www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Basta de guerra (1)

domingo 26 de marzo de 2023, 19:17h
Actualizado el: 26/03/2023 20:09h

Quien no sabe qué es la guerra, que vaya a ella”, sentencia un refrán donde se advierte a los que juzgan de las cosas sin haberlas experimentado. Es nuestro doloroso caso ante la Guerra de las Islas Malvinas, que los argentinos vivimos a la distancia, una guerra brevísima, contra un enemigo descomunal, que nos costó cientos de vidas de jóvenes, sin experiencia ninguna, enviados para combatir contra un enemigo preparado por la principal potencia y una organización internacional europea que se denomina OTAN (Organización Tratado del Atlántico Norte), guardiana de los países que la integran. En aquel caso actuaron contra una ingenua, beligerante Argentina, que para nada midió las consecuencias.

Por aquellos días, conmocionado por tan brutal disparate de los militares argentinos, di a la imprenta un librito de haikus, que titulé con el nombre que utilizo para esta reseña. El primero dice: Basta de guerra, / Whitman clama en Manhatann, / alguien lo oye. El volumen fue generosamente ilustrado por el maestro Líbero Badii.

La guerra, como dijera nuestro prócer Juan Bautista Alberdi, siempre es un crimen y un hecho tan inhumano como abominable. Hace poco más de un año el ejército ruso invadió Ucrania dejando horror y muerte a cada paso. La mayoría, entre los que me incluyo, creímos que dicha acción sería un paseo de una semana para las tropas del Kremlin; pero no fue así. Hubo resistencia y patriotismo de parte de los invadidos y los invasores, desconcertados ante la hidalga resistencia de los ucranianos, que no sólo enfrentaron el ataque ruso, sino que estuvieron a punto de derrotar a los atacantes, con pérdidas gigantescas de las que poco se sabe en detalle. Pues es obvio que el siniestro jerarca Vladimir Putin, personaje ambiguo que parece una simbiosis contemporánea de Hitler y Stalin, no le interesa divulgar la verdad.

Sea como fuere, el asalto ruso a Kiev se frustró y la batalla que contaba con miles de soldados rusos, fracasó rotundamente; sin hablar, por supuesto, de los territorios que los ucranianos han logrado recuperar desde el inicio de las acciones militares. A la fecha, según los servicios norteamericanos y el Ministerio de Defensa Británico, Rusia no controla más que el dieciocho por ciento del territorio de Ucrania reconocido internacionalmente, incluyendo las regiones del Donbás y Crimea que ya estaban bajo poder de Moscú desde hacía unos años y demuestra la desinformación o la inconcebible ignorancia de cierta prensa internacional.

¿Qué ocurrirá ahora? China, más cercana a Rusia que a Ucrania, ha propuesto un “plan de paz” que incluye un cese del fuego y un fin de sanciones, en las que nadie cree, empezando por los Estados Unidos, y es probable que las acciones militares continúen, y que muchos jóvenes rusos junto a los ucranianos sigan siendo sacrificados en números verdaderamente estremecedores. También es posible que Putin continúe enviando a los muchachos de su país a la muerte o a la prisión a quienes no acaten la orden de ir al frente (a él parece importarle poco), pero aquellos jóvenes tienen padres, tíos, madres y abuelos, que sin duda algún día, en algún momento de aquellas matanzas, se revelarán. Ese día, en caso de que aquello ocurra, tal vez Putin vaya a ocupar la celda de castigo que hoy ocupa su opositor, el líder, Alexei Navalny, si es que el pueblo tiene todavía los arrestos para sublevarse contra quien ha declarado una guerra equívoca. A él, como no le importó a Hitler, a Stalin, a Busch Jr., o a nuestro mismísimo general Galtieri, qué lo puede estremecer si en el fondo en estos casos, para estos personajes beligerantes y asesinos, la muerte es mera estadística.

Cierto. El pueblo ucraniano no está en condiciones de resistir por sí solo la furiosa embestida de uno de los ejércitos mejores pertrechados del mundo. Ellos, como pueden, se defienden armándose y luchando a puro patriotismo y con la ayuda de la OTAN, que se ha mostrado solidaria y unánime, colaborando con el pueblo ucraniano para defenderse del implacable ataque, ya que todo el Occidente entiende que, al apoyar a Ucrania, se defiende a sí mismo; quizá sin tener en cuenta que el respaldo del Occidente tiene un límite, que podría estar cerca, de modo que la defensa del gobierno de Kiev podría tener un final muy próximo. Por supuesto, si Putin sigue en el poder, y su fantasía no se disipa luego de la heroica defensa de la minoría acosada.

Hay, por supuesto, un arma letal temida por todos los habitantes del Planeta y se llama armamento nuclear, que funciona como chantaje, cuyo significado es la amenaza de las ojivas, siempre latentes. Llegar a ese extremo, nadie lo ignora, es algo suicida; pero todo es posible si el pueblo ruso no lo descalifica a su jerarca. Lo cual puede desatar una tercera guerra mundial, en la que perecería buena parte de la humanidad, y, en todo caso, Rusia en particular hasta es posible que desaparezca del mapa.

Tampoco olvidemos que dicho pueblo, procede de siglos de dictaduras sin precedentes (con breves períodos democráticos, como los que propiciaron los presidentes Yeltsin y Gorbachov durante breves años y puso fin a la codiciosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; ambos entendieron que ante la amenaza nuclear, las potencias son meros gigantes con pies de barro. Aunque tampoco es imposible que Rusia, siguiendo los pasos de su actual jefe supremo, que está enfermo de poder, trate de conquistar Ucrania al precio que sea.

