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EDITORIAL

Pedro Sánchez, un hooligan de gira por Europa

EL IMPARCIAL
sábado 04 de marzo de 2023, 09:25h
A Pedro Sánchez se le desmorona el castillo de naipes de su propaganda en el peor momento: en vísperas de las próximas elecciones. En apenas dos semanas, un diputado de su partido, conocido en el hampa como Tito Berni, ha aparecido en las portadas de los medios de comunicación en calzoncillos y rodeado de prostitutas para festejar sus atracos en los pasillos del Congreso. Y, ahora, la empresa Ferrovial anuncia que huye de España por la asfixia fiscal impuesta por el Gobierno de coalición, por el linchamiento público que sufren los empresarios a manos de los ministros, con el presidente a la cabeza. Ser empresario de éxito en España es un deporte de riesgo.

Pero las pésimas noticias que rodean al PSOE no pueden ser la excusa para que el presidente aproveche sus giras europeas para insultar a empresarios españoles como Rafael Del Pino. Acierta Nuñez Feijóo al acusar a Sánchez de comportarse como un hooligan, como un incendiario que echa gasolina al fuego provocado por las medidas económicas comunistas, por esa ferocidad fiscal que solo busca llenar las arcas para despilfarrar el gasto público. El presidente de un país occidental no puede bajar al barro para insultar al dueño de una gran empresa como Ferrovial porque ha decidido trasladar su sede social a Países Bajos, dentro de la legislación española y europea. Resulta inadmisible que el presidente del país que está a punto de presidir el Consejo de la Unión Europea protagonice tales esperpentos acusando a un dirigente empresarial o insultando al principal partido de la Oposición desde Londres o Copenhague. Sus rabietas infantiles son tan frecuentes y ridículas como inapropiadas.

Pedro Sánchez cree que la mejor defensa es un buen ataque. Pero, al margen de que en la política no se actúa como en un campo de fútbol, el ataque debe ser “bueno”. Y no lo es insultar al PP por una corrupción de hace 20 años cuando algunos de sus diputados han aprovechado la pandemia para saquear a unos empresarios incautos y fotografiarse en medio de unas chuscas orgías al estilo Roldán o al estilo de los ERE, donde los dirigentes andaluces del PSOE se gastaban el dinero de los pensionistas en mariscadas, cocaína y prostitutas. Porque, ahora, el partido de la corrupción es el PSOE, por mucho que irrite a Sánchez.

Un PSOE que encara las próximas elecciones apaleado por sus socios de Gobierno que votan en contra de la reforma de la nefasta ley del “solo sí es sí” o los de legislatura que apoyan al PP en la Comisión de investigación que busca destapar los turbios negocios de los diputados socialistas que participaban en la corruptelas de Tito Berni y en sus chuscas fiestecitas. Es lógico que Sánchez esté desolado, enrabietado y desquiciado. Pero como presidente del Gobierno español tiene que mantener las formas. En especial, cuando habla desde las capitales europeas.

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