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EN LA FRONTERA

Candela

sábado 19 de agosto de 2023, 18:37h

Candela es una joven que representa a esa juventud que tenemos olvidada, sobre todo por los medios de comunicación que prefieren el escándalo social y se olvidan o apagan informativamente los serios problemas que se viven al sur de esta Europa, que se ha convertido en un museo turístico donde el cinismo político es el rey.

Candela es una de los centenares de jóvenes que “no tienen miedo”, como les ha pedido el Papa en la reciente JMJ de Lisboa, y que durante sus vacaciones estivales viajan a países africanos para compartir y ayudar a los que también son hijos de Dios, pero que parece que han sido olvidados por este falso cielo del primer mundo.

Candela ha sufrido, ha llorado, pero también ha reído como esos centenares de jóvenes, la mayoría universitarios, que “han visto a Dios” en la mirada de esos niños enfermos y malnutridos, tal vez la última mirada, porque algunos de ellos han muerto en sus brazos, sin que nada se pudiera hacer con solo una oración como propio consuelo.

Candela estaba acostumbrada, como esos centenares de jóvenes a vivir, casi todos, bajo una cúpula de cristal bajo la cual están las universidades privadas y los barrios ricos de las grandes ciudades o el coche que papá les ha comprado para no tener que coger siquiera el transporte público. Ahora todo eso se les han roto porque han vivido la realidad de un mundo que existe, donde viven millones de personas que no tienen prácticamente nada que llevarse a la boca, donde un grano de arroz se pasea decenas de veces en esa boca antes de tragarse y donde el agua escasea y la luz solo aparece cuando amanece.

Candela, como esos centenares de jóvenes, se ha caído del caballo que se pasea por este primer mundo y ya está pensando en su próximo verano para viajar allí donde su poca experiencia se convierta como un milagro, en una entrega personal envidiable para los que, insisto, miramos para otro lado, cuando nos hablan de los desastres de un continente olvidado y explotado por los poderosos, que envían dinero a cambio de explotar minas y otros recursos naturales, dinero que solo sirve para enriquecer aún más a los podridos dirigentes de esas naciones.

Candela ha visto como esta semana el Papa ha recibido al Presidente de Madagascar una de esas naciones olvidadas, y FRANCISCO ha recordado todas estas tragedias al primer mandatario malgache, que dirige una nación situada en una isla maravillosa, pero muerta de hambre.

Candela gracias a ti y a esos centenares de jóvenes, porque aunque haya sido solo por unos momentos nos habéis recordado la importancia de esa juventud capaz de hacer las cosas más maravillosas, a pesar de que los medios, repito, os queremos presentar como personas sin valores y pensando solo en el “divertimento”, y en el constante olvido de los problemas.

Candela, gracias por esta lección, y lleva siempre en tu corazón en recuerdo de esa madre que te ofreció como agradecimiento un café, lo único que podía darte porque no tenía nada, tras acoger en tus brazos a su hijo moribundo de espina bífida.

Candela, si me permites, un beso para ti y todos estos jóvenes.

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