Discusión Bizantina. Es equivalente a la expresión “discutir el sexo de los ángeles”. Este es el tema que estaban debatiendo los bizantinos (de una forma seria) cuando los Otomanos ponían cerco a Constantinopla en el siglo XV”.
Se me ocurre este famoso “hasta aquí llegaron las aguas” de la estupidez humana, a la vista del comportamiento de la sociedad española y europea ante una guerra, abierta en su frontera, que puede derivar en desastre nuclear.
La frivolidad de nuestros políticos y medios de comunicación nos tiene, como a los bizantinos, ocupados en cuestiones sexuales, aunque menos celestiales.
En la triste reunión de la OTAN, en Madrid, vimos a La Unión Europea abandonar, pánfilamente, su independencia y negarse a representar una opinión propia, lo cual significa su destrucción. La U. E. nació, precisamente, para levantar “su” propia bandera de paz y colaboración, abierta a la integración de naciones vecinas, que compartieran sus propios ideales. Bandera que abandonamos, allí, para convertirnos en “vasallos de EE. UU. (Macrón)”.
Macrón es el único dirigente europeo que se acercó, en su momento, a Putin, para intentar conocer, directamente, su motivación e intenciones respecto al enfrentamiento con Occidente, del que la guerra de Ucrania es un capítulo. Y luego, se ha desplazado a China, acompañado por la Presidenta de la Comisión Europea, para explorar lo mismo de Xi Jinping, al que EE.UU. y la OTAN señalan, reiteradamente, como enemigo.
Precisamente, comentando el simulacro militar chino de bloqueo a la isla de Taiwán, en represalia por la visita de la presidenta Tsai Ing Wen a EE.UU. dice: “¿Por qué debemos ir al ritmo elegido por otros?. En algún momento debemos preguntarnos cuales son nuestros propios intereses”.
Y Añade: “La autonomía estratégica debe ser la lucha de Europa, si no quedaremos apartados del ritmo de la historia”. A Macrón, como buen francés (La Grandeur), le preocupa volver a participar en el protagonismo de “La Historia”. Pero mucho me temo que, la historia a la que se refiere, es a la de siempre, pues apuesta por convertir a Europa en un “tercer polo” internacional: Aunque ha avisado que “su construcción tardará un tiempo que, quizá, NO PODRIA TENER”.
Hay que agradecer al amigo Macron el intento de despertar a Europa de su siesta, pero la mediocre talla de nuestros políticos actuales, ensimismados, además, en el “sube y baja” de las encuestas, impide abordar soluciones a un problema, de tal magnitud, que puede suponer la destrucción de la Unión Europea.
Y así, no se oye una sola voz en defensa de esta idea ni de otras. Quizá nos hemos dejado arrastrar por los EE.UU., de tal manera, que hemos dado pasos que nos involucran, ya, en la contienda Este-Oeste, convertidos en “vasallos de EE.UU.”.
Pero además, Europa no se creó para ser un “tercer polo” de poder militar. La prueba es que nunca existió la preocupación por la creación de un ejército propio. Y hasta, como reconoce Macrón, sería demasiado tarde. Europa se creó, precisamente, para salirse de la historia de siempre, consistente en la eterna conquista y defensa de territorios y convertirse en un banderín de enganche de naciones interesadas en la pacífica colaboración y enriquecimiento.
Lo repito por enésima vez, Europa nació, aunque nunca nadie lo quiera reconocer, con la idea de convertirse en la Suiza del mundo. Armada, únicamente para mantener su independencia y con la idea de aglutinar aquellos territorios que, libremente, eligieran su integración (Acordaos del Brexit), respetando las normas que “TODOS” fueran acordando.
Sería una gran noticia que las palabras de Macrón, aunque abordan el problema desde un punto de vista, a mi juicio, equivocado, sirvieran para encender la mecha de un debate tan urgente y necesario.