Yolanda Díaz ha protagonizado una supuesta y encarnizada negociación con Pedro Sánchez para apoyar su investidura. Ha llegado a amenazar con exigencias como reducir la jornada laboral y desclasificar los documentos del 23-F. Pero nadie se ha sorprendido de la farsa. Estaba cantado que la líder de Sumar votaría a favor del candidato socialista sí o sí. Aunque no obtenga ni una sola de las reivindicaciones que airea para salir en los titulares. Pues quiere disimular su ansia de alzarse como la vicepresidenta primera del posible nuevo Gobierno de coalición, como la gran diva del nuevo comunismo. Que no nos cuenten cuentos. Tiene más interés, si cabe, que el propio líder socialista en alzarse con la victoria parlamentaria. Y acaba de anunciar a bombo y platillo el acuerdo alcanzado. De risa.
No es el caso de Pablo Iglesias. El fundador de Podemos urdió la moción de censura que echó a Rajoy de La Moncloa. Primero tuvo que convencer a Sánchez, que se mostró escéptico, de las posibilidades de éxito. Y, luego, se ocupó de negociar personalmente con ERC y Bildu para obtener la mayoría parlamentaria. El presidente en funciones le debe todo su poder al líder del partido morado. Más aún Yolanda Díaz, que no era nadie en la política hasta que Pablo Iglesias la designó como su sucesora. Pero, ahora, uno y otra se han aliado para aniquilar Podemos, para dejar fuera del futuro Consejo de Ministros a los dirigentes del partido morado.
Pero Pablo Iglesias no está dispuesto a permitir la doble traición. Y planea una venganza que pasa, primero, por exigir a Pedro Sánchez que mantenga a Irene Montero como ministra de Igualdad. Y, luego, ya veremos. Porque el auténtico líder de Podemos sabe que su partido desaparecerá si no tiene protagonismo en el posible nuevo Gobierno. Y porque está harto del ninguneo del presidente en funciones y de su arrobada vicepresidenta.
No hay que descartar que los 5 diputados del partido morado frustren la investidura del candidato socialista. Y no se trata de una broma como lo han sido las negociaciones del PSOE y Sumar. En estos momentos, a Pedro Sánchez le puede costar más lograr el apoyo de los 5 diputados de Podemos que los 7 de Puigdemont. Porque la ley de amnistía ya está prácticamente amarrada. Pero Yolanda Díaz se haría el harakiri si Irene Montero se mantiene al frente del Ministerio de Igualdad.
Tendría gracia que el hombre que ha llevado de la mano a Pedro Sánchez a La Moncloa le saque ahora a patadas. Pero el líder socialista se lo ha buscado. Porque no se puede ser tan traidor y desagradecido. Pablo Iglesias demostró ser capaz de abandonar la vicepresidencia del Gobierno por sus diferencias con el entonces presidente del Gobierno. Por eso, el líder socialista está encantado con Yolanda Díaz, que besa por donde pisa. Negociar el apoyo de Sumar ha sido un mero paripé. Si Sánchez quiere seguir en La Moncloa, tiene que pactar con Pablo Iglesias y ceder, más si cabe, que con Carles Puigdemont.