarandajas, cuando una tiene claro que quiere abortar, es indiferente todo este tipo de pamplinas”, dijo Paz con cierto aire de superioridad. “Esto será igual que lo de la Ley Trans; si ya uno puede cambiarse de sexo porque lo permite la ley, teniéndolo claro, no hay vuelta atrás, por muchos jueces, padres o psicólogos de extrema derecha que se opongan. Además, con la prohibición de los tratamientos de reversión, el proceso será irreversible.

- “Ya pero muchas mujeres tienen dudas, temores, miedos, expuso Tania. Necesitan mucha información. Y es bueno que la haya. Pero que te pongan el latido de tu bebé...”.

- “¡Que no es un bebé!” Paz se dirigió bruscamente a Tania. “Es un feto y eso no es todavía un ser humano!

-“!Camarada...! digo ¡camarero! Perdón...”, dijo Marcelino apesadumbrado y dirigiéndose al camarero. “Traiga otro tinto, por favor”.

- “Que no es un ser humano ya lo sabemos” comentó Tania, un tanto cohibida tras el corte de Paz. “Así lo afirmó una científica española que ahora trabaja para la ONU”.

- “No Tania, no fue una científica -corrigió Francis- sino la ministra Bibiana Aido, del Gobierno de Zapatero, quien dijo que un feto de menos de trece semanas es un ser vivo pero no es un ser humano. Aunque sí trabaja para la ONU, pero no de científica, sino de asesora sobre género”.

Mientras el camarero servía a Marcelino una nueva copa de vino, Paz sentenciaba: “Esto está muy claro, los de Vox pueden poner todas las trabas que quieran, pero no podrán limitar un derecho y el aborto es un derecho. Las mujeres no deben caer en estas trampas, sino decidir con total libertad. Esto es como el cocido, si quiere lo comes y si no lo dejas. No se obliga a nadie a abortar”.

- “Lentejas, señorita”, exclamó el camarero con ánimo corrector. Y sin levantar la vista de la tarea de volver a colocar el corcho sobre la botella, añadió: “El dicho es con las lentejas. Son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas”.

- “Gracias, espetó Paz con aspereza, al fin y al cabo, son lo mismo ¿no? legumbres”

- “Sí, claro, dijo el camarero, plantas leguminosas pertenecientes al reino vegetal. Son seres vivos, pero no seres humanos. Sin embargo, la rima es la rima, señorita. Y eso no lo cambia ninguna ley”.

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