Dos son las funciones sustanciales del Periodismo: administrar el derecho de...
Dos son las funciones sustanciales del Periodismo: administrar el derecho de los ciudadanos a la información y ejercer el contrapoder, es decir, elogiar al poder cuando el poder acierta, criticar al poder cuando el poder se equivoca, denunciar al poder cuando el poder abusa. Y no solo al poder político, también al poder económico, al poder religioso, al poder cultural, al poder universitrio, al poder deportivo… En no pocas ocasiones al periodista independiente se le hace muy cuesta arriba elogiar a un político que ha almacenado cantidad de errores en las albercas de una gestión balbuciente y que, sin embargo, acierta en algo sustancial.
Hoy se hace necesario elogiar el gesto de Pedro Sánchez que, con considerable riesgo personal, ha acudido a Kiev, en representación de una nación miembro de la OTAN, para solidarizarse con Ucrania, el país europeo que desde hace un año padece una cruenta guerra de invasión.
Bien por Pedro Sánchez. Se merece el elogio y no seré yo el que se lo regatee. Hice siete veces la guerra de Vietnam, dos la de Camboya, dos la de Israel, y una la del Congo. Periodísticamente, claro. Y sé lo que significa visitar un país en guerra, donde no se puede garantizar el riesgo físico que amenaza a los visitantes y, por supuesto, a los corresponsales de los medios de comunicación. Pedro Sánchez ha visitado ya en dos ocasiones la capital ucraniana que permanece bajo la amenaza de bombardeos rusos. Y no se debe, no se puede regatear méritos en esta ocasión al presidente del Gobierno. La política de negar el pan y la sal es propia del sectarismo. El equilibrio intelectual y la objetividad periodística exigen superar las tentaciones excluyentes y reconocer la realidad. La calidad humana se mide por la ausencia de sectarismos estériles. Antonio Maura escribió: “Me he esforzado a lo largo de mi vida pública en reconocer el mérito de mis rivales políticos, que no enemigos”.