Populares catalanes, connais-pas!!!
Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
martes 21 de octubre de 2008, 21:43h
En Cataluña no hay señores o señoras que sean populares. Si lo son, de hecho, lo llevan con tanta discreción que ni se les nota. No es culpa suya. En Cataluña se es socialista, ecologista, nacionalista o independentista. Incluso, si me apuran, uno puede ser liberal o conservador siempre que lo sea en sentido genérico. Pero ser del PP, eso no. Jamás. Como, en rigor, tampoco se puede ser de Ciutadans o de UPyD. Ojo, no nos excedamos: lo que sí se puede es votarlos. Pero ser, lo que se dice ser, no. A menos que quieras que te consideren un sujeto estrafalario. Como toda regla tiene su excepción, contamos con una personalidad perfectamente adaptada al ecosistema mediático catalán a pesar de su condición de colaborador de don Manuel Fraga desde los tiempos de Alianza Popular: Manuel Milián Mestre. Rara avis.
De hecho, si la circunstancia reseñada fuese contagiosa –que los catalanes no fuesen sino que votasen- el hecho podría aducirse como una demostración de madurez cívica, una ventaja catalana. La gente no tendría una identidad política fija. Tendría intereses concretos, querencias coyunturales, cambios de humor, filias y fobias, temperamento e incluso convicciones… y, en función de todo ello, votaría una cosa u otra. Los comicios serían más animados, las urnas estarían mucho más concurridas al poder darse la sorpresa y la práctica democrática ganaría enteros.
La realidad, reconozcámoslo con sinceridad, no responde exactamente a lo que acabo de apuntar como ideal. Si no se puede ser del PP es porque en Cataluña no se puede ser españolista y, si me apuran, porque no conviene, en política, ser demasiado español. Y los del PP lo son. Son españoles. Ahí es nada.
A mí, que me considero catalanista –por cierto, ¿puedo serlo en el resto de España?-, la cosa me parece de escándalo. ¿Tiene solución? Pues sinceramente, creo que no. Como mínimo a corto plazo. La alternativa que propone Alicia Sánchez Camacho, desde el mismo día en que pasó a encabezar la formación conservadora en Cataluña, es la de explicarse mejor, mostrarse más cercanos a la gente corriente, dejar de parecer una amenaza, sintonizar con algunas de las exigencias razonables que se puedan plantear desde Barcelona… Perdona Alicia, ¿estás segura de que eso, precisamente, no lo han intentado, antes, otros tantos dirigentes de tu partido? Al frente del PP catalán habrá habido incompetencia o indolencia, resignación o rabia, pero genuina mala baba en ningún caso. Vamos, que no lo recuerdo.
Existe, y quizás ya lo habrás notado en el poco tiempo que llevas al frente de tu formación, un segundo problema. Lo aclaro, no de la misma intensidad, ni mucho menos. Este otro nace, curiosamente, no del PP catalán pero sí de medios que dicen serle próximos: gente que predica el dar madera, en el sentido de mostrarse ofensivo con todo aquello que pueda resultar sospechoso de compromiso con el catalanismo y, aún, con la simple catalanidad. Son pocos, pero se hacen oír mucho. A menudo, renuncian a hablar de política y se muestran despreciativos para con quienes entienden que claudican ante el nacionalismo. En definitiva, que son tan altivos como ignaros en relación a qué cosa es la política.
¿Es posible en este contexto hallar en Cataluña el camino para la concreción de una derecha moderada, centrista, liberal y conservadora, catalana y española? Ni que decir tiene, Alicia, que te deseo toda la suerte del mundo. Entre otras cosas porque a mí ni se me hubiera ocurrido intentarlo. Hay que tener coraje.
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Catedrático de Universidad de Gerona
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
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