En una famosa carta que Marx escribió a P. V. Annenkov desde Bruselas, fechada el 28 de diciembre de 1846, Marx llama “socialismo borreguil”, a aquel socialismo que pontifica a partir de los medios nebulosos de las grandes abstracciones, elevándose muy alto por encima del tiempo y del espacio, desde la inmovilidad de la historia sagrada de unas ideas, y no desde la historia profana, la historia de los hombres, siempre transitoria y reflejo de relaciones sociales y económicas.
Esta turba izquierdosa que salió a las calles para apoyar al genocida Hamás, debido a una horrenda inversión mística, sólo ve la realidad como encarnación de unas abstracciones muertas. En realidad, esas abstracciones rimbombantes son ellas mismas fórmulas que han estado dormitando en el seno de Dios Padre desde el nacimiento del mundo. Esta izquierda sufre graves convulsiones intelectuales que la separan del marxismo no por propia evolución, sino por falta total del sentido común y la decencia. Devotos del tofet en que se decapitan a bebés en loor de Baal-Hammón o de Tanit, respiran los humos de carne humana infantil judía con fruición delirante.
Hamás quiere extender el área del sacrificio no sólo a Israel, sino al mundo entero. Otra vez la humanidad verá al sacerdote, el “shofetim”, un hombre vestido con la túnica y tocado con el gorro de “kohanim”, la mano derecha levantada en un gesto de oración, y sosteniendo en su brazo izquierdo plegado un niño en pañales – quizás ya no sólo judío, sino también cristiano o de padres ateos -, cuya suerte, en esta situación, no ofrece lugar a dudas.
Los supervivientes, si los hay, catarán después en el fondo del tofet que levante Hamás el vértigo de las profundidades infrahumanas. Los cartagineses solían meter también aves en las urnas en donde depositaban los pequeños cuerpos de los bebés sacrificados. ¿Quizás para que aquellos pájaros subieran el alma de los niños al cielo? Los cartaginenses pintaban gallos en las tumbas porque ellos llevaban las almas al mundo feliz de los muertos. Reconocemos la libertad del pueblo palestino y su derecho a tener un lugar en el mundo y en la historia, pero despreciamos su repulsivo gobierno terrorista, y no entendemos la magia incantatoria que tiene esa canalla asesina para embelesar a la izquierda cursi de España.
La civilización comienza cuando Abraham – todo el mundo recuerda el capítulo 22 del Génesis – sustituye el sacrificio humano de su hijo por un cordero que acaba de coger por los cuernos en un zarzal. Entre otros significados, este texto célebre traza de forma simbólica la evolución humana desde una práctica bárbara, la del sacrificio humano, a una versión blanda, civilizada de este ritual, el sacrificio de una víctima de sustitución. Para decirlo en la lengua de las inscripciones votivas, es el paso del sacrificio molk al sacrificio molkomor. Creíamos que esta evolución sería históricamente irreversible.
Pero lamentablemente no es así, y siguen apareciendo devotos de Moloch y Satanás. No hay que olvidar que la izquierda podría ver también en los infanticidios rituales de niños isreaelitas una forma muy peculiar de malthusianismo – teoría que repudió siempre Marx -, para conciliar tal vez los imperativos demográficos y las sagradas exigencias de la huella ecológica, último grito de la ética postmarxista. Sacrum magnum nocturnum molchomor. “(…)coloca la pequeña víctima sobre las manos extendidas de la estatua divina, la gran estatua de bronce de Baal Hammón, desde donde cae hacia la hoguera.
El gentío, enloquecido por el ruido y el olor de la carne quemada, se mueve al compás de un ritmo demente que se acelera con el repique de los tambores. La ofrenda de cada nueva víctima aumentará este frenesí colectivo, que enerva de placer y frenesí a algunas elementas del gobierno de Sánchez, herederas de un culto antiguo y salvaje”. En un pueblo, como el palestino, esclavizado por un gobierno terrorista, al que ella jamás invistió de poder, no existe el ius civile o las nómoi politikoí, sólo el capricho bárbaro de los asesinos.
Todavía hay gente que ve a los palestinos como los periecos de los judíos, pero no es verdad. Los palestinos son la carne de cañón de los iraníes y otras potencias de la zona. Malos hermanos son los hermanos de los palestinos, que se sirven de este pueblo de origen indoeuropeo como instrumento de guerra contra Occidente – en su día los filisteos fueron parte de “los pueblos del mar”, que acabaron con el mundo micénico -, sin importarles la suerte de niños, mujeres y ancianos, que podrían ser razonablemente felices si el pueblo palestino no lo hubieran convertido en mera arma de la causa antijudía.
Los israelitas de hoy provienen de nuestros judíos sefardíes y chuetas, de los judíos asquenazíes, de los judíos gruzim, de los judíos romaniotes, de los judíos italkim, etc,, es decir, de aquellos judíos que colaboraron en la forja de la mundivisión europea, que arranca del lógos jónico-ático, cuyo principal baluarte hoy quizás sea el mismo Israel. Desde luego hoy hay más occidente en Israel que en esta pobre España extraviada, estragada y pilotada por un traidor a la patria.
En países cercanos al nuestro – sólo en geografía, claro – se han prohibido los símbolos antijudíos ya sólo por razones de sensibilidad histórica y decoro moral ante el ataque de Hamás, pero aquí no, aquí el propio gobierno está en las manifestaciones pro-Hamás entonando alegres himnos tirteicos, en los que Ares es el protagonista. Ione Belarra ya no es la nereida salida del mar, con ojos centelleantes, pero sí una noticia estupefactiva. Tampoco es raro. Nuestro gobierno también es amigo de los bárbaros y puede volver a serlo gracias a sus pactos con los herederos de una banda terrorista, tipo Hamás. ¿Cómo no advertir la perfecta coherencia que hay entre las amistades de Belarra, con su voz armoniosa de lira, y algunas amistades vascas del Presidente?
En España se echa en falta un sistema educativo inglés, tipo Lord Andrew Adonis para los miembros del gobierno y la oposición. Está uno empezando a pensar que las brutalidades del gobierno y las que acontecen en el Parlamento lo son sólo por burrez. Hay una frase del novelista griego Charitón de Afrodisia que se acomoda perfectamente a las acciones de este gobierno de nuestros pecados, “pensaba en eunuco, en esclavo y en bárbaro”. No se puede llegar más alto.