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TRIBUNA

Otro entierro de José Antonio

domingo 23 de abril de 2023, 20:06h

En su Elegía a Costa, cuenta Azorín que los zaragozanos deseaban que en su ciudad fuera enterrado el cadáver de Joaquín Costa, pidiendo a periodistas y parlamentarios de Madrid que cooperaran a sus deseos. Sin embargo, el Gobierno de la nación pretendía que los restos mortales del insigne personaje descansaran en el Panteón de Hombres Ilustres de la capital de España. Por su parte, el fallecido, natural de Monzón, siempre mostró su voluntad de descansar eternamente en la también villa oscense de Graus, en la que había muerto. Al final, Joaquín Costa tiene su mausoleo en el cementerio zaragozano de El Torrero. Ciertamente, el escritor regeneracionista sí tuvo varios lugares en donde caerse muerto.

El caso de José Antonio Primo de Rivera difiere del de Costa, pero es también singular. Sus restos mortales han descansado en varias moradas. Tras ser fusilado en la cárcel de Alicante, el fundador de Falange sería enterrado en una fosa común en el cementerio alicantino. Una vez finalizada la Guerra Civil, su cadáver fue exhumado y trasladado a hombros de sus camaradas falangistas en comitiva fúnebre a pie desde Alicante hasta El Escorial, en donde recibiría cristiana sepultura. Nuevamente, sus restos partirían desde el panteón escurialense a la basílica del Valle de los Caídos, cuando finalizó la construcción de este monumento. Su próximo destino es el madrileño cementerio de San Isidro. Así, José Antonio será, probablemente, el mortal que más veces haya sido enterrado.

La última exhumación viene provocada por esa febril obsesión que con los muertos padece el Gobierno sanchista, un Gobierno más muerto que vivo. Incapaz de contar los fallecidos durante la pandemia, el sanchismo calló como un muerto e intentó cargarle a otro el muerto. Además, diariamente expide certificados de defunción de la verdad y de la inteligencia, las cuales caen abatidas por las balas de la mentira y por la demagógica munición que este desgobierno de coalición dispara constantemente contra la concordia de los españoles. Su odio y sectarismo les lleva a estar más pendientes de los muertos de la guerra civil que de aquellos muertos causados por el terrorismo etarra. ¡Qué gran ocasión habría tenido El Greco de haber vivido en tiempos de estos sepultureros! ¡Qué inagotable fuente de inspiración habría poseído este pintor de tantas muertes y resurrecciones con los enterradores y revanchistas de salón que proliferan hoy.

La gran mayoría de los jóvenes no saben quién fue José Antonio. Este miserable Gobierno se empeña en revivir muertos porque reavivar el odio entre españoles es la única gestión que le proporciona votos. Escribía el maestro Ruano que mientras alguien pronuncie nuestro nombre no estaremos muertos, porque la única muerte atroz que uno concibe es el abandono, el absoluto olvido. “Ojala sea mi sangre la última que se vierta en discordias civiles”, deseó en su testamento el jefe del falangismo. Tiene que haber un tiempo en que nuestros muertos descansen en paz. Tiene que haber un espacio en que los españoles volvamos a vivir en concordia.

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