www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La ilusión de Epicuro y el Carpe Diem de Horacio

viernes 12 de mayo de 2023, 20:03h

La isla de Samos es una​ paradisíaca región que se localiza en las aguas del mar Egeo, separadas de Turquía por el estrecho de Micala, famosa por sus vinos moscatel; pero, en especial, por ser la cuna del filósofo Epicuro, fundador de la escuela que lleva su nombre. Los aspectos más destacados de la doctrina de este pensador son el hedonismo racional y el atomismo. Se conjetura que influido por Aristóteles y los cínicos, nuestro lejano amigo se volvió contra el platonismo y estableció su propia escuela en Atenas, conocida como el "Jardín", donde permitió el acceso de mujeres, prostitutas y esclavos. Prolífico y acaso excesivamente abundante en sus textos, para formular su doctrina​ escribió más de 300 obras sobre diversos temas, pero la gran mayoría de estos escritos se han perdido. Solo tres cartas escritas por él, la Carta a Heródoto, Pítocles y Meneceo; y dos colecciones de citas, las Máximas Capitales y las Sentencias Vaticanas, han sobrevivido intactas.

En una vieja edición publicada en Barcelona hacia fines del siglo XIX, que me obsequió en México mi admirado amigo Álvaro Mutis, conservo casi como una reliquia la famosa "Epístola a Meneceo", donde nuestro filósofo recomienda: "Cuando se es joven, no hay que vacilar en filosofar, y cuando se es viejo, no hay que cansarse de filosofar. Porque nadie es demasiado joven o demasiado viejo para cuidar su alma. Aquel que dice que la hora de filosofar aún no ha llegado, o que ha pasado ya, se parece al que dijese que no ha llegado aún el momento de ser feliz, o que ya ha pasado. Así pues, es necesario filosofar cuando se es joven y cuando se es viejo: en el segundo caso para rejuvenecerse con el recuerdo de los bienes pasados, y en el primer caso para ser, aun siendo joven, tan intrépido como un viejo ante el porvenir. Por lo tanto hay que estudiar los medios de alcanzar la felicidad, porque, cuando la tenemos, lo tenemos todo, y cuando no la tenemos debemos hacerlo todo para conseguirla. Te recomiendo meditar y practicar las enseñanzas que constantemente te he dado, pensando que son los principios de una vida bella". Entrañables y sabias palabras por cierto, dichas por un maestro de vida.

El abundante Epicuro enseñó también que el universo es infinito y hasta puede ser eterno, sobre todo si tenemos en cuenta que la materia está formada por diminutas partículas invisibles llamadas átomos. Se manifestó en contra del destino y repudió la necesidad y el recurrente sentido griego de fatalismo. La naturaleza, según Epicuro, está regida por la necesidad y el azar, entendiendo este como ausencia de causalidad debido a la desviación producida por la caída de los átomos en el vacío, permitiendo así que los humanos posean libre albedrío como fundamento de la ética en un universo determinista.​

Para este pensador, el propósito de la filosofía era la busca de la felicidad (eso que los griegos llaman eudaimonia), caracterizada por la ausencia de turbación en el alma y de dolor en el cuerpo. Su ética hedonista, muy admirada por Borges, persigue el propósito de evitar el dolor; eso sí, siempre de una manera racional que controle los excesos, pues estos provocan un sufrimiento posterior. Epicuro consideraba que los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, procurando llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual.

Criticaba así tanto el desenfreno como la renuncia a los placeres de la carne, y argumentaba que debería buscarse un término medio y que los goces carnales deberían satisfacerse, siempre y cuando no conllevaran un dolor en el futuro. En cuanto a los mitos religiosos, los consideraba como falsedades que amargan la vida y que no se debe temer a los dioses quienes no se preocupan por nuestras vicisitudes. Abogó también por una filosofía de vida sencilla y moderada, celebratoria y rodeada de amigos.​

Otro aporte importante de Epicuro fue su filosofía sobre la muerte, que complementando su pensamiento sobre la felicidad, buscó reducir el miedo respecto a ella, y ayudar al encuentro de nuestra felicidad. "No hay que temerle a la muerte -conjeturaba-, ya que esta consiste en la falta de sensación, por lo que no tiene sentido espantarnos por algo que nunca vamos a sentir". Explicó a su vez, que mientras existimos, la muerte no estará presente, y cuando esté presente, nosotros no existiremos, lo que significa que jamás estaremos en una relación directa con nuestra muerte, concluyendo así con la idea de que no hay que temerle a algo que no estará presente mientras existamos en este mundo.

Mientras que para Platón y Aristóteles la filosofía es una busca continua de la verdad y del conocimiento, que procuran la rectitud en la conducta humana, para Epicuro la filosofía es el arte práctico de la vida que tiene como finalidad la curación del alma humana.

Aunque la mayor parte de su obra como ya señalamos se ha perdido, conocemos bien sus enseñanzas a través de la obra De rerum natura, del poeta latino Lucrecio (que hace un homenaje a Epicuro y una exposición amplia de sus propias ideas), así como a través de sus cartas recogidas por Diógenes Laercio y fragmentos rescatados por otros filósofos como Filodemo de Gadara, Diógenes de Enoanda, Sexto Empírico, Séneca y Cicerón. Completemos diciendo que "El epicureísmo" alcanzó la cima de su popularidad durante los últimos años de la república romana. Se extinguió hacia finales de la antigüedad, sujeto a la hostilidad del cristianismo primitivo; pero fue exhumado a lo largo de la Edad Media, y hasta recordado popularmente, aunque, según Voltaire de manera inexacta, "ya que lo denigraba como un patrón de borrachos, prostitutas y glotones". Algo falso de toda falsedad.

Las enseñanzas de este maestro, se hicieron más conocidas durante siglos más recientes a través de figuras como Walter Charleton y Robert Boyle y su influencia creció considerablemente durante y después de la Ilustración, impactando profundamente en las ideas de pensadores modernos como Pierre Gassendi, John Locke, Thomas Jefferson, Jeremy Bentham, Karl Marx y Michel Onfray. Mi admirado y siempre bien releído Gilbert Keith Chesterton publicó sobre Epicuro un entrañable y divertido artículo en un periódico londinense, que bien vale la pena buscar por internet porque su lectura encanta la vida y es un alimento para el alma, sobre todo en estos terroríficos tiempos de guerras y enfrentamientos ideológicos que no conducen a nada.

Como cierre a esta digresión, sin duda menos molesta que gratificante, me permito evocar el Carpe diem, quam minimum credula postero, frase que en español significa "aprovecha el día, sin fiarte para nada del mañana"; formulada por el poeta samnita Horacio en su preciosa Oda a Leucónes:


No indagues, Leucónoe; vedado está saberlo

qué destino los dioses a ti y a mí nos dieron,

y no de Babilonia consultes los misterios.


Vale más, como fuere, aceptar el decreto,

ya nos conceda Jove contar muchos inviernos,

o ya sea éste el último en que abatirse vemos

contra escollos tenaces las olas del Tirreno.


Sé prudente, buen vino consume de lo añejo

y largo afán no entregues a plazo tan pequeño.

Mientras hablamos huye con la palabra el Tiempo.

¡Goza este día! Nada fíes del venidero.

Carpe diem, carpe diem, carpe diem.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)

+
0 comentarios