El día de la fiesta
martes 14 de octubre de 2008, 21:44h
La celebración de la fiesta nacional el pasado 12 de octubre resultó deslucida. Y no sólo por la lluvia. En realidad, nadie sabía exactamente qué se celebraba. Hasta el grave desliz del jefe de la oposición revelaba la indefinición de los actos en la capital. Para unos era el homenaje a las Fuerzas Armadas; para otros, la Hispanidad; para otros era la festividad de la Virgen del Pilar; y para muchos, ni siquiera un día especial de fiesta, puesto que coincidía con un domingo. Y es que en España, a pesar de la riqueza de su Historia, no hemos sabido fabricar un mito que concite la voluntad de todos los españoles para conmemorar un hecho que simbolice el día de la nación. No hay en España nada parecido al 14 Juillet o al 4th July. Como tampoco los españoles hemos sabido fabricar héroes nacionales, al igual que han hecho otras naciones.
Para los franceses, la figura de Napoleón encarna, sin duda, el espíritu de la grandeur de la nación. Es la figura por excelencia de toda su historia y el héroe admirado. A pesar de las críticas que un revisionismo histórico haya podido hacer acerca de la política de expansión de su Imperio, ninguno de sus compatriotas lo discute como la personalidad más sobresaliente de su pasado. Su tumba en Los Inválidos no ha dejado de ser venerada con el paso de los años.
Los ingleses muestran con orgullo las estatuas de sus héroes históricos O. Cromwell o W. Churchill frente al Parlamento de Londres, o la columna del Almirante Nelson en Trafalgar Sq. Son figuras indiscutibles de su historia. Todos los británicos se reconocen en ellas y podría decirse también que representan la esencia del país, por cuanto su recuerdo perdura en la memoria de sus ciudadanos como una referencia privilegiada de su pasado. Otro tanto cabría decir de G. Washington o de T. Jefferson para los norteamericanos, o de Simón Bolívar para los venezolanos. Cada nación tiene sus figuras incontestables que tienen un valor simbólico por su destacado papel histórico. Es cierto que muchos de estos personajes responden a la imagen del héroe guerrero, pero así ha sido la Historia y su recuerdo forma parte de su herencia común.
¿Y en España? También hemos combatido, pero el recuerdo de los combates que hemos librado contra nosotros mismos, nos ha impedido seguramente sacar a relucir con orgullo nuestros propios héroes. ¿Qué figura tenemos los españoles cuya relevancia sea aceptada por todos sin discusión? ¿Los Reyes Católicos? ¿El Cid Campeador? ¿Felipe II? ¿Hernán Cortés?
Es triste, pero ni tenemos héroes indiscutibles en España, ni tampoco hemos sabido escoger hechos relevantes para fabricar una fiesta nacional que aúne nuestro sentido patriótico en torno a alguna hazaña colectiva en la que podamos vernos reflejados con orgullo como españoles. ¿Será que seguimos mirando con complejos nuestro pasado y nos avergonzamos de nuestra propia Historia?
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Catedrático de Historia Contemporánea
RAFAEL SÁNCHEZ MANTERO es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla
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