En unos cuantos días, el torbellino informativo se aceleró dando muestras de episodios que provocan nuestro interés y la oportunidad de pronunciarnos, dada su trascendencia.
La sentida muerte de la afamada periodista y comunicadora española María Teresa Campos recuerda a la persona siempre en su sitio, siempre ecuánime, de sonrisa afable, polémica como Dios manda, porque… ¿quién no? y a quien, como televidente, recuerdo con ese saber estar y ese don de gentes. Su estilo directo y su capacidad de abrir brecha son innegables y de gran valía. Rematan una figura que, no cabe la menor duda, es trascendental en la historia de los medios masivos españoles y gracias al canal internacional de TVE, trascendió fuera de España. La recuerdo en un vídeo de años recientes promoviendo Málaga, su tierra, junto a tantos destacados malagueños. Loable haberse sumado con su hija Terelú. La bien recordada Málaga lo merece y es acertado que coloque su nombre en un espacio público, cual proponen. Descanse en paz.
La agenda política mexicana anticipa que es altamente probable que en 2024 México vea una mujer presidente. Me entusiasma la idea porque en el bicentenario de la República, como sociedad, como realidad conflictiva en la seguridad de las mujeres, como oportunidad largamente postergada y como sociedad que apuesta a cambios importantes, una mujer al frente del Estado es plausible y muy conveniente. Cierto, el solo hecho de serlo no es garantía, como no lo es un varón. Ningún país se prepara ni hace propedéutico para encumbrar una mujer. Así que ese no es argumento. Dos harán su campaña y veremos. Es la oportunidad de las mujeres, aunque no nos olvidemos de que en juego está un país y un modelo de desarrollo. Regresar a uno que fracasó notablemente como lastre y fue derrotado en 2018 –que sus corifeos hasta evaden llamarlo neoliberalismo– y otro, que ha demostrado que no podía postergarse más atender a los más desfavorecidos, simplemente porque preservó cierta paz social, que no es poco en un país que sabe de revoluciones y guerras intestinas. Que nadie lo olvide ni lo minimice antes de lanzar palabras como populismo sin sustento o de manera facilona o por fobias y complejos acendrados. Ha sido mucho más que un simple mal llamado populismo.
Por el partido Morena se lanza Claudia Sheinbaum, quien como extitular de la Ciudad de México ha acompañado al presidente López Obrador en su ascenso político. Su dedo chiquito. Promete y representa continuidad. En la acera de enfrente, Xóchitl Gálvez, de difusa ideología, veleta, impuesta por el empresario Claudio X. González –que necesita un ariete contra López Obrador– y que, de momento, solo ha ofrecido (ella) odio a López Obrador, huipil simulando indigenismo y prohibición de bebidas alcohólicas preparadas para lograr gobernabilidad, dice. Pues ahí tiene la oferta. Para mí muy pobre y terriblemente improvisada la opositora. No se avizora de por mientras, algo de más calado.
No me aparto de las mujeres. El inadmisible beso de Rubiales a Jenni Hermoso es inadecuado, incorrecto, abusivo y no debió suceder. Amén de eclipsar tal debate el formidable triunfo de “La Roja” femenil, no deja de lado preguntarnos ¿y cuántos ajustes de cuentas hay alrededor de, entre titubeos, aplausos secos, complicidades, silencios y comunicados tardíos? No porque la dignidad de la jugadora sea menor y eso ya está muy puntualizado. No, simplemente, el rebote a carraspeo de directivos, la FIFA, esa Real Federación que en lo “real” supongo que podría atender opiniones de alta gama desconocidas o la caída de Jorge Vilda, que implica más que solo aplaudir aquel discurso del “no voy a dimitir”, inexplicable sino como un paso en falso sin leer adecuadamente el clima prevaleciente. Y si Rubiales es el sistema, como apuntó acertada María Escario, ergo ¿se atiende el tema? O se quedará en deposiciones y a otra cosa…y ¿que siga la fiesta?
