www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Sin ti no soy nada

domingo 05 de febrero de 2023, 20:20h

A regañadientes, Francis accedió a acompañar a Tania a la reunión. La pésima experiencia de la última celebrada le hizo resistirse. Tuvo que abandonarla bajo gritos e insultos de machista y fascista. ¡Qué mal trago! Él, que siempre votó a Felipe González y también a Tomás Gómez, en su época de residente en Parla, se vio humillado aquél día. Y todo porque pidió un poco de sosiego a aquellas mujeres tan soliviantadas. La siguiente cita no presagiaba sino revuelo y convulsión. Pero Tania le rogó que asistiera, si de verdad “corría sangre roja y progresista por sus venas”. Además, le dijo que su opinión podía ser de mucha ayuda en unos momentos tan desesperados como los que atravesaban Podemos y sus confluencias.

Tania era muy amiga de la convocante. Tom, mano derecha de la ministra Irene Montero en la Junta del Distrito, y de la que se decía que en un próximo Gobierno de coalición tenía todas las papeletas para ocupar la Secretaria de Estado de Igualdad por ser militante muy aguerrida. Tom, cuyo verdadero nombre era Tomasa y a la que apodaban la Litri, ejercía la presidencia de la AYIA, la Asociación de Youtubers e Influencers Antifascistas, que se encargaba de controlar las redes sociales del Partido inundándolas ahora de argumentos a favor de la llamada Ley del Solo sí es sí, caída en desgracia y con mala prensa.

“Esto va a terminar otra vez como el Rosario de la Aurora”, pensó para sí Francis, al ver que de nuevo era el único hombre de la reunión, junto con Modesto, el empleado municipal encargado de abrir y cerrar el local, que estaba allí más como curiosón que activista. Todos, Todus Toda Todum sabían de sus preferencias por Ayuso, pero se le soportaba porque solía abastecer a Tom y a las demás chicas de productos de peluquería, cremas y potingues traídas del Salón de Belleza, sito en la misma finca que el local de reuniones. A Tom le encantaba cambiar de peinado y color una vez al mes. “Ya sa echao la permanente otra vez. Parece la Caoba, decía Modesto cuando la veía aparecer estrafalariamente vestida y despeinada.

-“¡Camaradas! nuestro camarada Pablo Iglesias facilitó el Gobierno de coalición”, gritó Tom desde la mesa, sin haber abierto aún el micrófono de la sala. Ni falta que hacía. Se la oía perfectamente con su vozarrón de mariscal de campo. “Nuestro amado líder fue el gran artífice del acuerdo con las fuerzas progresistas”, siguió con su perorata. “Pedro Sánchez, el muy blandito, no lo vio tan claro hasta que el camarada Iglesias le cedió en bandeja el sillón de La Moncloa. Ya estaba pactada la moción de censura. Míster Sánchez no tuvo que hacer nada. Pero desde entonces no ha cejado ni un momento en su labor de zapa y derribo contra nuestras propuestas de auténtica izquierda. Acordaos que él se llamaba liberal cuando militaba de base en el PSOE. No nos engaña. Ahora viene pidiendo “ajustes técnicos” a la mejor Ley de la Democracia que ha habido en este país. La Ley está bien hecha. El problema es que hay mucho machista frustrado y no solo entre los jueces. Los socialistas están viendo las orejas al lobo electoral y quieren desleír la ley anulando el consentimiento ante un acto sexual del macho. Pretende, en suma, volver a la mujer sumisa y con la pata quebrá. Pero no pasarán. Antes muertas que sumisas”.

Atronadores aplausos entre las asistentes, gritos de “Solo sí es sí” y “el violador eres tú”, que Francis, acurrucado en su asiento, supuso ser el destinatario al ser el único hombre en la reunión, pues Modesto se había ausentado en ese momento para acercarse al bar de la esquina y ver cómo había sido el cuarto gol del Madrid al Saint Etienne de la Liga francesa.

-“Nadie nos advirtió de que cientos de violadores podían salir a la calle. La culpa no es nuestra”, profirió la Litri. “Camaradas, Solo sí es sí seguirá siendo ley. Sánchez no se atreverá a tocar ni una coma del texto, no será capaz de romper la coalición. Sabe que sin Podemos y nuestros aliados de la moción de censura no es nada”.

De aquel ensordecedor bullicio, Francis pudo escabullirse sin ser visto saliendo a la calle. Afuera, respiró profundamente mientras escuchaba las voces de aficionados del Madrid jaleando el quinto gol. Se enfundó el abrigo y enfiló por la avenida principal del barrio hacia el metro. De un coche estacionado salían los acordes de una canción de Amaral: Sin ti no soy nada.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (16)    No(0)

+
0 comentarios