El artículo de hoy está dedicado al DOMUND que celebramos este domingo, y por eso mi homenaje con mi recuerdo de mi viaje a Madagascar donde tuve la feliz ocasión de convivir con varios misioneros en compañía de Gustavo Bombín, un sacerdote español, un obispo en esa bendita tierra que fue el protagonista de mi ensayo “La Tumba del Obispo” .Por eso, hoy, un capítulo del mismo, en el que hablábamos del “AMOR”.
“Gustavo está de pie. Ha dormido bien en el seminario se los paules. Ahora de pie, con el altar detrás de él, mira fijamente a los veinte paules, entre sacerdotes y seminaristas que están allí para oír su predicación. Cuando se ha levantado y antes de asearse, se ha arrodillado y junto a la modesta cama ha rezado a la Virgen y ha solicitado su ayuda. No quiere decir banalidades. Quiere hablar de amor. El Papa lo ha hecho con su Encíclica “Dios es Amor”. Por eso ha sacado el Kempis del bolsillo del pantalón-no lleva sotana- y lo ha abierto por la página 124:
-El amor quiere ser libre y ajeno de toda afición mundana…no hay cosa más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más alto, nada más alegre, nada más lleno ni mejor en el cielo ni en la tierra; porque el amor nació de Dios, y no puede aquietarse con todo lo criado, sino con el mismo Dios…El que ama, vuela, corre y se alegra, es libre y no embarazado…Todo lo da por todo y todo lo tiene en todo; porque descansa en un Sumo Bien ,sobre todas las cosas, del cual mana y procede todo bien…No mira a los dones, sino que se vuelve al dador sobre todos los bienes…el amor muchas veces no guarda modo; más se enardece sobre todo modo…el amor no siente la carga ni hace caso de los trabajos; desea más de lo que puede, no se queja que le manden lo imposible, porque cree que todo lo puede y le conviene…el amor es diligente, sincero, piadoso, alegre y deleitable, fuerte, sufrido, fiel, prudente, magnánimo, varonil y nunca se busca a sí mismo, porque cuando alguno se busca a sí mismo, luego cae del amor…
Gustavo ha parado un momento la lectura del Kempis. Ha mirado a los oyentes y ha visto que le miraban con los ojos muy abiertos, muy sorprendidos.
-No os sorprendáis. Lo que os he leído está escrito en un libro, el Kempis “La Imitación de Cristo”. Alguien o algunos pueden decir que está anticuado pero ¿qué mejor reflexión para estos Ejercicios que hablar del amor y tratar de imitar a Cristo? ¿Qué cosa podemos hacer mejor que amar a nuestro prójimo? Este prójimo que sufre y que muere a nuestro lado. Que tiene hambre y sed. Que no recibe amor. Por eso yo os invito, queridos hermanos paules que hagáis vuestra también aquella frase de nuestro querido Papa Juan Pablo Segundo: “No tengáis miedo”. No tengamos miedo pues a amar. A querer, como se lee en la “Oración del alma al Señor”:
“Dilátame en el amor, para que aprenda a gustar con la boca interior del corazón cuan suave es amar y derretirse y nadar en el amor. Sea yo cautivo del amor, saliendo de mí por el grande fervor y admiración. Cate yo cánticos de amor; sigate, amado mío, a lo alto y desfallezca mi alma en tu alabanza, alegrándome por el amor. Amete yo más que a mí, y no me ame a mí sino a Ti, y en Ti a todos los que de verdad te aman como manda la ley del amor, que emana de Ti como un resplandor de tu divinidad”.
El Obispo ha frenado la lectura. Los oyentes siguen con los ojos muy abiertos. No esperaban a un Obispo así. Muchos de ellos, sobre todo, los seminaristas, esperaban alguna otra reflexión . Pero esta del amor les ha gustado.
Ángel está a gusto. Cree haber acertado con la elección de Bombín para la prédica de los ejercicios y así se lo han confirmado sus compañeros.
-No esperábamos esto-le ha dicho Marcelino en un descanso.
-Vaya, vaya con el trinitario-ha comentado Felipe.