Por esos laberintos de la política, ¿en qué momento? ¿por qué artes Puigdemont es un punto clave en la investidura del próximo jefe de gobierno español? es alucinante. Solo me detengo en que parece que aquel que se alce con tal será tildado de traidor si se apoya en Puigdemont. Menudo cáliz. Me remite a la encrucijada sobre aquel que vendiera Cuba o firmara la paz con los yanquis en 1898. España no se merece semejante emboscada. Y algo más: ¿autodeterminación? o sea ¿independencia, fracturar el Estado español? Lo apunto así, porque noto cierto pudor en los medios españoles para decirlo. Será que en América la palabra nos es inequívoca: independencia y fue frente a España y significó ruptura. Por eso, me suena extraña y tramposa la palabra “autodeterminación”. Evasiva, encubridora de otra cosa. Solo por eso. Y lo he apuntado en otras entregas: es notable que Carlos III va mucho a Escocia donde hay separatismo. Felipe VI podría emularlo en Cataluña. Finalmente, dice el adagio: santo que no es visto, no es adorado. Pues eso. El Conde de Barcelona evocaba que su padre, Alfonso XIII, le dijo que había que visitar todos los pueblos de España para conservar el trono reteniendo los afectos. Que eso de perderlos sabía algo aquel fallido monarca. Cabe hoy perfectamente en esa idea de apersonarse, dejarse ver, que no hay que pedir permiso para hacerlo, según entiendo.
Termino: el Tren Maya está en su fase de pruebas. Por eso iba lento: pruebas. Su traza es un circuito que transita por la península de Yucatán y que potenciará el turismo, tanto el que llega por vía aérea, como el de cruceros, facilitando al visitante internarse a conocer desde maravillas del mundo moderno como Chichen Itzá, o ciudades coloniales excelsas de gran raigambre como Mérida, Valladolid o Campeche, aproximándolas; o que sume Patrimonio Cultural de la Humanidad como Calakmul. A ambientalistas y pseudoambientalistas les preocupa la destrucción de la selva, pese a callarse concesiones hoteleras o mineras que sí que la destruyen, pues la Riviera Maya tiene sus más y sus menos, obviando que la selva es tan portentosa que se regenera de manera sublime, y a los opositores políticos al presidente López Obrador les parece una idónea piedra arrojadiza que se estrella en sus propios tejados, porque una cosa es vociferar tonterías desde la Ciudad de México y otra bien distinta lo que piensan de manera favorable, amplios sectores de la península de Yucatán. Eso que tampoco nadie lo olvide.
Y eso importa, porque tanto se fastidia conque las decisiones no se tomen solo desde el centro, que igual debiera puntualizarse que tampoco se miren las cosas solo con los ojos del centro y eso va también para los opositores al actual gobierno mexicano. Resta apuntar que sigue adelante el proyecto del Tren Interoceánico, que tantos gobiernos postergaron. Uno que transite por el istmo de Tehuantepec y que torne atractivo el comercio interoceánico por encima o compitiendo con los canales de Nicaragua o de Panamá. Es otra apuesta y va en serio. Póngase también en el radar y apúntese: a los opositores no se les ha oído un plan B frente a todo esto, ya que no les agrada el plan A y lo atacan. Algún priista balbuceó hacer otro Cancún. Así de limitado y carente de ideas. Priista, a fin de cuentas.
Si lo que se desea es progreso para el istmo centroamericano, ergo, las decisiones que lo atraigan merecen revisarse con más ahínco y cuidado y no solo someterlas al descrédito y al cuestionamiento mendaz por no haber cierta afinidad política. Ahora que se cumplen 40 años del Grupo Contadora, loable esfuerzo diplomático por allegar la paz a la región centroamericana, que fuera la paz soportada por el progreso mismo para los más, no es menor ni poca cosa lo aludido. Iniciativas como las dos referidas traen desarrollo y merecen mejor recepción y trato, alejándolas de mezquindades políticas. Tanto esfuerzo lo merece así. Es cuánto.