Se viste de normalidad, de lógica cotidiana, hasta con la retórica propia del sentido común – falso sentido común que hubiera escandalizado a Shaftesbury – las mayores burradas que se perpetran contra el hombre; eutanasia, aborto para mantener una vida cómoda y sin responsabilidad sobre los propios actos, cambios de sexo a menores de edad, la majadería cursi del poliamor, la pobreza alimentaria como riqueza ecológica y felicidad completa, la devoción a los mandamientos de la nueva globalidad, las garantías legales de las hormigas, las competencias básicas en educación, el fariseísmo de las elites que pastan manjares en las praderas del consenso socialdemócrata…Mientras, nuestra Constitución se va convirtiendo en un pomposo compendio de retoricismo político repleto de derechos vacíos. Y lo peor es que esta agenda de sentido diabólico y deshumanizador se ha convertido en unas nuevas horcas caudinas samnitas bajo las que tiene que pasar el pobre Feijoo – ya no desnudo, claro - si quiere llegar a ser presidente del Estado Español, según las incontestables disposiciones que marca la Agenda globalista, Nuevas Tablas de la Ley, que domina todo aquel mundo de lacayos que está fuera de los países del BRICS ( Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, y otros cinco que han pedido la incorporación: casi 3.700 millones de almas, una gota en la Humanidad ). Es así que Pablo Motos, monaguillo y oficiante de lo Políticamente Correcto, que no puede ser malsín ni cizañero, como se pide en estos casos en que el entrevistador debe buscar los “occulta facinora” y no los “manifestiora facta”, preguntó en su popular programa al candidato Feijoo sólo aquello que afecta a dicha Agenda globalista. Si al menos el examen para conducir naciones se lo hubiese hecho Tamara, marquesa de Griñón – de la que somos adictos como a la Coca-Cola Cero, con el cancerígeno aspartamo –, lo hubiésemos tolerado. Un día después la Conferencia Episcopal contesta tácitamente el test globalista – cómo no – que el oportunista Motos hace a Feijóo como una dokimasía totalitaria insoslayable, “indigesto summario” que recuerda los autos de fe, para poder ser presidente en España. La conexión a la tele es la annona de la moderna plebe. Porque el globalismo exige que Feijoo y Sánchez sean hermanos siameses. Y la Iglesia, que atada al mástil de la cruz sigue haciendo oídos sordos a las sirenas provocativas con patas de ave, deja claro, a pesar de las oscuras incertidumbres que ha suscitado Francisco I en los últimos diez años, que mantiene con todo rigor sus preceptos morales de defensa de la vida en todas sus etapas y la idea del sexo como naturaleza. Y aunque no cita a Vox como la opción electoral más cristiana, si el católico quiere ser coherente, esa coherencia hoy le llevará a Vox. Hoy la iglesia permite más multilateralidad en la observación de la verdad que la secta de Soros, infinitamente peor que la vieja Iglesia es esa otra Iglesia globalista. Se va imponiendo el decrépito Soros en el mundo mientras que la Iglesia del joven Jesús vuelve a la clandestinidad. Quizás sea lo mejor para la Iglesia. Hoy en España lo decente es clandestino. Todo el pensamiento occidental clásico vigoroso se hace clandestino. Al “nada demasiado”, de Solón de Atenas, y el “obra con medida” de Tales de Mileto, que embridan las fuertes pasiones y crean la armonía necesaria para mantener una democracia liberal, se responde con el “todo vale”, del nihilismo globalista, que enseña a conseguir lo que se desea por las bravas. Ahí está la barbarie francesa, hija del multiculturalismo globalista, que ha conseguido que acampen numerosos caballos de Troya en las naciones de Europa. Y ataquen desde dentro esas naciones “aún” impunemente. ¡Viva la madre superiora! ¡Conseguiré todo aquello que mi voluntad desee mientras no me abandone mi adorada fuerza bruta! Europa es una gran superficie comercial de la que voy a arrebatar todo lo que me dé la gana y quepa en mi estómago fanático. Cada ser se completa en su enemigo; por eso conviene que nuestro enemigo esencial viva en otro campamento. Nunca los disturbios callejeros en Francia finalizan enteramente. Una turba de presagios queda flotando obsesiva. Quizás los francese con kepis tengan que resolverlo a última hora. San Pablo, lo mismo que nuestro chulapo Pedro, dijo: “todos mienten”. Y de ahí viene el “mendacium necessarium”, como dolo bueno, que el joven y oportunista Platón admitía y el viejo abominaba. Sánchez vive en una teología Paulina, lo mismo que su hermano siamés, soberbio y despreciativo con los demás mortales. Los dos están como la rana de Oscar Wilde. No se pueden comparar las abruptas y tartamudas lenguas de Yoli/Sánchez/Feijoo con aquellas ilustres de Suárez/Fraga/Carrillo/González. Tampoco los “mendacia”. Quizás sólo sea Vox, y no sabemos por cuánto tiempo, el grupo de singularidades que presente propuestas que vayan un poco más lejos de los juegos florales. La España de Sánchez es Taprobana. Todos los hombres mienten, pero los navegantes mienten más. A luengas tierras, luengas mentiras. La de Feijoo Amaurota, con libertad absoluta de sus barones para hacer lo que quieran en sus feudos, como las antiguas órdenes militares, y la de la Yoli, con su doctrina redentorista expresada con encendida cursilería, Besalem. Yoli cada día más me parece una comunista teresiana con gusto en su indumentaria. ¡Qué gran abadesa ha perdido la Iglesia! Hoy falta el modelo Erewhon, quizás sea la Ucrania de Zelenski. Habría que impedir que nuestra “democracia” llegue a ser por completo eso que constató Schumpeter: “un mercado electoral donde gana el partido que vende mejor su imagen o su programa”. La democracia como pura acróasis. Para empezar nuestra “democracia” debería resolver de algún modo el problema de verse monopolizada por los políticos y los partidos, de suerte que se pueda un día hacer realidad en Artículo 23.1 de nuestra Constitución: “Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos directamente…” En fin, “Crastina die delebitur iniquitas oligarchiae huius; et regnabunt super nos Demokratia et Libertas”. La villanía, el crimen y la traición del adversario no disculpan que uno se convierta en villano y criminal.