El debate de esta noche entre Pedro Sánchez y Núñez Feijóo no será decisivo para cambiar el voto de la mayoría de españoles. Sin duda, algo influirá. Pero la mayoría de electores ya ha decidido que quiere otro Gobierno. Como ha quedado demostrado el 28-M, rechaza la gestión en el fondo y en la forma de los protagonistas de esta legislatura, en especial del presidente, cuyo única preocupación se ha basado en amarrar el poder, aun a costa de ceder a las exigencias destructivas y delirantes de sus socios comunistas, sus aliados secesionistas y proetarras.
De ahí, que el candidato socialista dedicará todos sus esfuerzos a justificar esos acuerdos, ese intercambio de apoyos parlamentarios que ha desembocado en la trágica ley del “sólo sí es sí”, en el indulto a los que intentaron dar un golpe de Estado en Cataluña o en el acercamiento de los presos más sanguinarios de ETA a las cárceles del País Vasco para entrar por una puerta y salir por la otra. Son éstas sólo tres de las muchas concesiones que aprobó Pedro Sánchez, quizás a pesar de saber que eran gravísimos errores. Pero, así, él seguía en La Moncloa.
Pero Núñez Feijóo no lo tendrá fácil, a pesar del lastre que arrastra su adversario, pues se enfrenta a un manipulador que puede llegar a ser agresivo y avasallador. Como ha reconocido el líder del PP, el todavía presidente del Gobierno basará su defensa, no solo en justificar sus mentiras por ser meros “cambios de opinión”. También aparentará ser ajeno a estas siniestras decisiones en nombre de “la soberanía popular” y culpará al PP de sus consecuencias: la crispación y división de la sociedad española. Porque todo el empeño de Sánchez se centrará en acusar al PP de reaccionario por sus pactos con Vox. Como si los acuerdos de la legislatura con comunistas, proetarras y secesionistas fueran fruto de la democracia parlamentaria, de la soberanía popular. Y planteará el debate entre su “Gobierno progresista” frente al “involucionista”. Ése será el momento en el que saltarán chispas. Ahí disparará Sánchez su último cartucho. Si es que no está ya mojado.
De todos modos, sea como fuere el “cara a cara”, la sociedad española no puede ser neutral. El error más grave sería equiparar al PSOE de Pedro Sánchez con el PP de Núñez Feijóo. La vuelta al bipartidismo aún tardará y, sin duda, ayudará a dejar en la irrelevancia a los extremistas. Pero, mientras el líder del PSOE siga al frente de su partido ni habrá pactos de Estado ni posibles acuerdos.El voto útil nunca puede decantarse hacia otro posible Gobierno Frankenstein. Porque es lo más inútil para los intereses de los españoles.