Esta vez, no han sido los partidos de la Oposición, como declara enrabietado Pedro Sánchez. Ha sido la sociedad civil, representada por una multitud de españoles, la que ha llenado el centro de Madrid para defender la libertad y la democracia, para protestar por las tropelías cometidas por el Gobierno de Sánchez, para denunciar el deterioro de las Instituciones, para defender la vigencia de la Constitución.
En los tres años de legislatura, Pedro Sánchez ha cometido infinidad de errores que, en su mayoría, se han producido por su coalición con Podemos y sus siniestras alianzas con ERC y Bildu, como los indultos a los condenados por intentar dar un golpe de Estado o la aprobación de una amnistía encubierta para ellos. Esa adicción a mantener el poder con el apoyo de sus socios, ha llevado a Pedro Sánchez a una deriva política que empieza a ser peligrosa para la integridad de España. Ni la Constitución supone un obstáculo para los planes del presidente, dispuesto a arrasar con todo, incluso más allá de esta legislatura.
Y ante ese riesgo evidente, una multitud de españoles, en representación de la mayoría, ha salido a la calle para gritar alto y claro su rechazo a Pedro Sánchez. La manifestación, en fin, ha resultado un éxito que vaticina el previsible vuelco electoral. De nada ha servido la burda maniobra del Gobierno al alentar una concentración de la ultraderecha en la plaza de Colón para reventar la manifestación de Cibeles. La treta de Moncloa ha fracasado.
Pedro Sánchez debería escuchar el clamor de la calle en lugar de empeñarse en agrandar la polarización de la sociedad. Sin embargo, enrabietado y desesperado, ha cometido la desvergüenza de comparar la manifestación en defensa de la Constitución con las algaradas separatistas de Barcelona que le reventaron la cumbre con Macron. Aunque no se ha atrevido a reconocer que se siente más cerca de los secesionistas que intentaron dar un golpe de Estado, porque le mantienen en el poder. Ha triunfado, en fin, el grito unánime de los españoles a favor de la democracia y la libertad, representadas por la Constitución. Y ha perdido Pedro Sánchez calificado por cientos de miles de españoles de “dictador y traidor” en el corazón de la capital de España.