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Navarra: un divorcio político arriesgado

miércoles 29 de octubre de 2008, 23:56h
La ruptura formal del pacto que mantenían PP y UPN no deja bien parada a ninguna de las dos formaciones. Hay que decir que UPN era la marca electoral del PP en Navarra; a diferencia, por citar un ejemplo, de CIU, amalgama de dos partidos –Convergencia Democrática por un lado, y Unió por otro-, los populares concurrían a las elecciones en Navarra bajo las siglas de UPN. Esto significa que, tras la ruptura, el PP deberá formar partido propio en la comunidad foral. O lo que es lo mismo, la derecha en Navarra se escinde en dos partidos diferentes, y a la sazón mal avenidos.


Huelga decir que el PSOE se frota las manos. Utilizando el símil matrimonial, cuando una unión se rompe por culpa de un tercero es porque una de las dos partes ha sido infiel. En las últimas elecciones autonómicas, UPN se quedó a las puertas de la mayoría absoluta, lo que le llevó a pactar con el PSN. De este modo, los socialistas navarros entregaban el gobierno a Miguel Sanz pero conservaban la llave del mismo, plantando una carga de profundidad bajo las líneas del PP. Con todo, la maniobra de Zapatero tampoco se cerró con un saldo gratuito. El apoyo a UPN acarreó en el partido socialista un tremendo debate interno, que se saldó con la dimisión de Fernando Puras. El socialismo navarro siempre ha sido acusado de “entreguismo” a sus insaciables vecinos vascongados. Es un hecho que el PSN se entiende mejor con los nacionalistas vasco-navarros de Nafarroa Bai que con cualquier otra formación política. En todo caso, la labor de zapa que desde Ferraz emprendió el equipo de José Blanco ha dado sus frutos.


¿Ha estado Rajoy a la altura? Qué duda cabe que no ha debido ser plato de gusto para el líder popular escenificar una ruptura de esta guisa. Cierto es que hay líneas que no se deben traspasar y la decisión de UPN de romper la disciplina parlamentaria del PP, facilitando la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado era, desde el punto de vista popular, difícil de digerir. Sin embargo, en ocasiones, ha de tenerse “cintura política” para bandear situaciones incómodas. Situaciones, por añadidura, que donde mejor se resuelven es en la intimidad. Y no parece que Rajoy haya sabido gestionar bien este desencuentro. El cual, dicho sea de paso, se ha saldado con el peor de los resultados posibles para PP y UPN. Hacía falta autoridad, sí; pero también -y más importante si cabe- reconducir la situación. No ha sido posible. Y lo peor para Rajoy es que más de un mal pensado barruntará que si el líder popular no es capaz de arreglar las cosas en una comunidad autónoma en la que gobierna, qué credibilidad ofrecerá para llevar a buen puerto el conjunto de las otras -Navarra incluida- al que aún llaman España. En política todo es posible y nada más arriesgado que un pronóstico; sentada esta afirmación cautelosa, empero, lo más probable es que el puñetazo de Rajoy haya abierto en Navarra un panorama político en que se proyecte una división del centro-derecha. Una situación que nada tendría de malo, si no fuera porque, si hemos de juzgar por las pasadas mañas del señor Zapatero, ello abriría las puertas a una posible coalición socio-nacionalista extremadamente disfuncional para nuestro sistema político.
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