La inteligencia política aconseja eludir el debate sobre “amnistía, sí, amnistía, no”. Está claro...
La inteligencia política aconseja eludir el debate sobre “amnistía, sí, amnistía, no”. Está claro que la Constitución española no contempla la posibilidad de otorgar una amnistía que borre el delito de aquellos que lo han cometido. España es un Estado de Derecho. Pero sería una torpeza entrar en la discusión de si es constitucional o no.
La clave está en que la Ley de Amnistía la propone Pedro Sánchez a cambio de los 7 escaños con que cuenta en el Congreso de los Diputados el partido de centro derecha Junts y que le resultan imprescindibles para alzarse con la investidura. Carlos Puigdemont quiere regresar a Cataluña en triunfo sin pasar por el calabozo, el juicio correspondiente, de nuevo la cárcel y finalmente el indulto. Está dispuesto a apoyar a Pedro Sánchez a cambio de esa amnistía que garantiza su tranquilidad. Como ERC ha conseguido 14.000 millones de euros de condonación de la deuda, las otras exigencias de Carlos Puigdemont -la autodeterminación y el referéndum- quedan planteadas, pero sin concretar su resolución. Lo único que le importa de verdad al golpista Puigdemont, prófugo de la Justicia española, es borrar su gravísimo delito y regresar a Cataluña en triunfo.
Por eso no hay que debatir sobre el fondo jurídico de la Ley de Amnistía. Lo que Pedro Sánchez se propone es comprar los 7 votos de Junts que necesita concediendo a Carlos Puigdemont la amnistía fuera de la Constitución. Cada vez más débil. A Pedro Sánchez, el prófugo, aparte de lo ya firmado, le exigirá cada día nuevas concesiones y si no las cumple, el golpista empezará a tomar decisiones unilaterales. “El chantaje empieza -escribió Antonio Maura- pero si no se niega inmediatamente y de forma indefectible no termina nunca”.