Épica, intensidad, calidad y tenis de élite en un partido para el recuerdo. El español levantó cuatro bolas de partido y el serbio, una. Casi cuatro horas de batalla (5-7, 7-6 y 7-6). 'Carlitos' acabó llorando.
Juan Carlos Ferrero, resoplando. La imagen del entrenador de Carlos Alcaraz sintetizó el tipo de final que se vivió en el Masters 1.000 de Cincinnati este domingo. Fue una de esas que llevan más al límite que nunca a sus protagonistas y que elevan el tenis a cotas tan altas que convierten a un partido en un clásico automático de este deporte. De todo eso disfrutó la fervorosa tribuna que asistió al abrumador duelo que coronó a Novak Djokovic campeón. En una barbaridad que duró tres horas y 49 minutos. El torneo nunca había acogido algo semejante en sus 124 años de historia.
"Este ha sido, sin duda, uno de los partidos más difíciles, intensos y emocionantes que he jugado en mi vida", confesó el astro serbio en la ceremonia de entrega de trofeos. Y a sus 36 años, con 1.069 victorias en la era Open a cuestas, ha jugado unos cuantos partidos. No le falta razón en su percepción, pues hubo de todo: golpes de calor, subidas y bajadas de energía, vaivenes mentales y, sobre todo, dos campeones que demostraron por qué son los dos mejores tenistas del planeta. La lástima, visto lo visto, es que el balcánico se vaya a retirar más pronto de lo que demanda esta rivalidad deliciosa que acaba de nacer.
Venían ambos de la final de Wimbledon ganada por el español. Antes, el jugador de Belgrado venció en las semifinales de Roland Garros. Ese es el estatus de los enfrentamientos entre 'Carlitos' y 'Nole'. Poco importa que haya entre ellos 16 años de distancia biológica, pues su magnetismo cuando chocan niega todos los hándicaps imaginables. Se sacan lo mejor de cada uno, para deleite del espectador. Por eso los precedentes en este torneo, en el que Djokovic no había perdido un set -y el español acumuló más esfuerzo-, se demostraron inocuos rápido.

Alcaraz roza la victoria
Le habían costado a Alcaraz los arranques de cada partido de esta semana en la pista rápida, así que para este domingo preparó su salida más sólida. Dio la bienvenida a su oponente con dos servicios ganadores en su primer turno de saque, en un aviso de su determinación. Tuteó al balcánico, aunque la astucia de Djokovic le valió para detectar la falta de consistencia que ha venido arrastrando el murciano. Le rompió el servicio y parecía que se allanaba su primer set. Nada más lejos, ya que el juvenil respondió de inmediato y remontó para apuntarse el parcial por 7-5, tras una hora de sudor.
'Nole' se marchó a vestuarios para pensar y reponerse de calor que estaba azotando la cancha. En cambio, no le funcionó la estrategia y comenzó a perder energía. Su lenguaje corporal susurró un estado cercano a la deshidratación y él mismo lo confirmó cuando le gritó a su palco para que le dieran bebida reconstituyente. "¡Creatina!", vociferó hacia sus entrenadores. Se sabía en serios problemas, rígido y temeroso de ser víctima de un mareo. Acumuló tres dobles faltas en su segundo turno de saque de la segunda manga.
Tras conceder el 'break', pidió asistencia médica. Le tomaron la tensión y volvió al encuentro. Y revivió, como tantas otras veces en los encuentros históricos que ha jugado y ganado. Regresó a la dinámica con la confianza creciente y las piernas le acompañaron, al fin. En el 2-4 rompió el servicio ajeno para ajustar el marcador de nuevo. En el entretanto, Alcaraz pareció contagiarse del ritmo cansino y no despertó hasta que se descubrió por debajo.

Djokovic revive de forma apoteosica
Levantó el vuelo y volvió el intercambio equilibrado, de poder a poder, para arribar al 'tie-break'. Y en el desempate alcanzó el español a sobresalir y colocarse con bola de partido, en el 6-5 y al resto. Emergió entonces el veneno del balcánico, que saca como nadie -sin ser un sacador especializado- cuando lo necesita. Anuló el peligro y forzó el tercer set (9-7). Una muy mala noticia para el número uno del mundo, que sintió como una derrota esa oportunidad perdida. Tocaba recomponerse y reaccionar... una vez más. Con dos horas y 18 minutos de derroche físico y mental acumulado.
Entonces intercambiaron golpes de manera alterna. Se competía ya con la gasolina justa, aunque se agolpaban los puntos sublimes en todas direcciones. Dejadas, restos punzantes, derechas y reveses a las esquinas, ángulos imposibles, globos, voleas certeras...Una variedad exquisita, en resumen. Pero el discurrir todavía regalaría más drama al respetable cuando Djokovic consiguió un 'break' y se colocó con 5-3. Devolvía todo lo que le llegaba, como en sus versiones atronadoras, y sufría una tortura 'Carlitos' -complicado con sus primeros saques durante toda la cita- en ese tramo. Mas le quedaba tenis.
Destapó su garra y su dureza mental para, bien asesorado por Ferrero, llegar a neutralizar cuatro bolas de partido en contra. Dibujó un milagro repartido entre el 3-5 y el 4-5. Este último, con el serbio al saque. Exhibió 'Carlitos' su categoría, esa a la que se ha rendido Novak al término del encuentro. Y en el proceso escapista descrito maravilló al público con un 'drive' resplandeciente. Juega mejor cuando está arrinconado, pero no le llegó la gasolina para imponerse en el último 'tie-break' -si bien llegó a remontar un 0-3 en el desempate, rizando el rizo de la agonía-. Djokovic llegó a la orilla tras compartir con el murciano unos juegos postreros legendarios. Con la tribuna puesta en pie durante media hora. Todos abandonaron el estadio felicitándose por haber estado allí esta noche.