Excelente trabajo de información el de Mercedes Serraller en Vozpópuli. Subraya que...
Excelente trabajo de información el de Mercedes Serraller en Vozpópuli. Subraya que, a pesar de lo que se divulgó, Pedro Sánchez ha mantenido sus 22 ministerios cuando la época que vivimos exige austeridad y reducción del gasto público.
La obesidad administrativa de Pedro Sánchez alcanza ya cotas insoportables si se quiere mantener equilibrada la economía española. El mal ejemplo desde arriba es inevitable que se prolongue hacia abajo. Los compromisos políticos y el despilfarro han presidido la decisión sanchista de mantener el elevado número de ministerios y además dotarlos de cuatro vicepresidentas sumadas a la larga caravana de altos cargos, paniaguados y enchufados. Según informa Mercedes Serraller, crece el número de Secretarios de Estado y de Subsecretarios, instalados todos en una estructura administrativa de colosales dimensiones.
Pedro Sánchez no ha reparado en el gasto. Automóviles oficiales de alta gama, chóferes y escoltas, suculentas partidas de representación, viviendas suntuosas en algunos casos, adornan el espectáculo gubernamental. Con todo, lo más llamativo no es eso. Mercedes Serraller informa que más de mil asesores auxiliarán a ministros y secretarios de Estado a tomar decisiones. Se trata de una fórmula clásica, exagerada ahora hasta el límite, para atender a parientes, amiguetes y paniaguados, a los que no se ha encontrado lugar adecuado tampoco en los millares de empresas públicas, casi todas deficitarias, que acogen el descanso del guerrero.
Un escándalo. Un auténtico escándalo que ya no escandaliza a nadie. Mas de mil asesores cuya función consiste en cobrar y no hacer nada. En cobrar, claro es, de los impuestos, casi confiscatorios, que se cargan al trabajo de las españolas y los españoles.
Según la autora del informe, varios de los microministerios integrados en el Gobierno carecen de competencias reales al nivel que exige su condición administrativa. Se trata como mucho de Direcciones Generales e incrementan el desbarajuste ministerial y su inevitable choque con las administraciones autonómicas.