El mundo espera que no suceda. Y ojalá que no. ¿Pero cuáles son las posibilidades de que se transite por otro camino? Es decir, que se establezca un sensato plan de paz que refleje la realidad de las acciones en el campo de batalla y que, con una mediación (de China, en este caso), lleve a Rusia a devolver al gobierno de Volodímir Zelensky de una manera integral, incluyendo los territorios de los que ahora pretende apoderarse. Es incierto aún y el inició una tercera guerra mundial, con armas nucleares, no se descarta, lo cual puede retroceder al mundo a un estado primitivo, con millones de muertos de por medio.

La mente de Putin, como se viene demostrando, no está en sus cabales y es posible que siga insistiendo en lo que, a estas alturas, parece una pura quimera: apoderarse de toda Ucrania. Semejante insensatez está dentro de lo posible, lo que para nada quiere decir lo alcanzable. Putin sabe que corre peligro si sus tropas siguen sufriendo reveses y por eso amenaza con una escalada contundente. El pueblo ucraniano ha mostrado hasta ahora una decisión de lucha y defensa de lo propio que no tiene antecedentes en lo inmediato y debería convencer al jerarca del Kremlin de que este objetivo se le resiste por todos los medios a su alcance, y está más allá de sus fuerzas no contando con la complacencia del Occidente que, por una vez, ha sentido el peligro de servir de pies y manos a un dictador, y ha respondido de manera inmediata, prestando armas al país invadido, yendo en esto hasta el extremo mismo de la acción bélica.

Pero el acto de invadir territorios y provocar una guerra no es nuevo. Ya en este siglo los Estados Unidos de Norteamérica, bajo la presidencia de George W. Busch, y bajo la acusación de que Irak poseía armas nucleares, la atacó provocando la muerte de Sadain Hussein y miles de personas. Estas incursiones por parte de la potencia de América tampoco es nueva y siempre está latente. Nuestro continente lo ha sufrido en diversas ocasiones y ha atravesado por esos avatares.

La guerra de Ucrania se ha naturalizado como si se tratara de un fenómeno pasajero y menor. Hasta el Papa Francisco habló de ella y propuso viajar a Ucrania, donde debería haberlo hecho desde el primer momento; eso sí, con la condición que Putin le permita también hacerlo a Rusia, y hasta mostró cierta extrañeza al referirse a la ferocidad del jerarca diciendo que le parece un hombre culto y educado, que lo visitó y se expresaba en varios idiomas, lo cual no atenúa su ambición de poder ni su actitud beligerante y criminal. En mi humilde impresión no se trata de un fenómeno puramente políglota; Vladimir Putin es una persona condenable y está demasiado empeñado en cumplir hasta las últimas consecuencias lo que creyó sería un paseo de las tropas rusas.

¿Qué ocurrirá si en este período de tiempo, mientras Putin sopesa la capacidad de las tropas rusas en la acción, va escalando sistemáticamente las batallas hasta que la tentación de usar armas atómicas se asome una vez más y esta vez lleguen a usarse? Creo, como ya lo señalé, que en ese caso Rusia hasta podría desaparecer del mapa, hundida por las fuerzas occidentales, pero no estoy seguro de que estas últimas sobrevivirán hasta disfrutar de su victoria. Lo más probable es que el mundo quede mutilado, hundido en el horror y con muy escasas vías de recuperación. ¿Es posible que se llegue a estas dramáticas circunstancias?

Dejo el asunto aquí y me contengo de seguir avanzando. Pero es un hecho que, si el mundo en el que existimos se deshace, la restauración será larga, terriblemente dolorosa y muy ardua. Hasta es posible que las pretensiones de Putin sean olvidadas, debido a que la ansiedad del mundo se ubicará en acciones dedicadas a escapar del espanto de un enfrentamiento que se podría diseminar a su alrededor, como si una avalancha de fuego y lava hirviente hubiera venido a hundir este pedazo de tierra que ocupamos.

También sería preferible que Ucrania no trate de llegar a ese punto de extrema penuria y heroísmo. Mucho mejor es que esta guerra acabe por donde empezó, y que Putin y los pocos rusos que piensan como él, se resignen a abandonar Ucrania a los ucranianos, como debe de ser. A partir de entonces, las cosas mejorarán.

A todo esto, ¿qué ocurrirá con nosotros los derrotistas argentinos empeñados a destruirnos a nosotros mismos en este mundo temerario y descalabrado? Es inquietante presentirlo. En otro comentario daré mi parecer. En el orden local y en una escala localista a nosotros no nos va mejor. Atravesamos otra guerra, en este caso interna e inconciliable, con políticos y funcionarios corruptos, codiciosos, mediocres y preferiblemente innombrables; hasta el punto que uno de ellos auguró muy suelto de cuerpo, que nuestra auténtica guerra es contra el narcotráfico, y ya le hemos perdido.

En este contexto deprimente y derrotista intentaremos aproximarnos a un país condenando a una crisis permanente, sin escapatoria, donde los sucesivos gobiernos nos han llevado a una decadencia y a un caos al parecer irreversibles. Basta de guerra, la humanidad necesita de la paz como el pan nuestro de cada día.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (10)    No(0)

+
6 comentarios