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TRIBUNA

Educación plena

lunes 30 de enero de 2023, 20:03h

A la filosofía se puede llegar de muchas maneras. También, a través de los cuentos y relatos de ficción. Quizá fuera una de aquellas historias que nuestro padre nos contaba en la niñez de la manta, cuando el mundo de las cosas apenas se distinguía de los lugares imaginados. Quizá fuera un relato de Borges, o de Casares, o de Poe, lo que nos sumergió en las reflexiones sobre el tiempo, o el instante, o la muerte. O quizá fueran Las mil y una noches, cualquiera de ellas, que ya presentíamos antes de leer sus páginas.

Y el caso es que el relato de Aladino y su lámpara, porque solo él puede tomarla, abrirla de la tierra oscura a la luz de la conciencia, nos descubre una imagen que aún encontramos hoy día, y quizá todavía más nítida que entonces. La historia de la lámpara es la historia de un poder mágico que, mientras no ha sido liberado todo transcurre apaciblemente; pero que, una vez desterrado, expone al mundo a un peligro enorme. La lámpara puede traducirse en los dictados furiosos de un rey, la ambición desmedida de un emperador, la fuerza de la muchedumbre que inicia el asalto al Capitolio. Pero también, y especialmente en nuestros días, la lámpara es el poder técnico que, una vez ahí, expuesto incluso al más desvalido, a la intemperie de todos, queda abierto al amor y al odio, a la construcción y la destrucción. Y, entonces, como aquellos primeros cuentos que nos regalaban nuestros padres, nos puede abrir a una de las preguntas más cruciales de nuestro tiempo: ¿De qué sirve el ingenio tecnológico en un mundo poblado de maleducados, bárbaros y desesperanzados?

Se queja el maestro Emilio Lledó que en nuestros días son tantas las informaciones, estímulos, presiones, manipulaciones recibidas que, efectivamente, el hombre llega a transformarse en una insustancial imagen de su propio ser, en un aglomerado humano, -como lo llama él- sometido a un proceso expansivo de inmovilización. Y se queja de que en la era de las teclas, las pantallas e Internet, se haga de la educación instrumento y del ser humano su prolongación: “Este proceso no sólo tiene lugar por la asfixia informativa, por el exceso de mensajes que no podemos valorar ni, mucho menos, clasificar, sino también por la existencia de instrumentos, cada vez más complicados en su estructura y, paradójicamente, muy simples para manejar. El ingenio e inteligencia necesaria para esta creación tecnológica contrasta con el primitivismo e infantilismo de quienes pueden utilizarla. Por ello la reciente propaganda tecnológica para la informatización, los cursos y programas para la utilización de esos instrumentos podría contribuir a dejar en el universo de la utopía los viejos conceptos de educación plena.” (Sobre la educación)

Una educación plena que, sin duda, pasa por leer juntos a los maestros de la palabra, aunque sea en la penumbra del silencio, cuando los relojes ya no dan las horas y la asfixia informativa se desvanece como la conciencia en la noche. Y entonces reflexionar sobre el mundo que verdaderamente queremos, atendiendo a esa otra luz que, como la lámpara a Aladino, nuestros sabios nos regalaron.

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