Pero a Ángel la manifestación que más le hubiera encantado tener hoy es la de Pedro Opeka. Pero el cura paul argentino-esloveno está muy ocupado en Antananarivo. Estos trabajos de Opeka no son, en ocasiones, muy bien vistos por la comunidad paulina, porque ven al “misionero de la basura” muy independiente y con amistades, grandes amistades, que le protegen. Ángel y sus compañeros paules no olvidan la amistad personal de Opeka con el hijo del fallecido presidente francés Mitterrand y con el Príncipe Alberto de Monaco. Tampoco olvidan sus continuas visitas a la Curia vaticana, y la propuesta que tuvo para el Nobel de la Paz. Por todas estas cosas, a Ángel le hubiera encantado que Pedro Opeka hubiera estado hoy en Fort Dauphin y que hubiera oído y comentado después las palabras del Obispo sobre el amor.
Lo que si ha comentado Ángel con Gustavo, durante la comida-que como siempre ha sido muy frugal-.es el Foro Intercontinental 2006 “Otro mundo es posible depende de ti”, que organizado por la institución española Manos Unidas se ha celebrado en Madrid y que él ha podido leer por internet.
-Desde luego estas de Manos Unidas no paran. Ahora han montado esto en Madrid.
-Si ya me lo dijo la Presidenta de Manos Unidas cuando estuve en Madrid-responde Gustavo.
-Me han impresionado las palabras de Andrea Riccardi, ya sabes el fundador y Presidente de la Comunidad de San Egidio. Ha hecho la crítica a las sociedades occidentales enfermas de victimismo y poco capaces de pensar en el sacrifico por los demás.
-¿No estaría hablando de los misioneros?
-No seas socarrón, Obispo. Riccardi ha dicho que “quien salva a una vida frágil, cambia el mundo”.
Ángel y el Obispo se han levantado de la mesa. Ha sido la invitación para que todos los demás hicieran lo mismo. Después se han ido al jardín y han comenzado a pasear en silencio. Un silencio que algunas veces se convertía en un pequeño murmullo pues cada uno de los misioneros, Obispo incluido, rezaba el Santo Rosario en voz baja.
Cinco misterios, los dolorosos, que caían, uno tras otro, en las mentes de esos hombres acostumbrados a sufrir y a que los demás no sufrieran. Por eso, a Ángel le venían otra vez a su cabeza la palabras de Riccardi: África es el continente donde se concentran las grandes pobrezas de nuestro tiempo…las crisis africanas acabarán descargándose sobre Europa…hay que mantener viva la memoria del que sufre y hay que comprometerse en el empeño de mostrar a nuestros conciudadanos caminos transitables para ser solidarios”.
El sonido de la campana invita a todos a volver a entrar a la capilla. Allí, de nuevo, ante la imagen de Cristo Crucificado, el Obispo Gustavo Bombín con una voz más firme aún que en la de la mañana se dirige a sus oyentes:
-Jesús conquista primero el corazón y luego la mente de los hombres. Saca de sus goznes a la antigua mentalidad pagana, revoluciona la esencia del ser humano y de su ser en el mundo. Los creyentes tenemos la esperanza de que venimos de Dios y a Dios volveremos. Pero incluso, para el que no cree, el itinerario histórico está lleno de sentido, porque sabe que lo que cumple y produce en el tiempo es útil para el porvenir.
Gustavo toma aire. No es lo mismo predicar ante sacerdotes y seminaristas que ante el pueblo de Tsiroanomandidy:
-Un hombre, Jesús, que proclamó que todos los hombres somos hermanos y por lo tanto iguales. Cristo eliminó las barreras que empañan la dignidad humana, puestas desde los orígenes de la historia entre nobles y plebeyos, fuertes y débiles, sanos y enfermos, guapos y feos, lisiados o marginados. Con su revelación, Jesús da a cada uno la certeza de que el Padre ama a todos los hijos del mismo modo. Cristo ha muerto por nosotros. Cristo ha muerto y nosotros lloramos su muerte. La pregunta que os haría sería ¿sólo hoy durante estos Ejercicios o siempre? No. Yo respondo que siempre. El Sacrificio de Jesús no ha sido en balde. Nosotros vivimos en amor porque Él quiso y resucitó entre los muertos para salvarnos. Pero, y vuelvo a preguntaros ¿nosotros queremos esa salvación? Muchos se empeñan en que no. Que esa historia hoy no es necesaria y yo os digo, sí…sí…
Todos los que han oído a Gustavo ven como por las mejillas del Obispo caen unas lágrimas”.
Lágrimas de AMOR.