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TRIBUNA

Fantasías animadas de ayer y hoy

martes 15 de agosto de 2023, 20:12h

Nadie cree ya que los medios nos informen o den fe de la realidad. Su función efectiva es la de definir nuestra percepción en torno a unos fenómenos que, diseñados a años luz de nuestra vida, acaban configurándola íntegramente. Decía Churchill que el imperio venidero sería el imperio sobre la mente.

Pongamos una tras otra una serie de noticias más o menos recientes: uno de los ministerios que gobiernan el país de países “pone en marcha una aplicación para controlar el reparto de las tareas del hogar”. Se trata de suturar la brecha ente la dedicación masculina y femenina a las labores domésticas. Hace algún tiempo investigadores del país de países ya habían construido una herramienta para medir la “experiencia orgásmica en las relaciones sexuales”. Dos pequeños pasos en la dirección del viejo programa moderno de racionalización del mundo a través de la medición de todas las dimensiones de la vida. El precio es, evidentemente, la homogenización por laminación de toda diferente cualidad entre los seres humanos, la pérdida de la sutileza cognitiva de una realidad de dimensiones irreductibles a tratamiento tecno-económico.

Más recientemente: “un sherpa agoniza mientras varios montañeros pasan por encima de su cuerpo” sin prestarle la menor atención. Otros titulares hablan de cientos de transeúntes en ese K2 que, al parecer, ha perdido su estatuto de muralla inaccesible para convertirse en parque temático o ruta turística.

Los turistas de montaña no reconocen ya a sus semejantes y los tratan como esos NPCs (Non Playable Character) que forman parte del escenario electrónico del “mundo gamer”. Sujetos libres y autónomos, dispuestos a vivir la experiencia del ascenso o la escalada, que apenas son capaces de ver al prójimo en su camino hacia el logro triunfal de la cima.

Se multiplican las vidas gobernadas por una interminable capacidad de elección que permite a cualquiera acceder a cualquier cosa en el mercado pletórico del mundo de ensueño, hasta poder elegir, incluso, la propia identidad según los arcanos de un deseo que se pretende originario, prístino o intacto, pero que está perfectamente construido por los medios de formación y propaganda.

Hace unos días se debatió en torno a una noticia cuya verdad había sido convenientemente enturbiada. Se dijo que un preso se había autodeterminado mujer y que, trasladado a un módulo femenino todavía binario, había dejado embarazada a una reclusa. Unos hablaron de autodeterminación y de violación, otros hablaron de relación consentida y señalaron que el caso era anterior a la entrada en vigor de esa ley que en el país de países permite cambiar de género desde los 16 años, sin necesidad de informes médicos o de estar incurso en un proceso de cambio de sexo… Unos y otros, siervos de su señorío institucional y refractarios a la verdad.

La verdad es que hoy cualquiera puede elegir en el mercado de los géneros como elige en el inacabable menú de mercancías de la gran área comercial a la que se reduce el mundo. Así las cosas, es natural que estemos gobernados por publicistas y expertos en imagen, por comerciales y vendedores, por especuladores y financieros del voto.

Un estudio de los llamados científicos mostró hace tiempo que la voz femenina presenta hoy un timbre más profundo y grave que el de nuestras madres y abuelas, al parecer la causa hay que buscarla en el entorno social y laboral. Imaginen a Barbie con voz de contratenor, mientras Kent presenta un tono más bien atiplado con una figura próxima a autodeterminarse. Hoy Barbie – esa muñeca adinerada y obsesionada por su figura, envuelta en un rosa kitsch – es el signo del feminismo institucional. En campaña electoral la capitana del gobierno pudo decir que iría al cine a ver Barbie, la película dedicada a la activista del feminismo de vanguardia.

A mí, el apellido Barbie siempre me recordó a aquel Klaus que entiendo que no ha de ser pariente lejano de la fantástica muñeca. Es cierto que un nuevo ejército de salvación cultural ha empezado a revisar a Shakespeare, para purgarlo de todo sesgo de género según los censores de la nueva moralidad, capaces de reescribir obras clásicas o culpables, es decir, escritas por hombre blancos muertos. No sé si el rosa será el color de esa nueva libertad que nos emancipó de la autoría y de la autoridad para permitirnos reescribir completamente el mundo, pero no me cabe duda de que el rosa es un rojo edulcorado.

Creo haber encontrado la clave en otro estudio de los llamados científicos en el que se muestra que los nacidos tras 1975 sufren una severa caída del cociente intelectual, de hasta siete puntos por generación. El fenómeno contradice el llamado efecto Flynn que señalaba un constante crecimiento de tres puntos por generación tras la segunda guerra mundial. Sería una explicación de la condición de nuestra vida pública y de la carencia extrema que se manifiesta en los cuadros de mando de la cosa de cosas.

Al parecer nos queda una esperanza porque el número de nacimientos en el país de países es netamente negativo desde 2017, sin embargo, la población del país no ha dejado de crecer. Ese aporte externo nos salvará de la estupidez, nada hay que temer.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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